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dimarts, 30 d’octubre del 2012
divendres, 8 de juny del 2012
"Que no nos engañen", crítica de artículo crítico.
Me llegó por mail este artículo de Lucía Etxebarria, publicado en La Vanguardia. Tiene toda la razón en que es mejor recortar en políticos, fiestas, bancos o fútbol que en Sanidad o Educación, pero el planteamiento inicial no es correcto.
Tiene delito que una chica de 18 años esté en un Hospital de Primer Nivel como Sant Pau para una otitis, se va a su CAP, le meten unos calmantes y para casa, eso no es recortar en Sanidad, es utilizar bien el sistema Sanitario.
Los oncólogs de la Seguridad Social también trabajan en la privada, pero sólo algunos seguros privados cubren oncología -los más caros, no los básicos.
Lucía Etxebarría tiene razón en todo, pero lo que me fastidia es que se pongan ejemplos médicos falsos o poco documentados. Podría haber contado que en Barcelona no se pueden poner más de X prótesis de rodillas al año, que han cerrado habitaciones de hospital, que hay menos médicos y enfermeras -hace uno años se decía que en España faltaban miles de médicos-....
PP, PSOE, que más da, nos van a dar por todos lados.
Ya ves en Bankia, metidos todos los partidos, ayuntamientos y sindicatos.
Es como una peli de la Mafia en que todos están sobornados, por unos o por otros.
Estem fotuts !!!!!!!!!!!!!!!
Que no nos engañen por LUCÍA ETXEBARRIA, publicado en La Vanguardia.
Sábado porla noche. Me pillé la mano con la puerta de la cocina (soy muy propensa a los accidentes domésticos: soy sagitario y no tengo “conciencia de pericuerpo”). Me presenté sola en el hospital de Sant Pau porque mi compañero se quedaba a cuidar de mi hija. Me pasaron a la sala de espera. Allí había una niña, venga a llorar. Le pregunté su edad. Tenía 18 años, estudiaba en Barcelona, tenía una otitis. Llevaba dos horas allí. Su familia estaba en Girona. Yo sé que las otitis duelen muchísimo, he pasado alguna. Pero creo que también lloraba porque estaba asustada y sola. Me presenté antela enfermera. Le dije que por favor le dieran un calmante a esa chica. Me dijo que como enfermera ella no podía administrar nada sin autorización del médico. “¿Y dónde está el médico?”. “Ocupado, y aún puede tardar horas”. Y luego me miró: “Tú eres escritora, ¿no? Escríbelo. Cuenta cómo está la situación”. Y eso he decidido hacer.
Vamos a aclarar las cosas. No están haciendo recortes en sanidad porque la cosa esté así de mal, sino porque la sanidad es un gran negocio, y si se privatiza, al estilo de Estados Unidos, muchos se van a hacer multimillonarios.
Se podría recortar de muchas otras partidas.
Los toros se subvencionan: las fiestas taurinas nos cuestan 564 millones al año en subvenciones.
Los clubes de futbol también, de forma indirecta. Deben 750 millones a Hacienda y 11 millones ala Seguridad Social. De hecho, la UE ya ha propuesto investigar al fútbol español por presuntas ayudas del
Estado.
Se podría eliminar los sueldos y pensiones vitalicias y prohibir por ley que los expresidentes cobren de la empresa privada a la vez que disfrutan de su pensión vitalicia: González y Aznar siguen sin renunciar al sueldo de 80.000 € mientras reciben altas retribuciones de Gas Natural y Endesa, por ejemplo.
Se podría prohibir que un político cobre del Estado y de la empresa privada: Acebes cobra del Congreso y de Iberdrola, por ejemplo.
Se podría recortar sueldos de cargos políticos. Si un ciudadano tiene que cotizar 35 años para percibir una jubilación, no veo por qué los diputados lo hacen a los siete, ni por qué no tributan un tercio de su sueldo del IRPF, como hacemos los demás.
Se podría endurecer las penas contra el fraude fiscal. El 72% de este fraude proviene de las grandes empresas que facturan más de 150 millones de euros al año, y dela banca. Ahorraríamos 90.000 millones de euros.
Se podría eliminar el concordato con el Vaticano. El ahorro final estaría entre los 6.000 y los10.000 millones de euros. Jesús predicaba la pobreza, y la Iglesia se debe mantener mediante las aportaciones de los fieles, como ya dijo el propio san Pablo.
Esa niña que lloraba en urgencias podría ser su hija. Peor aún, usted podría padecer leucemia. Y si la padeciera, un seguro privado no le ayudaría, porque los mejores especialistas están en la Seguridad Social. Lo sé porque se trata de una enfermedad que he vivido de cerca.
Usted que me lee: tome conciencia, por favor.
El fútbol es un negocio. Los toros, una tortura. Los gastos del Congreso, un lujo innecesario. Las pensiones vitalicias, una enorme falta de ética. La fe es una opción.
Pero la salud es un derecho.
divendres, 1 de juny del 2012
No cumplimos nuestras promesas, pero cumpliremos nuestras amenazas
dimecres, 2 de maig del 2012
dijous, 2 d’abril del 2009
Pamela Hartigan en La Contra
Os dejo la entrevista que Lluís Amiguet le hace a Pamela Hartigan en La Contra de La Vanguardia. Ya sé que el amor no paga las hipotecas, pero el dinero no te da el amor, aunque sí el amor propio, el solitario.
"Si buscas una gran ocasión, encuentra un gran problema"
Nací en Guayaquil; mi madre era de allí, pero mi padre era norteamericano y fuimos con él de país en país hasta que a los 18 años fui a Georgetown: estudié Relaciones Internacionales...
Buen sitio. ...
y ya me quedé en Washington, me casé allí - aún lo estoy-con un australiano hace 35 años e ingresé en el Fondo Monetario Internacional (FMI)...
Una vida bien enfocada.
Lo desenfocado era el FMI; no servía al desarrollo, por lo menos al desarrollo de los países que lo necesitaban.
Hoy tiene más críticos que defensores.
Me fui porque no quería malgastar mi vida acumulando méritos de funcionaria.
Tenía usted prisa.
Quería notar que servía. Es sentido común.
Tal vez tenga sentido, pero no común.
Más de lo que cree. Mis mejores alumnos de la Columbia Business School y Oxford lo tienen: no quieren malgastar sus vidas intentado acumular bonus en una consultoría o en cualquier banco de inversión...
Si es que queda alguno.
... haciendo un trabajo absurdo. Y yo a esos alumnos, los mejores, les digo la verdad: "Chicos, tenéis que ser egoístas como fui yo".
¿. ..?
Sí, egoístas, porque la mayor forma de egoísmo es mejorar este planeta y dejar tu huella en la memoria de los demás; al hacerlo, notarás que tu vida tiene sentido.
¿Qué hizo usted tras dejar el FMI?
Un máster en salud pública y después ingresé en la institución que - decían-velaba por la salud de la humanidad: la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Una gran oportunidad.
Llegué a ser directora de promoción de la salud; un gran cargo en un edificio inmenso con cientos de burócratas.
Y de sueldo..., ¿una pasta?
Ganaba 325.000 francos suizos (250.000 euros) al año, pero mi marido y yo nos preguntábamos: "¿De verdad necesitamos tanto?". No sabíamos qué hacer con el dinero. Haberme llamado.
Ahora gano mucho menos, pero el dinero no era ni es el problema: convertirlo en el centro de tu vida es el problema. En aquel momento, lo que me preocupaba es que tenía un cargo en el que no estaba sirviendo a los demás. Por lo tanto, no me hacía feliz.
¿No dejó su huella? ¿Salvó vidas?
La OMS salvaba vidas, sí, sobre todo las de los ministerios de Sanidad y sus burócratas, pero no servía a la salud de las personas.
¿Por eso se fue?
Recibí una llamada del fundador del foro de Davos, Klaus Schwab.
¡Qué suerte!
Le dije que aunque fuera el último empleo en el planeta no lo aceptaría, porque su dinero había sido amasado a costa de la salud de la gente gracias a la maquinaria de las multinacionales farmacéuticas... Bueno, debo reconocer que algo han mejorado.
Pero aceptó.
Me convenció de que con él podría marcar una diferencia, y creamos la Fundación Schwab. Durante ocho años montamos una gran red de emprendedores sociales.
¿Qué es un emprendedor social?
No es la responsabilidad social corporativa.
Estaba de moda cuando había liquidez.
Es un mero lavado de cara humanitario para maquillar beneficios conseguidos con medios mucho menos humanitarios.
Buena definición.
El emprendedor social es una mezcla de Richard Branson y madre Teresa, alguien que utiliza todos los mecanismos del mercado para mejorar la sociedad y utiliza el capital para ponerlo al servicio de la empresa y la empresa al servicio de todos, y no al revés.
Deme ejemplos.
Si usted se opera de cataratas en EE. UU. le costará 1.600 euros, y una lente intraocular, unos 140; Aravind cada día practica 1.000 operaciones en decenas de países en desarrollo por 120 euros y cobra 2 euros por esa misma lente de la misma calidad.
¿Cómo?
Aravind creó Aurolab, una empresa pionera en fabricar instrumentos de precisión a bajo coste con certificado ISO 9001. El fundador de ambas, el doctor Ventakataswamy - le apodamos cariñosamente doctor V-y su equipo han practicado tres millones de cirugías de cataratas y otras oculares.
Aquí se hubieran forrado.
Ni el doctor V ni su equipo trabajan por dinero: logran muchísima más satisfacción notando el agradecimiento de miles de personas a las que salvan de la ceguera.
Buena energía cada día.
Tampoco busca dinero Takao Furuno, que ha revolucionado el cultivo del arroz con un método milenario chino que las multinacionales habían hecho olvidar: el del pato.
¿El pato no se come con arroz?
En vez de utilizar pesticidas inorgánicos de dudoso impacto en nuestra salud, Furuno cría patos en los arrozales que se comen los insectos y mejoran la oxigenación de las espigas al remover las aguas nadando.
Simbiosis al servicio del buen arroz.
Con el arroz ya crecido sustituye los patos - que, si no, picotearían el arroz-por especies de peces que devoran los huevos de los parásitos del arrozal. El resultado es un arroz de excelente calidad y sin pesticidas. Las químicas pierden mercados, pero todos los demás ganamos.
"Si buscas una gran ocasión, encuentra un gran problema"
Nací en Guayaquil; mi madre era de allí, pero mi padre era norteamericano y fuimos con él de país en país hasta que a los 18 años fui a Georgetown: estudié Relaciones Internacionales...
Buen sitio. ...
y ya me quedé en Washington, me casé allí - aún lo estoy-con un australiano hace 35 años e ingresé en el Fondo Monetario Internacional (FMI)...
Una vida bien enfocada.
Lo desenfocado era el FMI; no servía al desarrollo, por lo menos al desarrollo de los países que lo necesitaban.
Hoy tiene más críticos que defensores.
Me fui porque no quería malgastar mi vida acumulando méritos de funcionaria.
Tenía usted prisa.
Quería notar que servía. Es sentido común.
Tal vez tenga sentido, pero no común.
Más de lo que cree. Mis mejores alumnos de la Columbia Business School y Oxford lo tienen: no quieren malgastar sus vidas intentado acumular bonus en una consultoría o en cualquier banco de inversión...
Si es que queda alguno.
... haciendo un trabajo absurdo. Y yo a esos alumnos, los mejores, les digo la verdad: "Chicos, tenéis que ser egoístas como fui yo".
¿. ..?
Sí, egoístas, porque la mayor forma de egoísmo es mejorar este planeta y dejar tu huella en la memoria de los demás; al hacerlo, notarás que tu vida tiene sentido.
¿Qué hizo usted tras dejar el FMI?
Un máster en salud pública y después ingresé en la institución que - decían-velaba por la salud de la humanidad: la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Una gran oportunidad.
Llegué a ser directora de promoción de la salud; un gran cargo en un edificio inmenso con cientos de burócratas.
Y de sueldo..., ¿una pasta?
Ganaba 325.000 francos suizos (250.000 euros) al año, pero mi marido y yo nos preguntábamos: "¿De verdad necesitamos tanto?". No sabíamos qué hacer con el dinero. Haberme llamado.
Ahora gano mucho menos, pero el dinero no era ni es el problema: convertirlo en el centro de tu vida es el problema. En aquel momento, lo que me preocupaba es que tenía un cargo en el que no estaba sirviendo a los demás. Por lo tanto, no me hacía feliz.
¿No dejó su huella? ¿Salvó vidas?
La OMS salvaba vidas, sí, sobre todo las de los ministerios de Sanidad y sus burócratas, pero no servía a la salud de las personas.
¿Por eso se fue?
Recibí una llamada del fundador del foro de Davos, Klaus Schwab.
¡Qué suerte!
Le dije que aunque fuera el último empleo en el planeta no lo aceptaría, porque su dinero había sido amasado a costa de la salud de la gente gracias a la maquinaria de las multinacionales farmacéuticas... Bueno, debo reconocer que algo han mejorado.
Pero aceptó.
Me convenció de que con él podría marcar una diferencia, y creamos la Fundación Schwab. Durante ocho años montamos una gran red de emprendedores sociales.
¿Qué es un emprendedor social?
No es la responsabilidad social corporativa.
Estaba de moda cuando había liquidez.
Es un mero lavado de cara humanitario para maquillar beneficios conseguidos con medios mucho menos humanitarios.
Buena definición.
El emprendedor social es una mezcla de Richard Branson y madre Teresa, alguien que utiliza todos los mecanismos del mercado para mejorar la sociedad y utiliza el capital para ponerlo al servicio de la empresa y la empresa al servicio de todos, y no al revés.
Deme ejemplos.
Si usted se opera de cataratas en EE. UU. le costará 1.600 euros, y una lente intraocular, unos 140; Aravind cada día practica 1.000 operaciones en decenas de países en desarrollo por 120 euros y cobra 2 euros por esa misma lente de la misma calidad.
¿Cómo?
Aravind creó Aurolab, una empresa pionera en fabricar instrumentos de precisión a bajo coste con certificado ISO 9001. El fundador de ambas, el doctor Ventakataswamy - le apodamos cariñosamente doctor V-y su equipo han practicado tres millones de cirugías de cataratas y otras oculares.
Aquí se hubieran forrado.
Ni el doctor V ni su equipo trabajan por dinero: logran muchísima más satisfacción notando el agradecimiento de miles de personas a las que salvan de la ceguera.
Buena energía cada día.
Tampoco busca dinero Takao Furuno, que ha revolucionado el cultivo del arroz con un método milenario chino que las multinacionales habían hecho olvidar: el del pato.
¿El pato no se come con arroz?
En vez de utilizar pesticidas inorgánicos de dudoso impacto en nuestra salud, Furuno cría patos en los arrozales que se comen los insectos y mejoran la oxigenación de las espigas al remover las aguas nadando.
Simbiosis al servicio del buen arroz.
Con el arroz ya crecido sustituye los patos - que, si no, picotearían el arroz-por especies de peces que devoran los huevos de los parásitos del arrozal. El resultado es un arroz de excelente calidad y sin pesticidas. Las químicas pierden mercados, pero todos los demás ganamos.
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Crisis
dimarts, 24 de març del 2009
ACDC y la crisis económica
Os dejo este artículo de una gran página de economía que rula por la red, Euribor.
Nos guste o no, el mundo económico está dominado por hombres, así que puestos a investigar profundamente la crisis deberíamos ser más primarios y empezar por lo que mueve a los varones: las mujeres, los coches, el fútbol, la comida y el Rock and Roll (las drogas no las meto ya que forman parte de la economía sumergida).
Empezaremos con el fútbol y la maldición de los patrocinios deportivos, porque esto viene de largo. En España basta con que miremos las cotizaciones de Fadesa, antiguo patrocinador del Depor o incluso del BBVA, patrocinador de la liga, para ver que algo no funciona. En la premiere league, se trata de un auténtico drama, con la caída de gigantes como AIG o Northern Rock o incluso la inmobiliaria española Llanera, que también se metió en estos embolados.
Ya no se trata de que los jugadores no sientan los colores. Con esto de la crisis económica global, ahora, los futbolistas han dejado de sentir los esponsors. Es lo que pasa al menos en la pujante Premier League, en la que una maldición llamada desaceleración ha provocado la caída en cadena de los patrocinadores de varios clubes de la Liga más importante del mundo. Y a la cabeza de todos ellos, el equipo más rico del planeta, el Manchester United, actual campeón de la Champions League.
Si a los deportes le juntamos los coches tampoco nos ha ido bien. Basta con mirar el valor en bolsa del sponsor de Hamilton (Banco de Santander) o el de Alonso (ING). Y si miramos la cifra de ventas de automóviles, directamente nos echamos a llorar. En este sector podemos ver estos días la completa distorsión entre la economía real y la bursátil, el más claro ejemplo es el de las acciones de VW que están metidos en un proceso especulativo muy fuerte, por ejemplo ayer llegaron a subir un 200% convirtiéndola posiblemente, en la compañía más sobrevalorada de toda Europa.
En cuanto a lo gastronómico, tenemos a Domino´s Pizza que en Inglaterra han incrementado un 18% sus ingresos, debido a que la gente prefiere cenar en casa antes que ir a un restaurante.
Si de mujeres hablamos, tenemos el habitual incremento en tiempos de crisis de la venta de pintalabios.
“Parece que si hay crisis y los tipos de interés son altos, se puede dejar de comprar coches o casas, mientras la venta de cosméticos no sufre tanto, ya que es un capricho que sigue estando al alcance de todos y que puede compensar otros sacrificios”, comentó el presidente de L’Oréal España, Luís del Valle, quien puntualizó que esto no quiere decir que en estos periodos se venda más, ya que el mayor aumento de venta está ligado a otros factores como la distribución o la inversión publicitaria.
Pero lo realmente preocupante viene con el Rock and Roll y es que la última vez que los AC/DC fueron número 1 en Inglaterra (como ahora) fue hace 28 años, en el comienzo de la última recesión inglesa. Veamos la “influencia” del grupo australiano en la economía de las islas. Corto, pego y traduzco de este artículo de "The Guardian."
Highway to Hell Británico
1973 - Se forma AC/DC.
Economia: Comienzo de la crisis del petróleo cuyo precio se cuadruplicó.
1980 - AC/DC lanza su exitoso álbum Back In Black
Economía: La inflación en UK alcanza el 20% y el desempleo a 2 millones de personas.
1990 - AC/DC vuelven al éxito con The Razor’s Edge
Economía: Recesión en UK.
2008: AC/DC reconquista el número 1
Economía: La mayor recesión mundial en década.
Quizás buscamos compensar la falta de ánimo y fuerzas que nos da la situación económica actual en la fuerza de esta banda de puro Rock and Roll.
Como véis, en se está fraguando una leyenda para aquellos que sean supersticiosos, pero lo cierto es que pese a que tenemos una imagen muy seria de los economistas, suelen ser amantes de las estadísticas de este estilo y si no, pregúntenle a algún broker si tiene o no un miedo irracional al mes de Octubre y concretamente al vigésimo octavo día del séptimo mes del calendario hebreo (que coincidió con el crack del 29 y del 87).
De momento, creo que sólo deberíamos ser supersticiosos a una cosa llamada “tendencia” y de momento, todos los días son Martes y 13.
Nos guste o no, el mundo económico está dominado por hombres, así que puestos a investigar profundamente la crisis deberíamos ser más primarios y empezar por lo que mueve a los varones: las mujeres, los coches, el fútbol, la comida y el Rock and Roll (las drogas no las meto ya que forman parte de la economía sumergida).
Empezaremos con el fútbol y la maldición de los patrocinios deportivos, porque esto viene de largo. En España basta con que miremos las cotizaciones de Fadesa, antiguo patrocinador del Depor o incluso del BBVA, patrocinador de la liga, para ver que algo no funciona. En la premiere league, se trata de un auténtico drama, con la caída de gigantes como AIG o Northern Rock o incluso la inmobiliaria española Llanera, que también se metió en estos embolados.
Ya no se trata de que los jugadores no sientan los colores. Con esto de la crisis económica global, ahora, los futbolistas han dejado de sentir los esponsors. Es lo que pasa al menos en la pujante Premier League, en la que una maldición llamada desaceleración ha provocado la caída en cadena de los patrocinadores de varios clubes de la Liga más importante del mundo. Y a la cabeza de todos ellos, el equipo más rico del planeta, el Manchester United, actual campeón de la Champions League.
Si a los deportes le juntamos los coches tampoco nos ha ido bien. Basta con mirar el valor en bolsa del sponsor de Hamilton (Banco de Santander) o el de Alonso (ING). Y si miramos la cifra de ventas de automóviles, directamente nos echamos a llorar. En este sector podemos ver estos días la completa distorsión entre la economía real y la bursátil, el más claro ejemplo es el de las acciones de VW que están metidos en un proceso especulativo muy fuerte, por ejemplo ayer llegaron a subir un 200% convirtiéndola posiblemente, en la compañía más sobrevalorada de toda Europa.
En cuanto a lo gastronómico, tenemos a Domino´s Pizza que en Inglaterra han incrementado un 18% sus ingresos, debido a que la gente prefiere cenar en casa antes que ir a un restaurante.
Si de mujeres hablamos, tenemos el habitual incremento en tiempos de crisis de la venta de pintalabios.
“Parece que si hay crisis y los tipos de interés son altos, se puede dejar de comprar coches o casas, mientras la venta de cosméticos no sufre tanto, ya que es un capricho que sigue estando al alcance de todos y que puede compensar otros sacrificios”, comentó el presidente de L’Oréal España, Luís del Valle, quien puntualizó que esto no quiere decir que en estos periodos se venda más, ya que el mayor aumento de venta está ligado a otros factores como la distribución o la inversión publicitaria.
Pero lo realmente preocupante viene con el Rock and Roll y es que la última vez que los AC/DC fueron número 1 en Inglaterra (como ahora) fue hace 28 años, en el comienzo de la última recesión inglesa. Veamos la “influencia” del grupo australiano en la economía de las islas. Corto, pego y traduzco de este artículo de "The Guardian."
Highway to Hell Británico
1973 - Se forma AC/DC.
Economia: Comienzo de la crisis del petróleo cuyo precio se cuadruplicó.
1980 - AC/DC lanza su exitoso álbum Back In Black
Economía: La inflación en UK alcanza el 20% y el desempleo a 2 millones de personas.
1990 - AC/DC vuelven al éxito con The Razor’s Edge
Economía: Recesión en UK.
2008: AC/DC reconquista el número 1
Economía: La mayor recesión mundial en década.
Quizás buscamos compensar la falta de ánimo y fuerzas que nos da la situación económica actual en la fuerza de esta banda de puro Rock and Roll.
Como véis, en se está fraguando una leyenda para aquellos que sean supersticiosos, pero lo cierto es que pese a que tenemos una imagen muy seria de los economistas, suelen ser amantes de las estadísticas de este estilo y si no, pregúntenle a algún broker si tiene o no un miedo irracional al mes de Octubre y concretamente al vigésimo octavo día del séptimo mes del calendario hebreo (que coincidió con el crack del 29 y del 87).
De momento, creo que sólo deberíamos ser supersticiosos a una cosa llamada “tendencia” y de momento, todos los días son Martes y 13.
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Crisis
dijous, 12 de març del 2009
Crisis (9): El pánico seguirá
El 9 de Xavier Sala i Martín, bastante interesante, la crisis va evolucionando, no es la misma del año 2008, cuando el gobierno la negaba, ni es la misma que nos espera a final de este año. Debemos aprender para no cometer los mismos errores.
Cuando se discutía el plan de estímulo económico de EE. UU. la presidenta del Congreso, Nancy Pelosi (demócrata), publicó un escalofriante gráfico que mostraba una caída del empleo muy superior a la de las dos últimas recesiones (1990 y 2001). Gráfico en mano, la señora auguró una nueva gran depresión si no se votaba su plan de estímulo. Y el plan se aprobó.
Realmente el gráfico de Pelosi era alarmante. Pero no porque demostraba que estamos ante una crisis sin precedentes, sino por ser un ejemplo de manipulación política sin escrúpulos (comparable a aquellos gráficos que enseñaba Zapatero en sus debates con Rajoy que "demostraban" que, en febrero del 2008, ¡en España no había crisis!). La manipulación de Pelosi consistía en ignorar y esconder el hecho de que durante el siglo XX ha habido otras recesiones peores que las relativamente benignas de 1990 y el 2001.
Si se hace la comparación con todas ellas, se ve que la pérdida de empleo actual es grande, pero no extravagante: similar a la 1981, un poco mejor que la de 1974 y, de momento, no tiene nada que ver con la gran depresión de los años 30. ¡Sí! Estados Unidos ha perdido casi cuatro millones de puestos de trabajo en los últimos meses. La cosa no va nada bien. Pero no hay que olvidar que estamos hablando de un país que tiene unos 133 millones de trabajadores (hemos pasado de 137 cuando empezó la crisis, a 133 millones en febrero del 2009). Para que la actual crisis fuera comparable con la gran depresión, se deberían perder no 4 sino 35 millones de empleos. De momento, eso queda muy lejos.
¿Quiere decir que es imposible que llegue una depresión? De ninguna manera. El profesor Robert Barro, de la Universidad de Harvard, acaba de publicar un estudio que compara episodios de crisis a lo largo de la historia y de la geografía mundial y demuestra que, cuando las crisis económicas van acompañadas de colapsos de la bolsa, la probabilidad de que haya una depresión aumenta. Barro estima que la probabilidad de que la actual crisis se convierta en gran depresión es del 20%.
En el artículo "Crisis (2): 1929", publicado aquí el 17/ X/ 2008, decía yo que la crisis del 2008 tenía algunos aspectos similares a la de los años 30 (el más similar era, precisamente, la caída de la bolsa), pero también muchas diferencias. El problema es que algunas de estas están empezando a desaparecer, por lo que la posibilidad de depresión está aumentando. Por ejemplo, desde entonces una preocupante ola proteccionista, similar a la que causó la gran crisis de 1929, está invadiendo el planeta.
Otra diferencia entre 1929 y el 2009 es que han pasado 80 años y hemos acumulado experiencias y conocimientos económicos. Lamentablemente, nuestros líderes parecen estar haciendo caso omiso de todo lo aprendido. Por ejemplo, a lo largo de las últimas décadas, los economistas han demostrado que era bueno que las políticas económicas siguieran "reglas" y no fueran dejadas a la "discreción" de políticos en estado de pánico. Claramente, este principio se ha abandonado.
Segundo ejemplo, si los instrumentos de política económica utilizados son "inestables", se crea todavía más inestabilidad. Es decir, es bueno que los tipos de interés bajen cuando hay crisis. Pero si bajan demasiado, se crean burbujas financieras que dan lugar a crisis todavía mayores (en parte, la crisis actual es consecuencia de la política de intereses bajos llevada a cabo por Greenspan para salir de la recesión del 2001). Es bueno que el gasto público y el déficit fiscal suban cuando hay crisis, pero si se disparan hasta límites insostenibles, acaban desestabilizando la economía. Principio también abandonado.
Tercer ejemplo, las políticas económicas deben ser "sostenibles". El déficit fiscal de Obama es mayor que la suma de todos los déficits de todos los presidentes de la historia, desde George Washington hasta George W. Bush. Eso está creando tal incertidumbre que los mercados de seguros financieros (credit default swaps)ya empiezan a señalar que la probabilidad de que el Gobierno norteamericano no pueda hacer frente al pago de intereses en los próximos cinco años ha pasado del 0% histórico a más del 6% en la actualidad. ¿Se imaginan la catástrofe económica global que significaría que el Gobierno estadounidense - en la actualidad, la única entidad en la que los inversores de todo el mundo confían a la hora de invertir-se comportara como una república bananera y no pudiera pagar sus deudas?
Finalmente, hemos aprendido que la confianza es importante. En la actualidad hay dos razones que llevan a la gente a no gastar. La primera, la falta de crédito derivada del colapso del sistema financiero. La segunda, y quizá más importante, la falta de confianza en el futuro: las familias no consumen porque tienen miedo a perder el empleo y las empresas no invierten porque tienen miedo a no vender. Y aquí es donde los líderes políticos, como Nancy Pelosi, tienen un papel importante: su burdo intento de infundir miedo entre los electores para conseguir su mezquino objetivo político es extraordinariamente irresponsable, porque hace cundir el pánico y eso agrava la situación. Claro que, si bien no es bueno que los políticos se pasen por exceso, tampoco lo es que se pasen por defecto. Solbes y Zapatero también perjudican la economía con su falso optimismo de predicciones sistemáticamente fallidas y diagnósticos flagrantemente equivocados.
Los líderes deben liderar de manera creíble, equilibrada y responsable. Mientras no lo consigan, el pánico seguirá.
Cuando se discutía el plan de estímulo económico de EE. UU. la presidenta del Congreso, Nancy Pelosi (demócrata), publicó un escalofriante gráfico que mostraba una caída del empleo muy superior a la de las dos últimas recesiones (1990 y 2001). Gráfico en mano, la señora auguró una nueva gran depresión si no se votaba su plan de estímulo. Y el plan se aprobó.
Realmente el gráfico de Pelosi era alarmante. Pero no porque demostraba que estamos ante una crisis sin precedentes, sino por ser un ejemplo de manipulación política sin escrúpulos (comparable a aquellos gráficos que enseñaba Zapatero en sus debates con Rajoy que "demostraban" que, en febrero del 2008, ¡en España no había crisis!). La manipulación de Pelosi consistía en ignorar y esconder el hecho de que durante el siglo XX ha habido otras recesiones peores que las relativamente benignas de 1990 y el 2001.
Si se hace la comparación con todas ellas, se ve que la pérdida de empleo actual es grande, pero no extravagante: similar a la 1981, un poco mejor que la de 1974 y, de momento, no tiene nada que ver con la gran depresión de los años 30. ¡Sí! Estados Unidos ha perdido casi cuatro millones de puestos de trabajo en los últimos meses. La cosa no va nada bien. Pero no hay que olvidar que estamos hablando de un país que tiene unos 133 millones de trabajadores (hemos pasado de 137 cuando empezó la crisis, a 133 millones en febrero del 2009). Para que la actual crisis fuera comparable con la gran depresión, se deberían perder no 4 sino 35 millones de empleos. De momento, eso queda muy lejos.
¿Quiere decir que es imposible que llegue una depresión? De ninguna manera. El profesor Robert Barro, de la Universidad de Harvard, acaba de publicar un estudio que compara episodios de crisis a lo largo de la historia y de la geografía mundial y demuestra que, cuando las crisis económicas van acompañadas de colapsos de la bolsa, la probabilidad de que haya una depresión aumenta. Barro estima que la probabilidad de que la actual crisis se convierta en gran depresión es del 20%.
En el artículo "Crisis (2): 1929", publicado aquí el 17/ X/ 2008, decía yo que la crisis del 2008 tenía algunos aspectos similares a la de los años 30 (el más similar era, precisamente, la caída de la bolsa), pero también muchas diferencias. El problema es que algunas de estas están empezando a desaparecer, por lo que la posibilidad de depresión está aumentando. Por ejemplo, desde entonces una preocupante ola proteccionista, similar a la que causó la gran crisis de 1929, está invadiendo el planeta.
Otra diferencia entre 1929 y el 2009 es que han pasado 80 años y hemos acumulado experiencias y conocimientos económicos. Lamentablemente, nuestros líderes parecen estar haciendo caso omiso de todo lo aprendido. Por ejemplo, a lo largo de las últimas décadas, los economistas han demostrado que era bueno que las políticas económicas siguieran "reglas" y no fueran dejadas a la "discreción" de políticos en estado de pánico. Claramente, este principio se ha abandonado.
Segundo ejemplo, si los instrumentos de política económica utilizados son "inestables", se crea todavía más inestabilidad. Es decir, es bueno que los tipos de interés bajen cuando hay crisis. Pero si bajan demasiado, se crean burbujas financieras que dan lugar a crisis todavía mayores (en parte, la crisis actual es consecuencia de la política de intereses bajos llevada a cabo por Greenspan para salir de la recesión del 2001). Es bueno que el gasto público y el déficit fiscal suban cuando hay crisis, pero si se disparan hasta límites insostenibles, acaban desestabilizando la economía. Principio también abandonado.
Tercer ejemplo, las políticas económicas deben ser "sostenibles". El déficit fiscal de Obama es mayor que la suma de todos los déficits de todos los presidentes de la historia, desde George Washington hasta George W. Bush. Eso está creando tal incertidumbre que los mercados de seguros financieros (credit default swaps)ya empiezan a señalar que la probabilidad de que el Gobierno norteamericano no pueda hacer frente al pago de intereses en los próximos cinco años ha pasado del 0% histórico a más del 6% en la actualidad. ¿Se imaginan la catástrofe económica global que significaría que el Gobierno estadounidense - en la actualidad, la única entidad en la que los inversores de todo el mundo confían a la hora de invertir-se comportara como una república bananera y no pudiera pagar sus deudas?
Finalmente, hemos aprendido que la confianza es importante. En la actualidad hay dos razones que llevan a la gente a no gastar. La primera, la falta de crédito derivada del colapso del sistema financiero. La segunda, y quizá más importante, la falta de confianza en el futuro: las familias no consumen porque tienen miedo a perder el empleo y las empresas no invierten porque tienen miedo a no vender. Y aquí es donde los líderes políticos, como Nancy Pelosi, tienen un papel importante: su burdo intento de infundir miedo entre los electores para conseguir su mezquino objetivo político es extraordinariamente irresponsable, porque hace cundir el pánico y eso agrava la situación. Claro que, si bien no es bueno que los políticos se pasen por exceso, tampoco lo es que se pasen por defecto. Solbes y Zapatero también perjudican la economía con su falso optimismo de predicciones sistemáticamente fallidas y diagnósticos flagrantemente equivocados.
Los líderes deben liderar de manera creíble, equilibrada y responsable. Mientras no lo consigan, el pánico seguirá.
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Crisis
dimecres, 18 de febrer del 2009
Crisis (8): Minar la Confianza
El octavo de Xavier Sala i Martín. En este culpa a los gobiernos de mantener un precio del dinero demasiado bajo y a los estados de invertir todo el dinero en servicios públicos, pero no olvidemos que el sector privado fue el que buscando los beneficios a corto plazo se olvidó del futuro, sólo pensando en sus beneficios personales, los de los directivos, no de los accionistas. Porqué los que mandan en los bancos son los directivos, que toman las decisiones que más les benefician a ellos como trabajadores del banco, no a sus clientes, ahí está el inicio y el fin de todo. La ganancia personal ha hundido el sistema colectivo.
Es curioso: los medios y los expertos están haciendo cuajar la idea de que la actual recesión ha sido causada por los excesos del sector privado y olvidan completamente los excesos del sector público. Está claro que el origen del problema es la burbuja inmobiliaria. Pero ¿qué causó esa burbuja? Respuesta: el mantenimiento de tipos de interés artificialmente bajos por parte de las autoridades monetarias... públicas. Es decir, los tipos bajos llevan a demasiada gente a pedir hipotecas, cosa que provoca aumentos extravagantes de los precios de los inmuebles.
El sector financiero, se nos dice, construyó activos basados en hipotecas errando clamorosamente en la apreciación de lo que sería la tasa de morosidad. Pero ¿por qué cometió ese error? Por muchas razones. Una de ellas es que, cuando los precios suben la proporción de morosos se reduce (porque las familias tienen más incentivos a no perder una casa que se aprecia). Eso lleva a las entidades financieras y empresas de rating a creer erróneamente que la probabilidad de morosidad estructural se ha reducido. Es decir, si la burbuja inmobiliaria (creada, insisto, por las autoridades públicas) no hubiera existido, la alegría con la que se compraron los activos basados en hipotecas no se habría producido.
Se dice que demasiados bancos privados prestaron demasiado dinero a demasiadas familias con pocos recursos (familias subprime).¿Por qué lo hicieron? Respuesta: entre otras cosas, porque dos instituciones semipúblicas (Freddie Mac y Fannie Mae) garantizaban esas hipotecas. ¿Por qué? Porque el gobierno las obligó a ello con el objetivo de que esas familias también formaran parte del sueño americano de tener una vivienda de propiedad.
Se explica que el sector financiero se dedicó a crear activos complicados que no entendía y a pedir prestado para invertir (apalancarse). ¿Por qué? Pues en parte, por culpa de la política de tipos artificialmente bajos que indujo a todo el mundo (¡incluso los bancos!) a pedir prestado para invertir.
Los errores de política pública contribuyeron, pues, de manera significativa a originar la crisis actual. Pero la cosa no acaba aquí: también están contribuyendo a agravarla y a convertir lo que habría sido una pequeña recesión en un episodio potencialmente catastrófico. Durante los primeros meses de crisis en EE. UU. (entre diciembre del 2007 y septiembre del 2008), el consumo, la inversión inmobiliaria y las exportaciones netas se mantuvieron. Lo único que cayó en picado era la construcción. Concretamente, hasta septiembre del 2008, la reducción del PIB había sido de unos 313.000 millones de dólares, un poco menos que la caída de la construcción. Es decir, lo único que demostraba estar realmente en crisis era ese sector.
Las cosas cambiaron radicalmente en septiembre del 2008. Después de salvar a Bear Sterns, Freddie Mac, Fannie Mae y Goldman Sachs, el fin de semana del 13-14 de septiembre, el gobierno decidió no ayudar a Lehman Brothers y, después, se salvó a AIG. Nadie entendió por qué se salvaba a unos bancos y no a otros, pero esa política errática dejaba claro que el gobierno no tenía claro cómo afrontar la situación. La confianza cayó y las bolsas de todo el mundo se hundieron. El gobierno reaccionó aprobando, a toda prisa, un programa de 0,7 billones para comprar los activos tóxicos de los bancos: la semana que siguió a la aprobación del llamado TARP (Troubled Assets Relief Program), la bolsa sufrió la peor caída semanal de la historia. Ante el asombro de todos, la reacción del gobierno fue la de decir: "Como a la bolsa no le ha gustado el TARP, no compraremos activos tóxicos, sino que recapitalizaremos directamente a los bancos". Y claro, al constatar que el gobierno utilizaba a la bolsa para ver si sus propias acciones tenían sentido, todo el mundo se dio cuenta de que andaba bastante perdido. Eso acabó de demostrar que estábamos en manos de una pandilla de incompetentes, justo en el momento que cuajaba la idea de que el ángel salvador único era... ¡el gobierno!
Es importante que si los estados deciden erigirse en salvavidas de la economía, nos convenzan primero de que están capacitados para ello. Porque, en economía, cuando el líder no inspira confianza, las familias dejan de consumir, las empresas dejan de invertir y las crisis se agravan.
Lo peor de todo es que, la confianza ciega que muchos tenían en Barack Obama se está disipando rápidamente: después de aprobar un plan de gastos plagado de esotéricos programas inútiles, Obama ha dedicado otro billón de dólares a una nueva versión de TARP, a pesar del ostentoso fracaso de la primera versión del plan. Es más, el día que su secretario del Tesoro, Tim Geithner, lo anunció, no explicó ni quién comprará esos activos, ni cómo se decidirá su precio, ni qué bancos serán ayudados, ni qué pasará con los activos comprados... Es decir: no explicó nada de nada. Su inseguridad y su miedo no contribuyeron a establecer la necesaria confianza en que el nuevo liderazgo sabe cómo reconducir la situación.
¡Ah! ¡Casi me olvidaba!: mientras tanto, el sector privado - ¡ese maldito sector privado que tanto daño hace a la sociedad!-ha seguido haciendo sus deberes: según un estudio del profesor Casey Mulligan, la productividad del sector no financiero norteamericano sigue subiendo (a diferencia de lo que pasó durante la gran depresión). Es decir: gracias al sector privado, la economía norteamericana saldrá disparada de la crisis el día que la incompetencia del gobierno deje de minar nuestra confianza.
Es curioso: los medios y los expertos están haciendo cuajar la idea de que la actual recesión ha sido causada por los excesos del sector privado y olvidan completamente los excesos del sector público. Está claro que el origen del problema es la burbuja inmobiliaria. Pero ¿qué causó esa burbuja? Respuesta: el mantenimiento de tipos de interés artificialmente bajos por parte de las autoridades monetarias... públicas. Es decir, los tipos bajos llevan a demasiada gente a pedir hipotecas, cosa que provoca aumentos extravagantes de los precios de los inmuebles.
El sector financiero, se nos dice, construyó activos basados en hipotecas errando clamorosamente en la apreciación de lo que sería la tasa de morosidad. Pero ¿por qué cometió ese error? Por muchas razones. Una de ellas es que, cuando los precios suben la proporción de morosos se reduce (porque las familias tienen más incentivos a no perder una casa que se aprecia). Eso lleva a las entidades financieras y empresas de rating a creer erróneamente que la probabilidad de morosidad estructural se ha reducido. Es decir, si la burbuja inmobiliaria (creada, insisto, por las autoridades públicas) no hubiera existido, la alegría con la que se compraron los activos basados en hipotecas no se habría producido.
Se dice que demasiados bancos privados prestaron demasiado dinero a demasiadas familias con pocos recursos (familias subprime).¿Por qué lo hicieron? Respuesta: entre otras cosas, porque dos instituciones semipúblicas (Freddie Mac y Fannie Mae) garantizaban esas hipotecas. ¿Por qué? Porque el gobierno las obligó a ello con el objetivo de que esas familias también formaran parte del sueño americano de tener una vivienda de propiedad.
Se explica que el sector financiero se dedicó a crear activos complicados que no entendía y a pedir prestado para invertir (apalancarse). ¿Por qué? Pues en parte, por culpa de la política de tipos artificialmente bajos que indujo a todo el mundo (¡incluso los bancos!) a pedir prestado para invertir.
Los errores de política pública contribuyeron, pues, de manera significativa a originar la crisis actual. Pero la cosa no acaba aquí: también están contribuyendo a agravarla y a convertir lo que habría sido una pequeña recesión en un episodio potencialmente catastrófico. Durante los primeros meses de crisis en EE. UU. (entre diciembre del 2007 y septiembre del 2008), el consumo, la inversión inmobiliaria y las exportaciones netas se mantuvieron. Lo único que cayó en picado era la construcción. Concretamente, hasta septiembre del 2008, la reducción del PIB había sido de unos 313.000 millones de dólares, un poco menos que la caída de la construcción. Es decir, lo único que demostraba estar realmente en crisis era ese sector.
Las cosas cambiaron radicalmente en septiembre del 2008. Después de salvar a Bear Sterns, Freddie Mac, Fannie Mae y Goldman Sachs, el fin de semana del 13-14 de septiembre, el gobierno decidió no ayudar a Lehman Brothers y, después, se salvó a AIG. Nadie entendió por qué se salvaba a unos bancos y no a otros, pero esa política errática dejaba claro que el gobierno no tenía claro cómo afrontar la situación. La confianza cayó y las bolsas de todo el mundo se hundieron. El gobierno reaccionó aprobando, a toda prisa, un programa de 0,7 billones para comprar los activos tóxicos de los bancos: la semana que siguió a la aprobación del llamado TARP (Troubled Assets Relief Program), la bolsa sufrió la peor caída semanal de la historia. Ante el asombro de todos, la reacción del gobierno fue la de decir: "Como a la bolsa no le ha gustado el TARP, no compraremos activos tóxicos, sino que recapitalizaremos directamente a los bancos". Y claro, al constatar que el gobierno utilizaba a la bolsa para ver si sus propias acciones tenían sentido, todo el mundo se dio cuenta de que andaba bastante perdido. Eso acabó de demostrar que estábamos en manos de una pandilla de incompetentes, justo en el momento que cuajaba la idea de que el ángel salvador único era... ¡el gobierno!
Es importante que si los estados deciden erigirse en salvavidas de la economía, nos convenzan primero de que están capacitados para ello. Porque, en economía, cuando el líder no inspira confianza, las familias dejan de consumir, las empresas dejan de invertir y las crisis se agravan.
Lo peor de todo es que, la confianza ciega que muchos tenían en Barack Obama se está disipando rápidamente: después de aprobar un plan de gastos plagado de esotéricos programas inútiles, Obama ha dedicado otro billón de dólares a una nueva versión de TARP, a pesar del ostentoso fracaso de la primera versión del plan. Es más, el día que su secretario del Tesoro, Tim Geithner, lo anunció, no explicó ni quién comprará esos activos, ni cómo se decidirá su precio, ni qué bancos serán ayudados, ni qué pasará con los activos comprados... Es decir: no explicó nada de nada. Su inseguridad y su miedo no contribuyeron a establecer la necesaria confianza en que el nuevo liderazgo sabe cómo reconducir la situación.
¡Ah! ¡Casi me olvidaba!: mientras tanto, el sector privado - ¡ese maldito sector privado que tanto daño hace a la sociedad!-ha seguido haciendo sus deberes: según un estudio del profesor Casey Mulligan, la productividad del sector no financiero norteamericano sigue subiendo (a diferencia de lo que pasó durante la gran depresión). Es decir: gracias al sector privado, la economía norteamericana saldrá disparada de la crisis el día que la incompetencia del gobierno deje de minar nuestra confianza.
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Crisis
divendres, 13 de febrer del 2009
Crisis (7): Gasto Inútil
El séptimo artículo de Xavier Sala i Martín. Si queréis saber más sobre la crisis, economía y pasta en general daros una vuelta por Euribor -que no habla sólo del famoso índice, que todo el mundo lo ha incluido en su Hipoteca y parece que muchos lo han descubierto ahora-. Una página muy recomendable.
Si gastáramos un millón de dólares por cada día transcurrido desde que nació Jesucristo hasta hoy, no dilapidaríamos tanto dinero como el presidente Obama gastará con su reciente plan de estímulo económico. Y es que una especie de virus neokeynesiano que lleva a los dirigentes a la locura del dispendio ilimitado parece haber invadido el planeta Tierra. Es como si el único libro de economía jamás escrito fuera la Teoría general de Keynes, de 1936, que propone el aumento del gasto público para salir de la crisis.
Decía Keynes que "en el largo plazo, todos estamos muertos"... Y tenía razón: ¡Keynes está muerto! El problema para sus discípulos es que antes de morir (pero después de publicar la Teoría general)también escribió otras cosas como: "El aumento de la obra pública puede ser la medicina correcta cuando hay una deficiencia crónica en la demanda, pero no se puede organizar de manera suficientemente rápida como para ser el instrumento más útil para evitar los ciclos económicos" (Keynes, Collective writings,vol. XXVII, p. 122, 1942). Es decir, después de pensarlo, ni el propio Keynes creía en la utilidad del gasto público para sacar a la economía de una recesión. La razón es la que apuntábamos en estas páginas el 17/ XII/ 2008: para ser útil, el gasto público debe ser sometido a complicados procesos de decisión y adjudicación que requieren tiempo. Eso significa que, si se quiere que sea útil, no va a llegar a tiempo. Y si se quiere que saque a la economía de la crisis, va a ser inútil. (Nota: la cosa es todavía más grotesca en el caso español, dado que el Gobierno tiene la manía de no pagar sus deudas hasta ¡18 meses después de ejecutada la obra!).
"¡Pues que sea inútil!", dirían los keynesianos, "al fin y al cabo ¡eso es lo que sacó al mundo de la gran depresión de los años 30!". Bien..., la salida de la gran depresión está sujeta a un debate que no vamos a solucionar aquí. Pero hay otros episodios históricos que pondrían en duda la eficacia del gasto público. Uno de ellos es una crisis enormemente parecida a la actual: Japón 1990. Tras una gigantesca burbuja inmobiliaria, el sistema bancario japonés se colapsó, el préstamo desapareció y el país entró en una profunda crisis económica. ¿Cómo reaccionó el Gobierno japonés? Respuesta: se endeudó hasta el cuello y gastó lo que no estaba escrito: se hicieron obras públicas por valor de 4.7 billones de euros (la economía japonesa entonces era de unos 4 billones de euros anuales) y la deuda pública subió hasta 7 billones (un 180% del PIB). Se pavimentó el país entero unas cuantas veces, se construyeron puentes, museos, zoos, palacios de deportes e incluso pirámides de cristal.
¿Contribuyó todo este derroche a que Japón saliera del agujero? No lo sé. Lo que sí sé es que han pasado 18 años... y la economía japonesa todavía no ha salido del agujero. Algunos economistas dicen que sin el gasto público, la crisis japonesa hubiera sido mucho más profunda. Quizá sí..., aunque otros dicen que fue el aumento desmesurado del gasto el que hizo que cundiera el pánico entre los ciudadanos, cosa que los llevó a reducir el consumo y a agravar la situación. ¿Quién tiene razón? Seguramente nadie: yo más bien me inclino a pensar que todo ese dispendio no fue ni bueno ni malo, sino más bien... inútil.
Y es que hay un teorema que dice que un problema económico no se soluciona creando otro "que compense", sino arreglando la raíz del problema. Si fuéramos médicos y viéramos que el corazón (raíz del problema) del paciente no tiene suficiente fuerza para bombear sangre por todo el cuerpo, no cortaríamos las piernas para que no necesitara tanto riego sanguíneo (creación de problema que compensa), sino que intentaríamos reparar el corazón. Lo mismo pasa en economía. El problema actual es que el sistema financiero ha generado deudas gigantescas para crear instrumentos financieros que ahora tienen un valor dudoso y eso impide que la economía real tenga acceso a crédito para invertir y comprar. Eso no se soluciona dejando que el Gobierno genere todavía más deuda y gaste el dinero haciendo ferrocarriles, museos o parques. Se arregla yendo al corazón del sistema financiero, extirpando lo que está podrido y haciendo que la banca recupere la confianza en las empresas y viceversa.
Con eso no quiero decir que no se necesiten ferrocarriles, museos o parques. Lo que digo es que contratar a los parados de la banca para que construyan ferrocarriles no va a arreglar el problema de fondo que es la falta global de crédito.
La pregunta clave es: ¿por qué se aprueban, pues, planes de aumento extravagante del gasto en casi todos los países del mundo? Mi respuesta es bien sencilla: la clase política ha aprovechado el miedo que la crisis ha metido en el cuerpo del contribuyente para hacer su particular carta a los Reyes. Fíjense en que Obama ha querido que su plan fuera aprobado deprisa y corriendo: "Si no se aprueba esta semana - dijo-,va a haber una catástrofe económica". No hay programa en el mundo que no pueda esperar una semana, por más que el nuevo mesías, Barack Obama, diga lo contrario. Eso sí, las prisas han conseguido que se aprobaran cientos de programas sin el necesario escrutinio público y han convertido la crisis en el paraíso de los chupópteros del dinero ajeno. En estos momentos de pánico en los que ha cuajado la idea de que cualquier tipo de gasto inútil sirve para salir de la recesión, los políticos aprovechan y hacen lo que toda la vida han querido hacer: gasto inútil.
Si gastáramos un millón de dólares por cada día transcurrido desde que nació Jesucristo hasta hoy, no dilapidaríamos tanto dinero como el presidente Obama gastará con su reciente plan de estímulo económico. Y es que una especie de virus neokeynesiano que lleva a los dirigentes a la locura del dispendio ilimitado parece haber invadido el planeta Tierra. Es como si el único libro de economía jamás escrito fuera la Teoría general de Keynes, de 1936, que propone el aumento del gasto público para salir de la crisis.
Decía Keynes que "en el largo plazo, todos estamos muertos"... Y tenía razón: ¡Keynes está muerto! El problema para sus discípulos es que antes de morir (pero después de publicar la Teoría general)también escribió otras cosas como: "El aumento de la obra pública puede ser la medicina correcta cuando hay una deficiencia crónica en la demanda, pero no se puede organizar de manera suficientemente rápida como para ser el instrumento más útil para evitar los ciclos económicos" (Keynes, Collective writings,vol. XXVII, p. 122, 1942). Es decir, después de pensarlo, ni el propio Keynes creía en la utilidad del gasto público para sacar a la economía de una recesión. La razón es la que apuntábamos en estas páginas el 17/ XII/ 2008: para ser útil, el gasto público debe ser sometido a complicados procesos de decisión y adjudicación que requieren tiempo. Eso significa que, si se quiere que sea útil, no va a llegar a tiempo. Y si se quiere que saque a la economía de la crisis, va a ser inútil. (Nota: la cosa es todavía más grotesca en el caso español, dado que el Gobierno tiene la manía de no pagar sus deudas hasta ¡18 meses después de ejecutada la obra!).
"¡Pues que sea inútil!", dirían los keynesianos, "al fin y al cabo ¡eso es lo que sacó al mundo de la gran depresión de los años 30!". Bien..., la salida de la gran depresión está sujeta a un debate que no vamos a solucionar aquí. Pero hay otros episodios históricos que pondrían en duda la eficacia del gasto público. Uno de ellos es una crisis enormemente parecida a la actual: Japón 1990. Tras una gigantesca burbuja inmobiliaria, el sistema bancario japonés se colapsó, el préstamo desapareció y el país entró en una profunda crisis económica. ¿Cómo reaccionó el Gobierno japonés? Respuesta: se endeudó hasta el cuello y gastó lo que no estaba escrito: se hicieron obras públicas por valor de 4.7 billones de euros (la economía japonesa entonces era de unos 4 billones de euros anuales) y la deuda pública subió hasta 7 billones (un 180% del PIB). Se pavimentó el país entero unas cuantas veces, se construyeron puentes, museos, zoos, palacios de deportes e incluso pirámides de cristal.
¿Contribuyó todo este derroche a que Japón saliera del agujero? No lo sé. Lo que sí sé es que han pasado 18 años... y la economía japonesa todavía no ha salido del agujero. Algunos economistas dicen que sin el gasto público, la crisis japonesa hubiera sido mucho más profunda. Quizá sí..., aunque otros dicen que fue el aumento desmesurado del gasto el que hizo que cundiera el pánico entre los ciudadanos, cosa que los llevó a reducir el consumo y a agravar la situación. ¿Quién tiene razón? Seguramente nadie: yo más bien me inclino a pensar que todo ese dispendio no fue ni bueno ni malo, sino más bien... inútil.
Y es que hay un teorema que dice que un problema económico no se soluciona creando otro "que compense", sino arreglando la raíz del problema. Si fuéramos médicos y viéramos que el corazón (raíz del problema) del paciente no tiene suficiente fuerza para bombear sangre por todo el cuerpo, no cortaríamos las piernas para que no necesitara tanto riego sanguíneo (creación de problema que compensa), sino que intentaríamos reparar el corazón. Lo mismo pasa en economía. El problema actual es que el sistema financiero ha generado deudas gigantescas para crear instrumentos financieros que ahora tienen un valor dudoso y eso impide que la economía real tenga acceso a crédito para invertir y comprar. Eso no se soluciona dejando que el Gobierno genere todavía más deuda y gaste el dinero haciendo ferrocarriles, museos o parques. Se arregla yendo al corazón del sistema financiero, extirpando lo que está podrido y haciendo que la banca recupere la confianza en las empresas y viceversa.
Con eso no quiero decir que no se necesiten ferrocarriles, museos o parques. Lo que digo es que contratar a los parados de la banca para que construyan ferrocarriles no va a arreglar el problema de fondo que es la falta global de crédito.
La pregunta clave es: ¿por qué se aprueban, pues, planes de aumento extravagante del gasto en casi todos los países del mundo? Mi respuesta es bien sencilla: la clase política ha aprovechado el miedo que la crisis ha metido en el cuerpo del contribuyente para hacer su particular carta a los Reyes. Fíjense en que Obama ha querido que su plan fuera aprobado deprisa y corriendo: "Si no se aprueba esta semana - dijo-,va a haber una catástrofe económica". No hay programa en el mundo que no pueda esperar una semana, por más que el nuevo mesías, Barack Obama, diga lo contrario. Eso sí, las prisas han conseguido que se aprobaran cientos de programas sin el necesario escrutinio público y han convertido la crisis en el paraíso de los chupópteros del dinero ajeno. En estos momentos de pánico en los que ha cuajado la idea de que cualquier tipo de gasto inútil sirve para salir de la recesión, los políticos aprovechan y hacen lo que toda la vida han querido hacer: gasto inútil.
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Crisis
dilluns, 19 de gener del 2009
Crisis Financiera (6): España
Otro artículo más de Xavier Sala-i-Martín sobre la crisis, que para unos está acabando, para otros todavía no ha llegado lo peor, para otros está empezando, o sea, que no tenemos ni pajolera idea de como va a continuar esto. Así que en el país de los ciegos mejor ir ciego.
Por mucho que el gobierno dé las culpas a la situación financiera internacional, la crisis española es made in Spain. Cuando España era un país pobre, basó su crecimiento en productos baratos porque los salarios y, por lo tanto, los costes de producción eran bajos. A medida que crecía, los salarios subían y la competitividad desaparecía. Al no poder competir vendiendo productos más baratos que los demás, España tenía que innovar. Pero nunca lo hizo. En lugar de ello, intentó perpetuar la situación contratando a inmigrantes pobres, cosa que no hacía más que retardar las reformas: gracias a que los inmigrantes aceptaban salarios miserables, las empresas no tenían incentivos a invertir en tecnología o transformarse hacia actividades de mayor valor añadido.
La burbuja inmobiliaria también contribuyó a que no se hicieran reformas. Por alguna razón se generalizó la idea de que la vivienda era una inversión segura (“el ladrillo nunca baja”, decían, ¿lo recuerdan?) y todo el país se dedicó a comprar casas. Eso hacía subir el precio lo cual, además de “confirmar” aquello de que el ladrillo nunca baja, incentivaba a constructores a edificar como locos. Entre un 15 y un 19% del crecimiento español llegó a depender de la construcción (el 4% en EEUU). El problema es que ese crecimiento sólo se podía mantener si los precios seguían subiendo y la histeria colectiva que los hacía subir tenía que llegar algún día a su fin. Y al final, eso fue lo que pasó, el ladrillo dejó de ser una buena inversión, la gente dejó de comprar, las constructoras e inmobiliarias dejaron de contratar y, ahora, y una parte importante del PIB va a desaparecer.
¿Qué tiene que ver eso con la falta de innovación?: ¡la complacencia! Mientras las cosas iban bien, nadie veía la necesidad de llevar a cabo las dolorosas reformas que habrían fomentado la innovación. Pero ahora que ha acabado el boom de la construcción: ¿exactamente qué producirá España? Silencio sepulcral.
La monumental borrachera de la construcción ha dejado dos resacas importantes. Por un lado, una deuda inmobiliaria que ronda los 300.000 millones de euros (¡el 27% del PIB!) Eso es un problema serio porque los ingresos de ese sector en la actualidad son casi nulos. En consecuencia, la banca (¡si!, esa banca tan segura gracias al gran sistema regulador español), se va a tener que quedar con viviendas, solares, edificios a medio construir, y ciudades fantasma en la Costa del Sol. Una parte será revendida… pero a precios de saldo. Si, siendo optimistas, recupera el 66% en términos reales, el agujero final será de unos 100.000 millones de euros. Casi el 10% del PIB.
Por otro lado, ha quedado un déficit exterior que también ronda el 10% del PIB. Simplificando, el déficit es la diferencia entre la demanda y la oferta agregadas: si la gente quiere comprar (demanda) más de lo que produce (ofrece), la diferencia debe ser comprada en el extranjero. Visto así, el déficit sólo se puede corregir de dos maneras: disminuyendo la demanda o aumentando la oferta. Así de simple. El problema es que reducir la demanda quiere decir que familias, empresas y gobierno gasten un 10% menos. Es decir, una recesión económica del 10% del PIB relativo al potencial. No sabemos si esa caída se producirá durante el 2009 –como Indonesia en 1997 o Argentina en 2000- o si habrá una caída más lenta pero mucho más larga –como ocurrió en Japón entre 1990 y la actualidad. Pero de un modo u otro la caída ocurrirá… a no ser que aumente la oferta. Es decir, que aumenten la productividad y competitividad empresarial.
Lo que nos lleva a las medidas de política económica. Si el gobierno quiere evitar una catástrofe, debe concentrarse en el fomento de la productividad. No hay alternativa. Para ello debe llevar a cabo tres tipos de acciones. Primero, hay que liberalizar rápidamente la oferta: reducir costes burocráticos, eliminar regulaciones caprichosas o rebajar costes fiscales relacionados con la producción, contratación e inversión.
Segundo, si se quieren tomar medidas de “corte keynesiano” para luchar contra la crisis, seleccionar aquellas que tengan un mayor efecto sobre la productividad. Ejemplos: (1) una política fiscal expansiva a base de reducción de impuestos que hagan a las empresas más competitivas hoy es mejor que un aumento del gasto público que conlleve mayores cargas fiscales futuras; (2) Cuando se escoja entre diferentes tipos de infraestructuras, que se elijan las que generen mayor competitividad e innovación; (3) Antes de rescatar o ayudar a un sector, que se pregunte si es un sector de futuro o de pasado o si se instaló en España porque buscaba salarios bajos; (4) En lugar de buscar gasto público adicional, que el gobierno considere pagar las deudas que tiene con miles de empresas que viven financieramente ahogadas por culpa de su perniciosa y pertinaz morosidad.
Tercero, deben empezar a introducirse aquellas reformas que no van a tener efectos a corto plazo pero que son fundamentales para la competitividad a la larga. Entre ellas, la transformación del sistema educativo para fomentar la creatividad y el espíritu emprendedor de los jóvenes, la transformación del sistema financiero para que sea capaz de financiar proyectos de innovación o la erradicación de los excesos intervencionistas en sectores clave.
La hecatombe económica puede y debe ser evitada. Sólo es cuestión de que el gobierno abandone el comportamiento errático demostrado en 2008 y haga las cosas bien. La hora de la verdad ha llegado a España.
La Vanguardia, 17-01-2009
Por mucho que el gobierno dé las culpas a la situación financiera internacional, la crisis española es made in Spain. Cuando España era un país pobre, basó su crecimiento en productos baratos porque los salarios y, por lo tanto, los costes de producción eran bajos. A medida que crecía, los salarios subían y la competitividad desaparecía. Al no poder competir vendiendo productos más baratos que los demás, España tenía que innovar. Pero nunca lo hizo. En lugar de ello, intentó perpetuar la situación contratando a inmigrantes pobres, cosa que no hacía más que retardar las reformas: gracias a que los inmigrantes aceptaban salarios miserables, las empresas no tenían incentivos a invertir en tecnología o transformarse hacia actividades de mayor valor añadido.
La burbuja inmobiliaria también contribuyó a que no se hicieran reformas. Por alguna razón se generalizó la idea de que la vivienda era una inversión segura (“el ladrillo nunca baja”, decían, ¿lo recuerdan?) y todo el país se dedicó a comprar casas. Eso hacía subir el precio lo cual, además de “confirmar” aquello de que el ladrillo nunca baja, incentivaba a constructores a edificar como locos. Entre un 15 y un 19% del crecimiento español llegó a depender de la construcción (el 4% en EEUU). El problema es que ese crecimiento sólo se podía mantener si los precios seguían subiendo y la histeria colectiva que los hacía subir tenía que llegar algún día a su fin. Y al final, eso fue lo que pasó, el ladrillo dejó de ser una buena inversión, la gente dejó de comprar, las constructoras e inmobiliarias dejaron de contratar y, ahora, y una parte importante del PIB va a desaparecer.
¿Qué tiene que ver eso con la falta de innovación?: ¡la complacencia! Mientras las cosas iban bien, nadie veía la necesidad de llevar a cabo las dolorosas reformas que habrían fomentado la innovación. Pero ahora que ha acabado el boom de la construcción: ¿exactamente qué producirá España? Silencio sepulcral.
La monumental borrachera de la construcción ha dejado dos resacas importantes. Por un lado, una deuda inmobiliaria que ronda los 300.000 millones de euros (¡el 27% del PIB!) Eso es un problema serio porque los ingresos de ese sector en la actualidad son casi nulos. En consecuencia, la banca (¡si!, esa banca tan segura gracias al gran sistema regulador español), se va a tener que quedar con viviendas, solares, edificios a medio construir, y ciudades fantasma en la Costa del Sol. Una parte será revendida… pero a precios de saldo. Si, siendo optimistas, recupera el 66% en términos reales, el agujero final será de unos 100.000 millones de euros. Casi el 10% del PIB.
Por otro lado, ha quedado un déficit exterior que también ronda el 10% del PIB. Simplificando, el déficit es la diferencia entre la demanda y la oferta agregadas: si la gente quiere comprar (demanda) más de lo que produce (ofrece), la diferencia debe ser comprada en el extranjero. Visto así, el déficit sólo se puede corregir de dos maneras: disminuyendo la demanda o aumentando la oferta. Así de simple. El problema es que reducir la demanda quiere decir que familias, empresas y gobierno gasten un 10% menos. Es decir, una recesión económica del 10% del PIB relativo al potencial. No sabemos si esa caída se producirá durante el 2009 –como Indonesia en 1997 o Argentina en 2000- o si habrá una caída más lenta pero mucho más larga –como ocurrió en Japón entre 1990 y la actualidad. Pero de un modo u otro la caída ocurrirá… a no ser que aumente la oferta. Es decir, que aumenten la productividad y competitividad empresarial.
Lo que nos lleva a las medidas de política económica. Si el gobierno quiere evitar una catástrofe, debe concentrarse en el fomento de la productividad. No hay alternativa. Para ello debe llevar a cabo tres tipos de acciones. Primero, hay que liberalizar rápidamente la oferta: reducir costes burocráticos, eliminar regulaciones caprichosas o rebajar costes fiscales relacionados con la producción, contratación e inversión.
Segundo, si se quieren tomar medidas de “corte keynesiano” para luchar contra la crisis, seleccionar aquellas que tengan un mayor efecto sobre la productividad. Ejemplos: (1) una política fiscal expansiva a base de reducción de impuestos que hagan a las empresas más competitivas hoy es mejor que un aumento del gasto público que conlleve mayores cargas fiscales futuras; (2) Cuando se escoja entre diferentes tipos de infraestructuras, que se elijan las que generen mayor competitividad e innovación; (3) Antes de rescatar o ayudar a un sector, que se pregunte si es un sector de futuro o de pasado o si se instaló en España porque buscaba salarios bajos; (4) En lugar de buscar gasto público adicional, que el gobierno considere pagar las deudas que tiene con miles de empresas que viven financieramente ahogadas por culpa de su perniciosa y pertinaz morosidad.
Tercero, deben empezar a introducirse aquellas reformas que no van a tener efectos a corto plazo pero que son fundamentales para la competitividad a la larga. Entre ellas, la transformación del sistema educativo para fomentar la creatividad y el espíritu emprendedor de los jóvenes, la transformación del sistema financiero para que sea capaz de financiar proyectos de innovación o la erradicación de los excesos intervencionistas en sectores clave.
La hecatombe económica puede y debe ser evitada. Sólo es cuestión de que el gobierno abandone el comportamiento errático demostrado en 2008 y haga las cosas bien. La hora de la verdad ha llegado a España.
La Vanguardia, 17-01-2009
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Crisis
dimecres, 31 de desembre del 2008
La Gasolina más barata.
Os dejo un enlace para encontrar la gasolina más barata, están todas las estaciones de servicio con sus precios. Otra pequeña ayuda para superar esta "horrible crisis", es tan grave que el presidente del Chelsea, Roman Abramovich, no va a celebrar el fin de año en la estación invernal de Aspen, Estados Unidos, ha decidido celebrarla en Moscú, en un local que se encuentra en la Plaza Roja, y sólo se gastará 150.000 euros, pobrecito, estoy por hacerle una donación. También he leído que no sabe si venderse el yate o el Chelsea, si, la crisis es dura para los ricos, pero que no se preocupen, nuestro dinero gestionado por nuestros políticos les devolverá la riqueza que merecen.
Esta es la dirección de las gasolineras:
http://geoportal.mityc.es/hidrocarburos/eess/
Feliz año 2009
Esta es la dirección de las gasolineras:
http://geoportal.mityc.es/hidrocarburos/eess/
Feliz año 2009
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Crisis
dijous, 18 de desembre del 2008
Crisis Financiera (5): Eliminar Temporalmente el IVA
Un nuevo artículo de Xavier Sala-i-Martí.
Una de las consecuencias trágicas de la presente crisis financiera es que se ha tirado por la borda todo lo que los economistas han (¡hemos!) estudiado y predicado durante décadas. Parece que ahora vale todo: cualquier político que desee aumentar el gasto, sólo tiene que explicar que la crisis actual se parece a la del 1929, pronunciar la frase mágica “como dijo Keynes” y ¡zas!, ya tiene carta blanca para dilapidar dinero.
¡Si! Ya sé que los libros de macroeconomía dicen que, durante las recesiones económicas, el déficit fiscal debe aumentar. Y también sé que se asocia esa expansión fiscal a los postulados Keynesianos (aunque, en realidad, todos los macroeconomistas, incluso los clásicos, promulgan la contra-ciclicalidad del déficit público). Lo que los textos no dicen, sin embargo, es que una crisis abre la puerta al dispendio ilimitado a indiscriminado por parte de la clase política. Y es que hay dos maneras de incrementar el déficit: una, aumentar el gasto público y dos, reducir impuestos para que quien amplíe el gasto sea el ciudadano.
¿Cuál de las dos opciones es preferible para luchar contra la crisis? Hay quien dice que la mejor política será la que tenga un mayor “multiplicador” y ejerza un impacto mayor sobre el PIB. Es decir, si aumentar el gasto en 10 mil millones genera un aumento del PIB de 20 y, en cambio, reducir los impuestos en 10 genera un aumento del PIB de 10, entonces dicen que el aumento del gasto es mejor que la rebaja de impuestos. Aunque este razonamiento es común, es incorrecto porque si lo que queremos es generar un aumento del PIB de 20, no hay nada que impida al gobierno reducir impuestos en 40 para conseguirlo.
Para evaluar qué política fiscal es mejor, hay que analizar dos aspectos clave. Por un lado, la eficiencia: incluso en épocas de crisis, los contribuyentes debemos asegurarnos de nuestro dinero no es derrochado. En este sentido, cuando se le da al gobierno la posibilidad de gastar, en seguida surgen ministros, diputados, presidentes de comunidad, alcaldes, y todo tipo de malgastadores patológicos que van a encontrar las maneras más pintorescas de despilfarrar nuestro dinero y que van a tomar decisiones, no con criterios de eficiencia económica sino con criterios políticos y electoralistas (para no ser acusados, por ejemplo, de hacer poco o nada). Eso hace que acaben adquiriendo cosas que no interesan a la gente sino a ellos mismos. Por el contrario, cuando se rebajan los impuestos son los propios ciudadanos los que deciden a dónde va a parar el dinero porque ellos son los que lo van a gastar. Según el primer criterio, pues, el recorte impositivo es superior al aumento del gasto público.
El segundo criterio a tener en cuenta es la inmediatez: ¿qué política tendrá un efecto más rápido sobre la economía? La inmediatez es importante porque las recesiones tienen una duración corta y una política fiscal anti-crisis que surja efecto después de la crisis es inútil. En este sentido, el aumento del gasto público en infraestructuras (como los 33.000 millones de inversión en transportes y medio ambiente propuesto por el gobierno español) requiere concursos públicos, adjudicación de obras, escrituras de contratos, negociación de comisiones (legales y de las otras), etc. Un proceso largo que fácilmente puede retrasar el gasto en años. Y puede que entonces sea demasiado tarde… a no ser que el gobierno lleve a cabo precisamente ese plan anti-crisis porque piensa que la recesión en España durará… pues eso, ¡años!
Algo parecido pasa con la reducción del IRPF: cuando los ciudadanos se den cuenta de que el gobierno les va a quitar menos dinero (y probablemente eso no pase hasta junio, cuando hagan la declaración final), la crisis ya puede haber terminado.
En cambio, una reducción del IVA no tiene el mismo problema: si mañana a las 10 mañana se eliminara el IVA, a las 10 y un minuto la gente vería que lo que antes les costaba 100 ahora les cuesta 90 por lo que los 10 restantes podrían ser utilizados para comprar otras cosas. Del mismo modo, las empresas que tiene que guardar dinero para pagar el IVA, de repente tendrían recursos para gastar. Una eliminación del IVA, pues, sería una transfusión directa e instantánea de dinero a las venas de la economía. La pregunta es: ¿cómo sabemos que los ciudadanos gastarían los euros resultantes de la rebaja impositiva en lugar de ahorrarlos? Pues la verdad es que no lo sabemos. Por esto mi propuesta de política fiscal sería la eliminación del IVA, pero no la eliminación permanente sino temporal. Es decir, se debería anunciar la desaparición del IVA durante el 2009 (o hasta que se acabe la crisis) y su reaparición en el futuro. De ese modo, los precios serán más bajos si y sólo si se gasta en los próximos meses. Eso induciría a los ciudadanos a gastar ahora, que es cuando se necesita. Resumiendo, tanto el argumento de la eficiencia como el de la inmediatez sugieren que la mejor política fiscal para luchar contra la crisis es la reducción o eliminación temporal del IVA.
El problema práctico que comporta eso es que la Unión Europea obliga a sus miembros a mantener un IVA mínimo del 15% por lo que la decisión se tiene que tomar en Bruselas. Pero bueno, quizá ha llegado el momento de que todos los mandarines europeos demuestren que no sólo son chupópteros del dinero ajeno que viven en el cementerio de elefantes políticos y tomen, por fin, una decisión útil y valiente que puede contribuir a amortiguar la crisis: eliminar temporalmente el IVA.
La Vanguardia, 17-12-2008
Una de las consecuencias trágicas de la presente crisis financiera es que se ha tirado por la borda todo lo que los economistas han (¡hemos!) estudiado y predicado durante décadas. Parece que ahora vale todo: cualquier político que desee aumentar el gasto, sólo tiene que explicar que la crisis actual se parece a la del 1929, pronunciar la frase mágica “como dijo Keynes” y ¡zas!, ya tiene carta blanca para dilapidar dinero.
¡Si! Ya sé que los libros de macroeconomía dicen que, durante las recesiones económicas, el déficit fiscal debe aumentar. Y también sé que se asocia esa expansión fiscal a los postulados Keynesianos (aunque, en realidad, todos los macroeconomistas, incluso los clásicos, promulgan la contra-ciclicalidad del déficit público). Lo que los textos no dicen, sin embargo, es que una crisis abre la puerta al dispendio ilimitado a indiscriminado por parte de la clase política. Y es que hay dos maneras de incrementar el déficit: una, aumentar el gasto público y dos, reducir impuestos para que quien amplíe el gasto sea el ciudadano.
¿Cuál de las dos opciones es preferible para luchar contra la crisis? Hay quien dice que la mejor política será la que tenga un mayor “multiplicador” y ejerza un impacto mayor sobre el PIB. Es decir, si aumentar el gasto en 10 mil millones genera un aumento del PIB de 20 y, en cambio, reducir los impuestos en 10 genera un aumento del PIB de 10, entonces dicen que el aumento del gasto es mejor que la rebaja de impuestos. Aunque este razonamiento es común, es incorrecto porque si lo que queremos es generar un aumento del PIB de 20, no hay nada que impida al gobierno reducir impuestos en 40 para conseguirlo.
Para evaluar qué política fiscal es mejor, hay que analizar dos aspectos clave. Por un lado, la eficiencia: incluso en épocas de crisis, los contribuyentes debemos asegurarnos de nuestro dinero no es derrochado. En este sentido, cuando se le da al gobierno la posibilidad de gastar, en seguida surgen ministros, diputados, presidentes de comunidad, alcaldes, y todo tipo de malgastadores patológicos que van a encontrar las maneras más pintorescas de despilfarrar nuestro dinero y que van a tomar decisiones, no con criterios de eficiencia económica sino con criterios políticos y electoralistas (para no ser acusados, por ejemplo, de hacer poco o nada). Eso hace que acaben adquiriendo cosas que no interesan a la gente sino a ellos mismos. Por el contrario, cuando se rebajan los impuestos son los propios ciudadanos los que deciden a dónde va a parar el dinero porque ellos son los que lo van a gastar. Según el primer criterio, pues, el recorte impositivo es superior al aumento del gasto público.
El segundo criterio a tener en cuenta es la inmediatez: ¿qué política tendrá un efecto más rápido sobre la economía? La inmediatez es importante porque las recesiones tienen una duración corta y una política fiscal anti-crisis que surja efecto después de la crisis es inútil. En este sentido, el aumento del gasto público en infraestructuras (como los 33.000 millones de inversión en transportes y medio ambiente propuesto por el gobierno español) requiere concursos públicos, adjudicación de obras, escrituras de contratos, negociación de comisiones (legales y de las otras), etc. Un proceso largo que fácilmente puede retrasar el gasto en años. Y puede que entonces sea demasiado tarde… a no ser que el gobierno lleve a cabo precisamente ese plan anti-crisis porque piensa que la recesión en España durará… pues eso, ¡años!
Algo parecido pasa con la reducción del IRPF: cuando los ciudadanos se den cuenta de que el gobierno les va a quitar menos dinero (y probablemente eso no pase hasta junio, cuando hagan la declaración final), la crisis ya puede haber terminado.
En cambio, una reducción del IVA no tiene el mismo problema: si mañana a las 10 mañana se eliminara el IVA, a las 10 y un minuto la gente vería que lo que antes les costaba 100 ahora les cuesta 90 por lo que los 10 restantes podrían ser utilizados para comprar otras cosas. Del mismo modo, las empresas que tiene que guardar dinero para pagar el IVA, de repente tendrían recursos para gastar. Una eliminación del IVA, pues, sería una transfusión directa e instantánea de dinero a las venas de la economía. La pregunta es: ¿cómo sabemos que los ciudadanos gastarían los euros resultantes de la rebaja impositiva en lugar de ahorrarlos? Pues la verdad es que no lo sabemos. Por esto mi propuesta de política fiscal sería la eliminación del IVA, pero no la eliminación permanente sino temporal. Es decir, se debería anunciar la desaparición del IVA durante el 2009 (o hasta que se acabe la crisis) y su reaparición en el futuro. De ese modo, los precios serán más bajos si y sólo si se gasta en los próximos meses. Eso induciría a los ciudadanos a gastar ahora, que es cuando se necesita. Resumiendo, tanto el argumento de la eficiencia como el de la inmediatez sugieren que la mejor política fiscal para luchar contra la crisis es la reducción o eliminación temporal del IVA.
El problema práctico que comporta eso es que la Unión Europea obliga a sus miembros a mantener un IVA mínimo del 15% por lo que la decisión se tiene que tomar en Bruselas. Pero bueno, quizá ha llegado el momento de que todos los mandarines europeos demuestren que no sólo son chupópteros del dinero ajeno que viven en el cementerio de elefantes políticos y tomen, por fin, una decisión útil y valiente que puede contribuir a amortiguar la crisis: eliminar temporalmente el IVA.
La Vanguardia, 17-12-2008
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Crisis
divendres, 5 de desembre del 2008
Crisis Financiera (4): Más Tranquilos
El último de una serie de 4 artículos de Xavier Sala-i-Martín.
Acabada la cumbre del G20 que debía servir para refundar el capitalismo parece que, de momento, lo único que se ha refundado es el ego de Sarkozy quien, al salir de la reunión, proclamó eufórico el comienzo del siglo XXI. Algo fumó ese señor que le produjo ese curioso estado de éxtasis porqué la reunión no resultó ser tan exitosa ni para él, ni para los otros defensores de la refundación como el presidente Zapatero.
Los líderes reunidos entendieron que la gravedad de la situación económica mundial no admitía uno de esos comunicados frívolos e inútiles que emiten normalmente y esta vez produjeron un documento con sustancia. El problema para Sarkozy y Zapatero es que, más que refundar, el documento reafirma su confianza en la economía de libre mercado, en la globalización y en la apertura de fronteras al movimiento de mercancías y capitales. También proclama que el sistema financiero debe ser regulado (como, de hecho, ya lo es) aunque cualifica que la regulación no debe impedir el dinamismo y la innovación tan necesarias para el crecimiento y la reducción de pobreza.
El escrito explica que las causas de la crisis fueron tres: los errores de las entidades financieras en sus políticas de gestión de riesgo, la complejidad y opacidad de los nuevos instrumentos financieros y la mala gestión de políticos, reguladores y supervisores, incapaces de seguir el ritmo de la innovación. En la declaración final, se rechaza el proteccionismo que tanto contribuyó a que la crisis financiera del 1929 se convirtiera en una gran depresión económica y se comprometieron a no subir aranceles en los próximos 12 meses.
A partir de ahí, el documento hace toda una serie de propuestas vagas: mayor coordinación internacional de política fiscal (aunque no concreta si será en forma de reducción de impuestos o aumento del gasto público o a qué se va a dedicar dicho gasto); el rescate del sistema financiero (pero no dice si se hará con compras de bonos tóxicos o compras de acciones de bancos); mayor transparencia, más estricta supervisión y mejor –no mayor- regulación (aunque no menciona explícitamente cómo debe cambiar la regulación). Se propone la reforma del Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional para dar más cabida a los países emergentes… aunque no queda claro a costa de quién esos países emergentes van a adquirir más poder. Yo veo muy contentos a españoles, franceses y europeos varios, pero tengo la impresión que la nueva arquitectura financiera internacional va a reflejar el hecho de que el centro económico del mundo ya no está en el Atlántico (a medio camino entre Estados Unidos y Europa) sino en el Pacífico (entre Estados Unidos y Asia).
Finalmente, la participación Española: el presidente Zapatero acudió a Washington sacando pecho y ondeando la bandera de la regulación española como ejemplo. El orgulloso presidente olvidó mencionar que, si bien la regulación evitó que la banca comprara bonos tóxicos subprime, no impidió que pusiera una gran cantidad de huevos en la cesta inmobiliario. Se estima que la deuda de las promotoras con la banca española asciende a 300.000 millones de euros (recuerden que eso es más de la mitad de todo el plan de rescate norteamericano). El sector inmobiliario debe pagar unos intereses de 20.000 millones de euros anuales y eso es un gran problema para la banca española porque, en la actualidad, las inmobiliarias tienen unos ingresos cercanos a… digamos… ¿cero? Es posible que en las próximas semanas el presidente Zapatero se tenga que comer la bandera del autobombo.
El discurso de Zapatero contenía aquel análisis primitivo que tanto gusta a la parroquia socialista. Ya saben, aquello de que “la crisis la ha causado la derecha y la solucionará la izquierda” y propuso limitar los salarios de los altos ejecutivos, por aquello de la injusticia y las desigualdades sociales. Kumbayá my lord. Lógicamente, todo el mundo se pegó un hartón de reír porque no hace falta haber superado el jardín de infancia para entender que la crisis financiera no se puede analizar bajo el arcaico prisma de izquierdas y derechas. Y alguien debería explicarle al señor Presidente que cuando los expertos hablan de cambiar el sistema de remuneración no lo hacen porque los ejecutivos cobran “demasiado” sino porque crea incentivos perversos. Si un ejecutivo fuera al casino con dinero de los accionistas y, en caso de ganar, él se quedara la mitad y, en caso de perder, pagaran los accionistas, los ejecutivos se pasarían el día en el casino. Y eso pondría en peligro la solidez del sistema bancario. Pues una cosa parecida pasa con el sistema de remuneración de verdad: cuando las cosas van bien, los ejecutivos cobran grandes bonos y cuando van mal, pagan los accionistas. Noten que el problema no es que la compensación sea demasiado alta sino que está diseñada de manera que incentiva a tomar decisiones excesivamente arriesgadas (como ir al casino). ¿Qué quedó del discurso de Zapatero en el documento final? Pues la verdad es que… ¡nada! El documento habla de la remuneración de los altos ejecutivos pero no menciona el tamaño de la remuneración sino de la necesidad de alinear los incentivos. Como tenía que ser.
Resumiendo, a pesar de que la reunión del G20 fue programada y anunciada a bombo y platillo por los refundadores anticapitalistas del capitalismo la verdad es que, después de la reunión, los que creemos en el sistema de mercado como única vía para progresar pudimos respirar… un poco más tranquilos.
La Vanguardia, X-11-2008
Acabada la cumbre del G20 que debía servir para refundar el capitalismo parece que, de momento, lo único que se ha refundado es el ego de Sarkozy quien, al salir de la reunión, proclamó eufórico el comienzo del siglo XXI. Algo fumó ese señor que le produjo ese curioso estado de éxtasis porqué la reunión no resultó ser tan exitosa ni para él, ni para los otros defensores de la refundación como el presidente Zapatero.
Los líderes reunidos entendieron que la gravedad de la situación económica mundial no admitía uno de esos comunicados frívolos e inútiles que emiten normalmente y esta vez produjeron un documento con sustancia. El problema para Sarkozy y Zapatero es que, más que refundar, el documento reafirma su confianza en la economía de libre mercado, en la globalización y en la apertura de fronteras al movimiento de mercancías y capitales. También proclama que el sistema financiero debe ser regulado (como, de hecho, ya lo es) aunque cualifica que la regulación no debe impedir el dinamismo y la innovación tan necesarias para el crecimiento y la reducción de pobreza.
El escrito explica que las causas de la crisis fueron tres: los errores de las entidades financieras en sus políticas de gestión de riesgo, la complejidad y opacidad de los nuevos instrumentos financieros y la mala gestión de políticos, reguladores y supervisores, incapaces de seguir el ritmo de la innovación. En la declaración final, se rechaza el proteccionismo que tanto contribuyó a que la crisis financiera del 1929 se convirtiera en una gran depresión económica y se comprometieron a no subir aranceles en los próximos 12 meses.
A partir de ahí, el documento hace toda una serie de propuestas vagas: mayor coordinación internacional de política fiscal (aunque no concreta si será en forma de reducción de impuestos o aumento del gasto público o a qué se va a dedicar dicho gasto); el rescate del sistema financiero (pero no dice si se hará con compras de bonos tóxicos o compras de acciones de bancos); mayor transparencia, más estricta supervisión y mejor –no mayor- regulación (aunque no menciona explícitamente cómo debe cambiar la regulación). Se propone la reforma del Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional para dar más cabida a los países emergentes… aunque no queda claro a costa de quién esos países emergentes van a adquirir más poder. Yo veo muy contentos a españoles, franceses y europeos varios, pero tengo la impresión que la nueva arquitectura financiera internacional va a reflejar el hecho de que el centro económico del mundo ya no está en el Atlántico (a medio camino entre Estados Unidos y Europa) sino en el Pacífico (entre Estados Unidos y Asia).
Finalmente, la participación Española: el presidente Zapatero acudió a Washington sacando pecho y ondeando la bandera de la regulación española como ejemplo. El orgulloso presidente olvidó mencionar que, si bien la regulación evitó que la banca comprara bonos tóxicos subprime, no impidió que pusiera una gran cantidad de huevos en la cesta inmobiliario. Se estima que la deuda de las promotoras con la banca española asciende a 300.000 millones de euros (recuerden que eso es más de la mitad de todo el plan de rescate norteamericano). El sector inmobiliario debe pagar unos intereses de 20.000 millones de euros anuales y eso es un gran problema para la banca española porque, en la actualidad, las inmobiliarias tienen unos ingresos cercanos a… digamos… ¿cero? Es posible que en las próximas semanas el presidente Zapatero se tenga que comer la bandera del autobombo.
El discurso de Zapatero contenía aquel análisis primitivo que tanto gusta a la parroquia socialista. Ya saben, aquello de que “la crisis la ha causado la derecha y la solucionará la izquierda” y propuso limitar los salarios de los altos ejecutivos, por aquello de la injusticia y las desigualdades sociales. Kumbayá my lord. Lógicamente, todo el mundo se pegó un hartón de reír porque no hace falta haber superado el jardín de infancia para entender que la crisis financiera no se puede analizar bajo el arcaico prisma de izquierdas y derechas. Y alguien debería explicarle al señor Presidente que cuando los expertos hablan de cambiar el sistema de remuneración no lo hacen porque los ejecutivos cobran “demasiado” sino porque crea incentivos perversos. Si un ejecutivo fuera al casino con dinero de los accionistas y, en caso de ganar, él se quedara la mitad y, en caso de perder, pagaran los accionistas, los ejecutivos se pasarían el día en el casino. Y eso pondría en peligro la solidez del sistema bancario. Pues una cosa parecida pasa con el sistema de remuneración de verdad: cuando las cosas van bien, los ejecutivos cobran grandes bonos y cuando van mal, pagan los accionistas. Noten que el problema no es que la compensación sea demasiado alta sino que está diseñada de manera que incentiva a tomar decisiones excesivamente arriesgadas (como ir al casino). ¿Qué quedó del discurso de Zapatero en el documento final? Pues la verdad es que… ¡nada! El documento habla de la remuneración de los altos ejecutivos pero no menciona el tamaño de la remuneración sino de la necesidad de alinear los incentivos. Como tenía que ser.
Resumiendo, a pesar de que la reunión del G20 fue programada y anunciada a bombo y platillo por los refundadores anticapitalistas del capitalismo la verdad es que, después de la reunión, los que creemos en el sistema de mercado como única vía para progresar pudimos respirar… un poco más tranquilos.
La Vanguardia, X-11-2008
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Crisis
dijous, 4 de desembre del 2008
Crisis Financiera (3): Neo-Intervencionismo
El tercero de Xavier Sala-i-Martí.
Parece que se ven luces al final del túnel de la crisis. Lamentablemente, se trata de los faros de un camión que viene de cara. Un camión conducido por Sarkozy y un grupo de políticos neo-intervencionistas, con Rodríguez Zapatero de polizonte, que dicen querer “refundar” el capitalismo.
Dejando de lado el hecho de que el capitalismo ni lo fundan ni lo refundan los políticos sino los millones de ciudadanos que tomamos decisiones libres diariamente (ésa es la gran diferencia con aquellos sistemas económicos fracasados que fueron creados desde el estado), los neo-intervencionistas operan bajo dos premisas falsas: La primera es que la crisis financiera ha sido causada por la falta de regulación. En el artículo Crisis (1): Qué ha pasado (LV 13 de Octubre), expliqué que las causas deben ser buscadas en la política monetaria de bajos tipos de interés de Greenspan en el 2001, en la intromisión del congreso norteamericano que indujo a entidades semi-públicas como Freddie Mac y Fannie Mae a asegurar créditos a familias subprime y a una regulación financiera , basada en la convención de Basilea, que permitía a los bancos crear entidades paralelas, los “conduits”, con balances separados (cosa que permitió a los bancos multiplicar los créditos concedidos de manera ilimitada) y que obligaba a los bancos a sacarse los créditos de encima cuando el valor de sus garantías bajaba, cosa que provocó la espiral negativa de ventas y caídas en bolsa. La crisis, pues, no fue causada por falta de regulación. La regulación existía y existe pero, no sólo no ha evitado la crisis sino que ha contribuido a generarla y agravarla.
La pregunta clave es: ¿por qué ha fallado la regulación existente? La respuesta es que los políticos que escriben las reglas son incapaces de prever por dónde vienen las crisis. Es muy fácil criticar al entrenador el lunes por la mañana. Y es muy fácil ahora reescribir las normas de Basilea, obligar a que las contabilidades de los bancos y los “conduits” se hagan de manera conjunta, forzar a que la valoración de capital no se haga a valor de mercado para no obligar a vender cuando la cotización baja. El problema es que todo eso será demasiado tarde para solucionar la crisis del presente… y no resolverá las del futuro. Porque las próximas crisis ni van estar causadas por familias subprime, ni van a tener que ver con “conduits” o “credit default swaps”. ¿Por dónde van a venir? Pues no lo sé. Nadie lo sabe. ¡Ése es el problema!
La segunda premisa es que los neo-intervencionistas piensan que se puede evaluar la bondad de un sistema económico analizando sólo las crisis e ignorando sus aspectos positivos. El sistema económico que se quiere reformar ha dado lugar el crecimiento económico mundial más espectacular de la historia. Desde Estados Unidos hasta China, pasando por India, América Latina e incluso África, ese progreso económico sin precedentes ha permitido reducir las tasas de pobreza como nunca antes había sucedido en toda la historia de la humanidad.
Si no se tiene en cuenta la parte positiva, corremos el riesgo de que los neo-intervencionistas “refunden” el capitalismo para evitar crisis pasadas, que no lo consigan y que, en el proceso, se carguen algunos los motores del progreso. Y es que la razón principal que explica el fuerte crecimiento de los últimos años es la innovación llevada a cabo por miles de pequeños emprendedores cuyas ideas debían parecer locuras antes de hacerse realidad: desde Microsoft hasta Intel, pasando por Google, Starbucks, docenas de empresas de telefonía móvil o Youtube, las ideas de todos esos emprendedores debían parecer tan “excéntricas” que ningún banco tradicional las hubiera querido financiar. Gracias a Dios, además de bancos tradicionales el sistema había creado instrumentos que permitían financiar empresas de alto riesgo, y eso posibilitó el progreso tecnológico.
Un micro-cosmos que refleja las ventajas e inconvenientes de la regulación lo tenemos en España, cuyo sistema financiero ha sido alabado por su rigidez reguladora. Sí. Es cierto que el Banco de España impidió a los bancos comprar activos tóxicos, cosa que evitó el contagio procedente de Estados Unidos. Pero también es cierto que no previó que la crisis en España llegaría por otro lado y permitió que los bancos se expusieran exageradamente al sector inmobiliario… y ahora eso lo van a pagar. Es más, la extrema prudencia impuesta al sistema financiero contribuyó a que la tasa de innovación en España fuera preocupantemente baja al no poder asumir los riesgos necesarios para financiar nuevas y arriesgadas tecnologías. Dicho de otro modo: si Sergey Brinn y Larry Page hubieran sido españoles, Google nunca hubiera sido una realidad porque ningún banco español hubiera financiado una idea tan aventurada. España ha podido disfrutar de progreso tecnológico única y exclusivamente porque ese progreso tuvo lugar en el extranjero. Si no fuera por ello, España estaría anclada en 1970. Y, si como algunos proponen ahora, todo el mundo tuviera el sistema financiero español, quizá hubiéramos evitado la crisis de las subprime, pero el mundo entero estaría anclado en 1970. Y eso hubiera sido muy malo.
La crisis financiera será pasajera, pero sus secuelas pueden ser catastróficas y permanentes si dejamos que la batalla intelectual sea ganada por los políticos que conducen ese camión que nos viene de cara y que aprovecharán la ocasión para imponernos sus fobias antiliberales sin tener en cuenta los peligros del neo-intervencionismo.
La Vanguardia, 17-11-2008
Parece que se ven luces al final del túnel de la crisis. Lamentablemente, se trata de los faros de un camión que viene de cara. Un camión conducido por Sarkozy y un grupo de políticos neo-intervencionistas, con Rodríguez Zapatero de polizonte, que dicen querer “refundar” el capitalismo.
Dejando de lado el hecho de que el capitalismo ni lo fundan ni lo refundan los políticos sino los millones de ciudadanos que tomamos decisiones libres diariamente (ésa es la gran diferencia con aquellos sistemas económicos fracasados que fueron creados desde el estado), los neo-intervencionistas operan bajo dos premisas falsas: La primera es que la crisis financiera ha sido causada por la falta de regulación. En el artículo Crisis (1): Qué ha pasado (LV 13 de Octubre), expliqué que las causas deben ser buscadas en la política monetaria de bajos tipos de interés de Greenspan en el 2001, en la intromisión del congreso norteamericano que indujo a entidades semi-públicas como Freddie Mac y Fannie Mae a asegurar créditos a familias subprime y a una regulación financiera , basada en la convención de Basilea, que permitía a los bancos crear entidades paralelas, los “conduits”, con balances separados (cosa que permitió a los bancos multiplicar los créditos concedidos de manera ilimitada) y que obligaba a los bancos a sacarse los créditos de encima cuando el valor de sus garantías bajaba, cosa que provocó la espiral negativa de ventas y caídas en bolsa. La crisis, pues, no fue causada por falta de regulación. La regulación existía y existe pero, no sólo no ha evitado la crisis sino que ha contribuido a generarla y agravarla.
La pregunta clave es: ¿por qué ha fallado la regulación existente? La respuesta es que los políticos que escriben las reglas son incapaces de prever por dónde vienen las crisis. Es muy fácil criticar al entrenador el lunes por la mañana. Y es muy fácil ahora reescribir las normas de Basilea, obligar a que las contabilidades de los bancos y los “conduits” se hagan de manera conjunta, forzar a que la valoración de capital no se haga a valor de mercado para no obligar a vender cuando la cotización baja. El problema es que todo eso será demasiado tarde para solucionar la crisis del presente… y no resolverá las del futuro. Porque las próximas crisis ni van estar causadas por familias subprime, ni van a tener que ver con “conduits” o “credit default swaps”. ¿Por dónde van a venir? Pues no lo sé. Nadie lo sabe. ¡Ése es el problema!
La segunda premisa es que los neo-intervencionistas piensan que se puede evaluar la bondad de un sistema económico analizando sólo las crisis e ignorando sus aspectos positivos. El sistema económico que se quiere reformar ha dado lugar el crecimiento económico mundial más espectacular de la historia. Desde Estados Unidos hasta China, pasando por India, América Latina e incluso África, ese progreso económico sin precedentes ha permitido reducir las tasas de pobreza como nunca antes había sucedido en toda la historia de la humanidad.
Si no se tiene en cuenta la parte positiva, corremos el riesgo de que los neo-intervencionistas “refunden” el capitalismo para evitar crisis pasadas, que no lo consigan y que, en el proceso, se carguen algunos los motores del progreso. Y es que la razón principal que explica el fuerte crecimiento de los últimos años es la innovación llevada a cabo por miles de pequeños emprendedores cuyas ideas debían parecer locuras antes de hacerse realidad: desde Microsoft hasta Intel, pasando por Google, Starbucks, docenas de empresas de telefonía móvil o Youtube, las ideas de todos esos emprendedores debían parecer tan “excéntricas” que ningún banco tradicional las hubiera querido financiar. Gracias a Dios, además de bancos tradicionales el sistema había creado instrumentos que permitían financiar empresas de alto riesgo, y eso posibilitó el progreso tecnológico.
Un micro-cosmos que refleja las ventajas e inconvenientes de la regulación lo tenemos en España, cuyo sistema financiero ha sido alabado por su rigidez reguladora. Sí. Es cierto que el Banco de España impidió a los bancos comprar activos tóxicos, cosa que evitó el contagio procedente de Estados Unidos. Pero también es cierto que no previó que la crisis en España llegaría por otro lado y permitió que los bancos se expusieran exageradamente al sector inmobiliario… y ahora eso lo van a pagar. Es más, la extrema prudencia impuesta al sistema financiero contribuyó a que la tasa de innovación en España fuera preocupantemente baja al no poder asumir los riesgos necesarios para financiar nuevas y arriesgadas tecnologías. Dicho de otro modo: si Sergey Brinn y Larry Page hubieran sido españoles, Google nunca hubiera sido una realidad porque ningún banco español hubiera financiado una idea tan aventurada. España ha podido disfrutar de progreso tecnológico única y exclusivamente porque ese progreso tuvo lugar en el extranjero. Si no fuera por ello, España estaría anclada en 1970. Y, si como algunos proponen ahora, todo el mundo tuviera el sistema financiero español, quizá hubiéramos evitado la crisis de las subprime, pero el mundo entero estaría anclado en 1970. Y eso hubiera sido muy malo.
La crisis financiera será pasajera, pero sus secuelas pueden ser catastróficas y permanentes si dejamos que la batalla intelectual sea ganada por los políticos que conducen ese camión que nos viene de cara y que aprovecharán la ocasión para imponernos sus fobias antiliberales sin tener en cuenta los peligros del neo-intervencionismo.
La Vanguardia, 17-11-2008
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dimarts, 2 de desembre del 2008
Crisis Financiera (2): 1929
Un nuevo artículo de Xavier Sala i Martín.
La crisis financiera global ha sembrado el pánico sobre el estado de la economía global. Muchos analistas comparan la situación con la gran depresión de 1929. Se nos recuerdan episodios de inversores lanzándose por las ventanas en Wall Street y colas de norteamericanos hambrientos mendigando por las calles de New York. Incluso mi colega de Columbia, Joe Stiglitz, ha dicho que la caída de Wall Street es al capitalismo lo que la caída del muro de Berlín fue al comunismo. Las palabras de Stiglitz son una gran contribución intelectual al debate, porque demuestran de una vez por todas que la obtención del premio Nobel no vacuna al galardonado contra la capacidad de decir tonterías.
A ver, seamos serios: ni esta crisis financiera representa el final del capitalismo ni estamos ante una nueva gran depresión. La situación actual se parece a la del 29 en dos aspectos esenciales. El primero es que las bolsas han caído. Si. ¿Y qué? Mucha gente ha perdido dinero y eso es triste. Pero e ahí a que se avecine una gran depresión media un abismo. Estadísticamente, los movimientos a corto plazo de las bolsas no reflejan el estado real de la economía, especialmente durante episodios como los actuales, en que los inversores de bolsa han entrado en un estado de histeria que les impide ver las cosas con claridad.
Dicho esto, existen seis grandes diferencias entre la crisis del 1929 y la actual. Primera, en 1929 los depósitos bancarios no estaban asegurados. Cuando empezó la crisis, todas las familias corrieron a buscar sus ahorros a sus bancos. Éstos, lógicamente, no tenían el dinero porque lo habían prestado (ese es, precisamente, su negocio), por lo que devolvieron lo que pudieron y cuando se quedaron sin recursos cerraron las puertas. Millones de americanos perdieron sus ahorros. Nada de eso va a ocurrir en 2008 porque los depósitos están asegurados, precisamente, gracias a la lección de 1929.
Segunda, en 1929 el sistema monetario se basaba en el patrón oro, que impedía que la Reserva Federal (FED) aumentara la liquidez del sistema si no aumentaban previamente sus reservas de ese metal. Como el oro en manos de la FED no aumentó, ésta no pudo imprimir el dinero que desaparecía por culpa de las quiebras bancarias. En 2008, los bancos centrales de todo el mundo están imprimiendo dinero para dotar al sistema financiero de liquidez.
Tercera, en 1929 había deflación y los precios y salarios bajaban continuamente. Eso hizo que las deudas familiares fueran inasumibles: si uno tiene una deuda de 100 y un salario de 300, uno puede pagar. Pero si el salario baja a 100 y la deuda sigue siendo la misma, uno acaba por no poder pagar. Eso agravó los problemas financieros de los bancos. En 2008 no sólo no hay deflación sino que hay inflación.
Cuarta, la renta per cápita de los Estados Unidos en 1929 era de unos 6.000 dólares (en precios actuales). Hoy está por encima de los 36.000 dólares. Una caída de la renta de un 25% cuando ganas 6.000 plantea problemas serios de hambrunas. La misma caída cuando ganas 36.000 es un problema, pero no genera desastres humanitarios.
Quinta, la reacción de los Estados Unidos ante la crisis del 1929 fue la de culpar a los extranjeros y promover las compras de productos americanos poniendo aranceles a las importaciones (la tristemente célebre Smooth-Hawley tariff). Naturalmente, la reacción de los extranjeros fue la de poner aranceles a los productos americanos, lo que desencadenó una guerra comercial que perjudicó a todos. En la actualidad, a pesar de que queda algún globófobo trasnochado (y peludo), no existen economistas documentados que propongan el proteccionismo como la salida a la crisis.
Y sexta, y más importante, existe un dato en el que casi nadie se fija pero que es clave: la tasa de retorno de las inversiones del sector no financiero. En el año 1929, esa tasa era de 0,5%. Es decir, en 1929, si uno invertía un dólar fuera del sector bancario, uno obtenía un retorno casi nulo. En 2008, el retorno de la inversión en sectores no financieros es del… ¡10%! Para que se hagan una idea, la tasa de retorno media de los últimos 50 años ha sido del 7%. Este dato es muy, pero que muy importante, porque si bien el crecimiento económico de un país no viene precedido de aumentos de la bolsa, sí viene precedido de… ¡elevadas tasas de retorno en el sector no financiero! Para entendernos: mientras Wall Street ha hecho sus locuras financieras, Sillicon Valley ha seguido innovando y eso, a la larga, es lo que determina el crecimiento de la economía. Eso quiere decir que, cuando los financieros recuperen la cordura, el capitalismo no sólo no desaparecerá sino que la economía Americana saldrá disparada hacia una nueva senda de crecimiento.
¡Ah! Casi me olvidaba. Les decía que había dos factores que hacían que la crisis del 1929 y la actual fueran parecidas. Una ya se la he comentado: las bolsas se desplomaron. La segunda: los gobiernos no se enteran de nada. Uno se queda de atónito cuando el gobierno aprueba un plan de 700.000 millones para comprar los activos tóxicos de los bancos y una semana después decide que el dinero se utilizará para comprar acciones. Y uno se queda todavía más petrificado cuando ve que la explicación que dan de este cambio es que … ¡la bolsa ha reaccionado negativamente! Que los periodistas confundan la bolsa con la economía tiene un pase. Pero que el gobierno utiliza la bolsa para decidir su política económica es una locura que demuestra que anda totalmente perdido. Tan perdido como el del 1929.
La Vanguardia, 17-10-2008
La crisis financiera global ha sembrado el pánico sobre el estado de la economía global. Muchos analistas comparan la situación con la gran depresión de 1929. Se nos recuerdan episodios de inversores lanzándose por las ventanas en Wall Street y colas de norteamericanos hambrientos mendigando por las calles de New York. Incluso mi colega de Columbia, Joe Stiglitz, ha dicho que la caída de Wall Street es al capitalismo lo que la caída del muro de Berlín fue al comunismo. Las palabras de Stiglitz son una gran contribución intelectual al debate, porque demuestran de una vez por todas que la obtención del premio Nobel no vacuna al galardonado contra la capacidad de decir tonterías.
A ver, seamos serios: ni esta crisis financiera representa el final del capitalismo ni estamos ante una nueva gran depresión. La situación actual se parece a la del 29 en dos aspectos esenciales. El primero es que las bolsas han caído. Si. ¿Y qué? Mucha gente ha perdido dinero y eso es triste. Pero e ahí a que se avecine una gran depresión media un abismo. Estadísticamente, los movimientos a corto plazo de las bolsas no reflejan el estado real de la economía, especialmente durante episodios como los actuales, en que los inversores de bolsa han entrado en un estado de histeria que les impide ver las cosas con claridad.
Dicho esto, existen seis grandes diferencias entre la crisis del 1929 y la actual. Primera, en 1929 los depósitos bancarios no estaban asegurados. Cuando empezó la crisis, todas las familias corrieron a buscar sus ahorros a sus bancos. Éstos, lógicamente, no tenían el dinero porque lo habían prestado (ese es, precisamente, su negocio), por lo que devolvieron lo que pudieron y cuando se quedaron sin recursos cerraron las puertas. Millones de americanos perdieron sus ahorros. Nada de eso va a ocurrir en 2008 porque los depósitos están asegurados, precisamente, gracias a la lección de 1929.
Segunda, en 1929 el sistema monetario se basaba en el patrón oro, que impedía que la Reserva Federal (FED) aumentara la liquidez del sistema si no aumentaban previamente sus reservas de ese metal. Como el oro en manos de la FED no aumentó, ésta no pudo imprimir el dinero que desaparecía por culpa de las quiebras bancarias. En 2008, los bancos centrales de todo el mundo están imprimiendo dinero para dotar al sistema financiero de liquidez.
Tercera, en 1929 había deflación y los precios y salarios bajaban continuamente. Eso hizo que las deudas familiares fueran inasumibles: si uno tiene una deuda de 100 y un salario de 300, uno puede pagar. Pero si el salario baja a 100 y la deuda sigue siendo la misma, uno acaba por no poder pagar. Eso agravó los problemas financieros de los bancos. En 2008 no sólo no hay deflación sino que hay inflación.
Cuarta, la renta per cápita de los Estados Unidos en 1929 era de unos 6.000 dólares (en precios actuales). Hoy está por encima de los 36.000 dólares. Una caída de la renta de un 25% cuando ganas 6.000 plantea problemas serios de hambrunas. La misma caída cuando ganas 36.000 es un problema, pero no genera desastres humanitarios.
Quinta, la reacción de los Estados Unidos ante la crisis del 1929 fue la de culpar a los extranjeros y promover las compras de productos americanos poniendo aranceles a las importaciones (la tristemente célebre Smooth-Hawley tariff). Naturalmente, la reacción de los extranjeros fue la de poner aranceles a los productos americanos, lo que desencadenó una guerra comercial que perjudicó a todos. En la actualidad, a pesar de que queda algún globófobo trasnochado (y peludo), no existen economistas documentados que propongan el proteccionismo como la salida a la crisis.
Y sexta, y más importante, existe un dato en el que casi nadie se fija pero que es clave: la tasa de retorno de las inversiones del sector no financiero. En el año 1929, esa tasa era de 0,5%. Es decir, en 1929, si uno invertía un dólar fuera del sector bancario, uno obtenía un retorno casi nulo. En 2008, el retorno de la inversión en sectores no financieros es del… ¡10%! Para que se hagan una idea, la tasa de retorno media de los últimos 50 años ha sido del 7%. Este dato es muy, pero que muy importante, porque si bien el crecimiento económico de un país no viene precedido de aumentos de la bolsa, sí viene precedido de… ¡elevadas tasas de retorno en el sector no financiero! Para entendernos: mientras Wall Street ha hecho sus locuras financieras, Sillicon Valley ha seguido innovando y eso, a la larga, es lo que determina el crecimiento de la economía. Eso quiere decir que, cuando los financieros recuperen la cordura, el capitalismo no sólo no desaparecerá sino que la economía Americana saldrá disparada hacia una nueva senda de crecimiento.
¡Ah! Casi me olvidaba. Les decía que había dos factores que hacían que la crisis del 1929 y la actual fueran parecidas. Una ya se la he comentado: las bolsas se desplomaron. La segunda: los gobiernos no se enteran de nada. Uno se queda de atónito cuando el gobierno aprueba un plan de 700.000 millones para comprar los activos tóxicos de los bancos y una semana después decide que el dinero se utilizará para comprar acciones. Y uno se queda todavía más petrificado cuando ve que la explicación que dan de este cambio es que … ¡la bolsa ha reaccionado negativamente! Que los periodistas confundan la bolsa con la economía tiene un pase. Pero que el gobierno utiliza la bolsa para decidir su política económica es una locura que demuestra que anda totalmente perdido. Tan perdido como el del 1929.
La Vanguardia, 17-10-2008
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Crisis
dilluns, 1 de desembre del 2008
Crisis Financiera (1): qué ha pasado
Aquí os dejo el primer artículo sobre la crisis de Xavier Sala i Martín, que publicó en La Vanguardia en octubre de este año. Un poquito de economía, y recordad el dicho, "el pueblo que no recuerda su historia está condenada a repetirla."
La tormenta perfecta sigue su curso inexorable y todos nos preguntamos cuál es la solución. Antes de hablar de remedios, es importante saber qué ha pasado porque, sin un diagnóstico correcto, no hay soluciones acertadas.
Todo empezó en 2001, cuando Alan Greenspan quiso evitar el colapso de la bolsa tras el fiasco de las punto.com reduciendo los tipos de interés desde 6,5% al 2,5% en menos de un año. Con esos tipos tan bajos, los bancos, que viven de prestar dinero a cambio de un interés, buscaron rentabilidad en familias con pocos ingresos y con una alta probabilidad de no poder devolver la hipoteca, familias llamadas “subprime”. Al tener un riesgo superior, esas familias pagaban un interés más alto, aunque los bancos pensaron que el peligro quedaba mitigado por el hecho de que el precio de sus viviendas estaba subiendo: si algún día tienen problemas, pensaron, las familias podrán vender la casa a un precio superior al de la hipoteca, cosa que les permitirá devolver el dinero.
Pero los márgenes que podían cobrar eran tan pequeños que, para obtener rentabilidad, tenían que multiplicar el volumen. El problema es que el número de hipotecas que podían dar estaba limitado por la regulación de Basilea que impide que los créditos concedidos por un banco sobrepasen una determinada proporción de su capital. Curiosamente, lo que sí permite esa regulación es que los bancos creen unos fondos de inversión paralelos (llamados “conduits”) que compren sus créditos. Y así lo hicieron: los “conduits” pedían prestado, compraban las hipotecas a los bancos y éstos recuperaban el dinero. Al haber desaparecido el crédito de sus balances (y al permitir la regulación de Basilea que la contabilidad del banco y la “conduit” se hiciera separadamente), los bancos podían volver a prestar el mismo dinero una y otra vez, ampliando de esta manera el negocio.
Los “conduits”, a su vez, cogían las hipotecas, las reempaquetaban (en lenguaje sofisticado, “titularizaban”) de maneras tan complejas que conseguían ratings de AAA que indicaban un riesgo mínimo y las vendían a bancos de inversión. Para facilitar la operación, incluso obtenían seguros con nombres pomposos como “credit default swaps”. Los bancos de inversión, a su vez, utilizaban esos activos como garantía para pedir créditos adicionales y apalancar más operaciones financieras, creando así una enorme bola de nieve de activos que, por muy sofisticados que fueran, tenían como garantía última las hipotecas de las familias subprime.
Y todo iba eso muy bien mientras el precio de la vivienda subía. Pero llegó un día en que dejó de subir. Las familias que habían pedido prestados 100.000 dólares vieron que su casa sólo valía 60.000 y tuvieron que tomar una decisión: devolver una casa de 60.000 o devolver una hipoteca de 100.000. No hay que ser muy listo para ver que, si la regulación permite escoger, muchos devolverán la casa y no pagarán la hipoteca. Y resulta que la regulación permitía escoger y, por lo tanto, decidieron no pagar: la morosidad se disparó y todos los activos garantizados por esas hipotecas empezaron a perder su valor y a ser catalogados de ‘tóxicos’. El problema es que habían sido re-titularizados tantas veces que nadie sabía ni cuántos activos tóxicos había ni quién los tenía. Eso creó una desconfianza entre bancos que hizo que dejaran de prestarse dinero unos a otros. Los tipos de interés interbancarios (como el Euríbor) se dispararon y, con ellos, los pagos mensuales de millones de familias que dejaron de poder pagar sus hipotecas. La morosidad aumentó, no ya entre las familias subprimes sino entre todas las familias del mundo. Las aseguradoras tuvieron que desembolsar lo asegurado… pero no tenían dinero suficiente por lo que fueron las primeras en quebrar. Sus nombres: Bear Sterns, Freddie Mac, Fannie Mae y AIG. ¿Les suenan?
Y aquí volvió a aparecer la regulación de Basilea: los bancos de inversión como Merril Lynch o Lehman Brothers habían utilizado esos bonos que ahora eran tóxicos como garantía financiera y la regulación decía que, cuando el valor de esas garantías bajara, los bancos estaban obligados a deshacerse de otros activos y utilizar el dinero para reponer la garantía perdida. El problema es que eso pasaba justo en el momento en el que nadie quería comprar esos activos a precios razonables. Pero como estaban obligados a vender, vendieron. Eso sí… ¡a precio de saldo! Eso aumentó sus pérdidas, cosa que redujo la cotización de sus activos, cosa que les obligó a vender más, cosa que les aumentó sus pérdidas,… y así sucesivamente en una espiral negativa de pérdidas y caídas de cotización que les llevó a la quiebra. El pánico financiero estaba servido.
Lo que nos lleva al momento actual: la desconfianza, el pánico y la descapitalización de los bancos están haciendo que, no sólo dejen de prestar a otros bancos sino que dejen de prestar a empresas no financieras de todo el mundo. Inversiones en el sector hospitalario en Alemania o el de la alimentación en Colombia no se llevan a cabo por falta de financiación. La actividad económica cae, los puestos de trabajo desaparecen y lo que empezó como un problema hipotecario en Estados Unidos se está contagiando a la economía real del mundo entero. La ciudadanía pide a sus gobiernos que actúen. Las erráticas políticas públicas que proponen, sin embargo, demuestran que no saben qué hacen, lo cual genera más desconfianza y agrava la situación. De eso hablaremos en un próximo artículo. De momento, esto es lo que ha pasado.
La Vanguardia, X-10-2008
La tormenta perfecta sigue su curso inexorable y todos nos preguntamos cuál es la solución. Antes de hablar de remedios, es importante saber qué ha pasado porque, sin un diagnóstico correcto, no hay soluciones acertadas.
Todo empezó en 2001, cuando Alan Greenspan quiso evitar el colapso de la bolsa tras el fiasco de las punto.com reduciendo los tipos de interés desde 6,5% al 2,5% en menos de un año. Con esos tipos tan bajos, los bancos, que viven de prestar dinero a cambio de un interés, buscaron rentabilidad en familias con pocos ingresos y con una alta probabilidad de no poder devolver la hipoteca, familias llamadas “subprime”. Al tener un riesgo superior, esas familias pagaban un interés más alto, aunque los bancos pensaron que el peligro quedaba mitigado por el hecho de que el precio de sus viviendas estaba subiendo: si algún día tienen problemas, pensaron, las familias podrán vender la casa a un precio superior al de la hipoteca, cosa que les permitirá devolver el dinero.
Pero los márgenes que podían cobrar eran tan pequeños que, para obtener rentabilidad, tenían que multiplicar el volumen. El problema es que el número de hipotecas que podían dar estaba limitado por la regulación de Basilea que impide que los créditos concedidos por un banco sobrepasen una determinada proporción de su capital. Curiosamente, lo que sí permite esa regulación es que los bancos creen unos fondos de inversión paralelos (llamados “conduits”) que compren sus créditos. Y así lo hicieron: los “conduits” pedían prestado, compraban las hipotecas a los bancos y éstos recuperaban el dinero. Al haber desaparecido el crédito de sus balances (y al permitir la regulación de Basilea que la contabilidad del banco y la “conduit” se hiciera separadamente), los bancos podían volver a prestar el mismo dinero una y otra vez, ampliando de esta manera el negocio.
Los “conduits”, a su vez, cogían las hipotecas, las reempaquetaban (en lenguaje sofisticado, “titularizaban”) de maneras tan complejas que conseguían ratings de AAA que indicaban un riesgo mínimo y las vendían a bancos de inversión. Para facilitar la operación, incluso obtenían seguros con nombres pomposos como “credit default swaps”. Los bancos de inversión, a su vez, utilizaban esos activos como garantía para pedir créditos adicionales y apalancar más operaciones financieras, creando así una enorme bola de nieve de activos que, por muy sofisticados que fueran, tenían como garantía última las hipotecas de las familias subprime.
Y todo iba eso muy bien mientras el precio de la vivienda subía. Pero llegó un día en que dejó de subir. Las familias que habían pedido prestados 100.000 dólares vieron que su casa sólo valía 60.000 y tuvieron que tomar una decisión: devolver una casa de 60.000 o devolver una hipoteca de 100.000. No hay que ser muy listo para ver que, si la regulación permite escoger, muchos devolverán la casa y no pagarán la hipoteca. Y resulta que la regulación permitía escoger y, por lo tanto, decidieron no pagar: la morosidad se disparó y todos los activos garantizados por esas hipotecas empezaron a perder su valor y a ser catalogados de ‘tóxicos’. El problema es que habían sido re-titularizados tantas veces que nadie sabía ni cuántos activos tóxicos había ni quién los tenía. Eso creó una desconfianza entre bancos que hizo que dejaran de prestarse dinero unos a otros. Los tipos de interés interbancarios (como el Euríbor) se dispararon y, con ellos, los pagos mensuales de millones de familias que dejaron de poder pagar sus hipotecas. La morosidad aumentó, no ya entre las familias subprimes sino entre todas las familias del mundo. Las aseguradoras tuvieron que desembolsar lo asegurado… pero no tenían dinero suficiente por lo que fueron las primeras en quebrar. Sus nombres: Bear Sterns, Freddie Mac, Fannie Mae y AIG. ¿Les suenan?
Y aquí volvió a aparecer la regulación de Basilea: los bancos de inversión como Merril Lynch o Lehman Brothers habían utilizado esos bonos que ahora eran tóxicos como garantía financiera y la regulación decía que, cuando el valor de esas garantías bajara, los bancos estaban obligados a deshacerse de otros activos y utilizar el dinero para reponer la garantía perdida. El problema es que eso pasaba justo en el momento en el que nadie quería comprar esos activos a precios razonables. Pero como estaban obligados a vender, vendieron. Eso sí… ¡a precio de saldo! Eso aumentó sus pérdidas, cosa que redujo la cotización de sus activos, cosa que les obligó a vender más, cosa que les aumentó sus pérdidas,… y así sucesivamente en una espiral negativa de pérdidas y caídas de cotización que les llevó a la quiebra. El pánico financiero estaba servido.
Lo que nos lleva al momento actual: la desconfianza, el pánico y la descapitalización de los bancos están haciendo que, no sólo dejen de prestar a otros bancos sino que dejen de prestar a empresas no financieras de todo el mundo. Inversiones en el sector hospitalario en Alemania o el de la alimentación en Colombia no se llevan a cabo por falta de financiación. La actividad económica cae, los puestos de trabajo desaparecen y lo que empezó como un problema hipotecario en Estados Unidos se está contagiando a la economía real del mundo entero. La ciudadanía pide a sus gobiernos que actúen. Las erráticas políticas públicas que proponen, sin embargo, demuestran que no saben qué hacen, lo cual genera más desconfianza y agrava la situación. De eso hablaremos en un próximo artículo. De momento, esto es lo que ha pasado.
La Vanguardia, X-10-2008
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dijous, 30 d’octubre del 2008
La P... Crisis
Este es un artículo que ha aparecido en el suplemento de Economía de La Vanguardia. Todo el rollo de esta crisis puede resumirse en una frase del artículo, "...la inferioridad natural de los idiotas niños ricos de Harvard y Yale..."
GESTOR ATRIBULADO de Michael Lewis.
La primera vez que detecté el cambio alarmante en mi alma fue cuando me sorprendí, cinco minutos después de que el mercado, buscando un pitillo de marihuana. Créanme, no hice mi fortuna fumando marihuana en las horas de negociación. Al exhalar la primera calada pensé, quizás en voz alta: "¿Para qué manejas un fondo de cobertura?".
Los mercados estaban colapsándose, y también mi pasión. Los suscriptores de Bloomberg me conocen como un sumamente exitoso gestor de fondos de cobertura que intenta servir a la sociedad de muchas maneras. No sólo he ganado tanto dinero como es posible, y demostrado la inferioridad natural de los idiotas niños ricos de Harvard y Yale que entraron a trabajar a Lehman Brothers Holdings . También he compartido libremente mis pensamientos y opiniones con ustedes. ¿Qué podría haberme hecho dudar de mi propio valor? No lo sé. Pero con los pulmones a punto de estallar, sentí una repentina necesidad de venderme en corto. Busqué una debilidad, y encontré tres:
1. CONFIÉ EN QUE ESTADOS UNIDOS HARÍA LO CORRECTO Mi fondo quizá tenga su domicilio fiscal en el extranjero, pero negocio en los mercados estadounidenses. Cuando pasaron de "Dios bendiga a América" a "Llévame al juego" en el estadio de los Yankees, me puse la mano en el corazón y confié en que mi Gobierno preservaría uno de los derechos más básicos del hombre: el derecho de vender en corto a Morgan Stanley. Hace seis semanas estaba donde quería estar: con posiciones en corto no sólo en Morgan Stanley, sino también en Goldman Sachs. Ambos estaban yéndose a pique, y yo iba a tener otra feliz Navidad. Entonces los ex ejecutivos de Goldman en el Departamento del Tesoro intervinieron y obligaron a la Comisión de Bolsa y Valores de EE. UU. a prohibir las ventas en corto. La decisión me obligó a recomprar todo a precios que harían a un inversor japonés parpadear. ¿Cómo me sentí? Imagínense como se sentiría Michael Jordan, a medio vuelo encima de la canasta y sin nadie a su alrededor, si de pronto el árbitro hiciera sonar el silbato. Meter canasta es ilegal ahora, dice. La liga te multa por intentar hacerlo; los medios te comen vivo por encestar. Y Barney Frank manda citatorios a los que meten canasta. No soy yo quien dice que soy el Michael Jordan de los administradores de fondos. Otros lo dicen. Estoy diciendo que por primera vez en su carrera, el Michael Jordan de los fondos de cobertura tiene ganas de tomar su pelota e irse a casa. Lo cual me lleva a...
2. ODIO MI TRABAJO Cuando la gente me pregunta qué se siente al ganar cientos de millones de dólares para mí solo siempre intento sonreír como si quisiera decir: "No es gran cosa. Algunas personas están hechas para ganar en los mercados financieros". La verdad es que nada ocurre naturalmente en los mercados financieros. Ganar es mucho más difícil de lo que se cree. Se gana con un enorme coste de oportunidad de por medio: no ganar en algo más. Por ejemplo, creo que podría ser uno de los mejores en encontrarle el sentido a la vida. Pero tengo que dejar eso de lado para ayudar a los mercados a ser eficaces. No me malentiendan. No soy un chillón ni soy de los que se dan por vencidos. No estoy escribiendo una carta a mis inversores para decirles por qué soy demasiado bueno para su dinero y para mi propia Blackberry. Simplemente estoy subestimado. Lo que me lleva a...
3. ME SUBESTIMARON Me devastó que yo - o una de las pocas personas como yo- no fuera puesto a cargo del rescate. Si aún no se han dado cuenta, EE. UU. contrató al Paulson equivocado. Hay dos, Hank y John. Hank transformó a Goldman Sachs de un banco de inversión en un autobús de turistas que iban al casino con dinero prestado. Los observadores astutos notarán que cada vez que llegan a una fiesta de enanos, uno es el más alto, y su nombre normalmente es Goldman. Baste decir que mientras el negocio de Hank creaba bonos respaldados por hipotecas subprime o de alto riesgo, John los vendía en corto. Hank acabó trabajando para el Gobierno, y John ganando 2.800 millones de euros. Para él solo. ¡Despierta, Estados Unidos! El maestro acaba de pedirle a la clase enviar a un alumno al pizarrón para resolver el problema. Pasaste por alto al estudiante de mejores notas en la fila delantera y optaste por el alumno medio. ¡Y está confundido! Para ser honesto, no estoy seguro de lo que voy a hacer con mi vida. Pero cuanto más lo pienso, la debilidad que siento no es mía. Es del resto.
GESTOR ATRIBULADO de Michael Lewis.
La primera vez que detecté el cambio alarmante en mi alma fue cuando me sorprendí, cinco minutos después de que el mercado, buscando un pitillo de marihuana. Créanme, no hice mi fortuna fumando marihuana en las horas de negociación. Al exhalar la primera calada pensé, quizás en voz alta: "¿Para qué manejas un fondo de cobertura?".
Los mercados estaban colapsándose, y también mi pasión. Los suscriptores de Bloomberg me conocen como un sumamente exitoso gestor de fondos de cobertura que intenta servir a la sociedad de muchas maneras. No sólo he ganado tanto dinero como es posible, y demostrado la inferioridad natural de los idiotas niños ricos de Harvard y Yale que entraron a trabajar a Lehman Brothers Holdings . También he compartido libremente mis pensamientos y opiniones con ustedes. ¿Qué podría haberme hecho dudar de mi propio valor? No lo sé. Pero con los pulmones a punto de estallar, sentí una repentina necesidad de venderme en corto. Busqué una debilidad, y encontré tres:
1. CONFIÉ EN QUE ESTADOS UNIDOS HARÍA LO CORRECTO Mi fondo quizá tenga su domicilio fiscal en el extranjero, pero negocio en los mercados estadounidenses. Cuando pasaron de "Dios bendiga a América" a "Llévame al juego" en el estadio de los Yankees, me puse la mano en el corazón y confié en que mi Gobierno preservaría uno de los derechos más básicos del hombre: el derecho de vender en corto a Morgan Stanley. Hace seis semanas estaba donde quería estar: con posiciones en corto no sólo en Morgan Stanley, sino también en Goldman Sachs. Ambos estaban yéndose a pique, y yo iba a tener otra feliz Navidad. Entonces los ex ejecutivos de Goldman en el Departamento del Tesoro intervinieron y obligaron a la Comisión de Bolsa y Valores de EE. UU. a prohibir las ventas en corto. La decisión me obligó a recomprar todo a precios que harían a un inversor japonés parpadear. ¿Cómo me sentí? Imagínense como se sentiría Michael Jordan, a medio vuelo encima de la canasta y sin nadie a su alrededor, si de pronto el árbitro hiciera sonar el silbato. Meter canasta es ilegal ahora, dice. La liga te multa por intentar hacerlo; los medios te comen vivo por encestar. Y Barney Frank manda citatorios a los que meten canasta. No soy yo quien dice que soy el Michael Jordan de los administradores de fondos. Otros lo dicen. Estoy diciendo que por primera vez en su carrera, el Michael Jordan de los fondos de cobertura tiene ganas de tomar su pelota e irse a casa. Lo cual me lleva a...
2. ODIO MI TRABAJO Cuando la gente me pregunta qué se siente al ganar cientos de millones de dólares para mí solo siempre intento sonreír como si quisiera decir: "No es gran cosa. Algunas personas están hechas para ganar en los mercados financieros". La verdad es que nada ocurre naturalmente en los mercados financieros. Ganar es mucho más difícil de lo que se cree. Se gana con un enorme coste de oportunidad de por medio: no ganar en algo más. Por ejemplo, creo que podría ser uno de los mejores en encontrarle el sentido a la vida. Pero tengo que dejar eso de lado para ayudar a los mercados a ser eficaces. No me malentiendan. No soy un chillón ni soy de los que se dan por vencidos. No estoy escribiendo una carta a mis inversores para decirles por qué soy demasiado bueno para su dinero y para mi propia Blackberry. Simplemente estoy subestimado. Lo que me lleva a...
3. ME SUBESTIMARON Me devastó que yo - o una de las pocas personas como yo- no fuera puesto a cargo del rescate. Si aún no se han dado cuenta, EE. UU. contrató al Paulson equivocado. Hay dos, Hank y John. Hank transformó a Goldman Sachs de un banco de inversión en un autobús de turistas que iban al casino con dinero prestado. Los observadores astutos notarán que cada vez que llegan a una fiesta de enanos, uno es el más alto, y su nombre normalmente es Goldman. Baste decir que mientras el negocio de Hank creaba bonos respaldados por hipotecas subprime o de alto riesgo, John los vendía en corto. Hank acabó trabajando para el Gobierno, y John ganando 2.800 millones de euros. Para él solo. ¡Despierta, Estados Unidos! El maestro acaba de pedirle a la clase enviar a un alumno al pizarrón para resolver el problema. Pasaste por alto al estudiante de mejores notas en la fila delantera y optaste por el alumno medio. ¡Y está confundido! Para ser honesto, no estoy seguro de lo que voy a hacer con mi vida. Pero cuanto más lo pienso, la debilidad que siento no es mía. Es del resto.
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dimarts, 28 d’octubre del 2008
Manifa contra el abuso de Los Poderosos
El próximo sábado, 15 de noviembre a las 17:00 horas saldremos a la calle en todas las ciudades.
El próximo 15 de Noviembre se reunirán los líderes mundiales para preparar un nuevo plan contra la crisis. Salvar de la crisis a los bancos de Estados Unidos ha costado 700.000 millones de dólares; !! 5 veces más de lo que aprobó la ONU para alcanzar los Objetivos del Milenio !!. Y las ayudas europeas son aún mayores. ¡¡¡¡ Es una vergüenza!!!!
En España el gobierno le da 100.000 millones de euros a los mismos bancos que están desahuciando a muchas familias por no poder pagar la hipoteca.Hace meses miles de personas salimos a la calle por una vivienda digna y ya advertíamos del peligro de la burbuja inmobiliaria. Ahora que ha estallado ¿la vamos a pagar nosotros?. Pues me temo que si.
Durante años se han forrado y ahora anuncian despidos, recortes salariales, cierres de empresas, 'aparcar' el protocolo de Kioto… Está claro que los grandes partidos gobiernan para la banca y que los grandes sindicatos no van a rechistar.
¡Si hasta los han felicitado los banqueros y empresarios!
Sólo la gente de a pie podemos denunciarlo. Privatizan los beneficios y socializan las pérdidas. ¿Se creen que somos tontos? ¿Lo vamos a permitir?
Tony Soprano o Vito Corleone no lo permitirían.
El proper dissabte, 15 de novembre a les 17h sortirem al carrer a totes les ciutats.
El proper 15 de Novembre es reuniran els líders mundials per preparar un nou pla contra la crisi. Salvar de la crisi als bancs d'Estats Units ha costat 700.000 milions de dòlars!! 5 vegades més del que va aprobar la ONU per arribar als Objectius del Mileni! I les ajudes europees són encara majors, és una vergonya!!
A l'Estat Espanyol, el govern li ha donat 100.000 milions d'euros als mateixos bancs que estan desnonant a moltes famílies per no poder pagar la hipoteca. Fa mesos, milers de persones vam sortir al carrer per un habitatge digne i ja vam advertir del perill de la bombolla immobiliària. Ara que ha esclatat, la pagarem nosaltres?Durant anys s'han forrat i ara ens anuncien acomiadaments, retalls salarials, tancament d'empreses, 'aparcar' el protocol de Kioto (que el protocol, ja de per sí és ridícul).
Està clar que els grans partits governen per a la banca i que els grans sindicats no protestaran, si fins i tot els han felicitat els bancs i empresaris! Només la gent del carrer podem denunciar-ho. Privatitzen els beneficis i socialitzen les pèrdues, es creuen que som estúpids? Ho permetrem?
Tony Soprano i Vito Corleone no ho permetrien.
Concentrations:
- A Coruña: Plaza de Maria Pita
- Alacant: Explanada de España, frente a la Rambla de Méndez Núñez-
Albacete: Plaza del Altozano, donde esta la gorda con la rosa que parece un polo!
- Almeria: Plaza Circular- Ávila: Plaza del Chico- Aviles: Plaza de España
- Badajoz: Plaza de San Francisco
- Barcelona: Plaça Catalunya
- Bilbo: Centro Civico de La Bolsa (C/ Pelota - Casco Viejo - Bilbao)
- Burgos: Plaza Mayor
- Cáceres: Plaza Mayor
- Cádiz: Plaza de San Juan de Dios
- Castello: Plaça de la Independència
- Ciudad Real: Parque del Torreon
- Córdoba: Plaza de las Tendillas
- Elx: Plaça Baix
- Gijón: Plaza del Parchís
- Girona: Plaça de la Constitució
- Granada: Fuente de las Batallas
- Graus: Plaza España
- Huesca: Plaza Navarra
- Jaén: Plaza de la Constitución
- Las Palmas de Gran Canaria: Parque Santa Catalina
- León: Plaza de San Marcelo
- Madrid: Puerta del Sol
- Málaga: Plaza de la Constitución
- Mérida: Plaza de España
- Murcia: Glorieta de España
- Palencia: Plaza Mayor
- Pamplona- Iruñea: Plaza del Castillo
- Reus - Plaça Mercadal
- Salamanca: Plaza Mayor- San Sebastián
- Donostia: Jardines de Alderdi Eder
- Santa Cruz de Tenerife: Plaza de la Candelaria
- Santander: Plaza del Ayuntamiento
- Santiago de Compostela: Praza do Obradoiro
- Segovia: Plaza del Azoguejo
- Sevilla: Plaza Nueva
- Soria: Plaza de Herradores
- Teruel: Plaza del Torico
- Toledo: Plaza de Zocodover
- Valencia: Plaça Ajuntament
- Valladolid: Plaza Mayor
- Vigo: Puerta del Sol
- Vitoria-Gasteiz: Plaza de la Virgen Blanca
- Zaragoza: Plaza del Pilar
El próximo 15 de Noviembre se reunirán los líderes mundiales para preparar un nuevo plan contra la crisis. Salvar de la crisis a los bancos de Estados Unidos ha costado 700.000 millones de dólares; !! 5 veces más de lo que aprobó la ONU para alcanzar los Objetivos del Milenio !!. Y las ayudas europeas son aún mayores. ¡¡¡¡ Es una vergüenza!!!!
En España el gobierno le da 100.000 millones de euros a los mismos bancos que están desahuciando a muchas familias por no poder pagar la hipoteca.Hace meses miles de personas salimos a la calle por una vivienda digna y ya advertíamos del peligro de la burbuja inmobiliaria. Ahora que ha estallado ¿la vamos a pagar nosotros?. Pues me temo que si.
Durante años se han forrado y ahora anuncian despidos, recortes salariales, cierres de empresas, 'aparcar' el protocolo de Kioto… Está claro que los grandes partidos gobiernan para la banca y que los grandes sindicatos no van a rechistar.
¡Si hasta los han felicitado los banqueros y empresarios!
Sólo la gente de a pie podemos denunciarlo. Privatizan los beneficios y socializan las pérdidas. ¿Se creen que somos tontos? ¿Lo vamos a permitir?
Tony Soprano o Vito Corleone no lo permitirían.
El proper dissabte, 15 de novembre a les 17h sortirem al carrer a totes les ciutats.
El proper 15 de Novembre es reuniran els líders mundials per preparar un nou pla contra la crisi. Salvar de la crisi als bancs d'Estats Units ha costat 700.000 milions de dòlars!! 5 vegades més del que va aprobar la ONU per arribar als Objectius del Mileni! I les ajudes europees són encara majors, és una vergonya!!
A l'Estat Espanyol, el govern li ha donat 100.000 milions d'euros als mateixos bancs que estan desnonant a moltes famílies per no poder pagar la hipoteca. Fa mesos, milers de persones vam sortir al carrer per un habitatge digne i ja vam advertir del perill de la bombolla immobiliària. Ara que ha esclatat, la pagarem nosaltres?Durant anys s'han forrat i ara ens anuncien acomiadaments, retalls salarials, tancament d'empreses, 'aparcar' el protocol de Kioto (que el protocol, ja de per sí és ridícul).
Està clar que els grans partits governen per a la banca i que els grans sindicats no protestaran, si fins i tot els han felicitat els bancs i empresaris! Només la gent del carrer podem denunciar-ho. Privatitzen els beneficis i socialitzen les pèrdues, es creuen que som estúpids? Ho permetrem?
Tony Soprano i Vito Corleone no ho permetrien.
Concentrations:
- A Coruña: Plaza de Maria Pita
- Alacant: Explanada de España, frente a la Rambla de Méndez Núñez-
Albacete: Plaza del Altozano, donde esta la gorda con la rosa que parece un polo!
- Almeria: Plaza Circular- Ávila: Plaza del Chico- Aviles: Plaza de España
- Badajoz: Plaza de San Francisco
- Barcelona: Plaça Catalunya
- Bilbo: Centro Civico de La Bolsa (C/ Pelota - Casco Viejo - Bilbao)
- Burgos: Plaza Mayor
- Cáceres: Plaza Mayor
- Cádiz: Plaza de San Juan de Dios
- Castello: Plaça de la Independència
- Ciudad Real: Parque del Torreon
- Córdoba: Plaza de las Tendillas
- Elx: Plaça Baix
- Gijón: Plaza del Parchís
- Girona: Plaça de la Constitució
- Granada: Fuente de las Batallas
- Graus: Plaza España
- Huesca: Plaza Navarra
- Jaén: Plaza de la Constitución
- Las Palmas de Gran Canaria: Parque Santa Catalina
- León: Plaza de San Marcelo
- Madrid: Puerta del Sol
- Málaga: Plaza de la Constitución
- Mérida: Plaza de España
- Murcia: Glorieta de España
- Palencia: Plaza Mayor
- Pamplona- Iruñea: Plaza del Castillo
- Reus - Plaça Mercadal
- Salamanca: Plaza Mayor- San Sebastián
- Donostia: Jardines de Alderdi Eder
- Santa Cruz de Tenerife: Plaza de la Candelaria
- Santander: Plaza del Ayuntamiento
- Santiago de Compostela: Praza do Obradoiro
- Segovia: Plaza del Azoguejo
- Sevilla: Plaza Nueva
- Soria: Plaza de Herradores
- Teruel: Plaza del Torico
- Toledo: Plaza de Zocodover
- Valencia: Plaça Ajuntament
- Valladolid: Plaza Mayor
- Vigo: Puerta del Sol
- Vitoria-Gasteiz: Plaza de la Virgen Blanca
- Zaragoza: Plaza del Pilar
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