dimarts, 8 de març del 2011

El primer capítulo de Tarrako

TARRAKO

La mujer de rojo


Los rayos del sol penetran la ventana desnuda del desordenado despacho, mientras el detective no encuentra la taza de café en la pradera salvaje de papeles húmedos. El bourbon de la noche anterior había aterrizado sobre la mesa manchada, convirtiendo el círculo del vaso en una enorme medusa que dejó de moverse al perderse por los surcos de la mesa.


Levanta los ojos y busca la taza de dibujos infantiles que rellena cada mañana de café, a cualquier brebaje ennegrecido lo llaman café, y no la encuentra. Había desaparecido, era el caso más importante de Pol Baker, detective privado. El único asunto que descansa sobre su escritorio es el del tazón escabullido. Ningún otro cliente había entrado en esa pequeña pocilga en las últimas cuatro semanas. El último, un hindú ebrio que había perdido el karma en una partida de póquer. “Con tres ochos y dos sietes lo he perdido todo. Si hubiera sido por una mujer hallaría el perdón en Dios, pero por unas cartas grasientas en un tugurio de malas vidas, no, no y mil y una noches no. No encontraré nunca la misericordia de Dios. Me meo en el póquer y en los corazones.” Su castellano, como su estado mental, no era muy bueno. Sus intenciones nunca se descubrieron, porque se levantó y se largó sin dejar que Pol pronunciara ni una sílaba, aunque este tampoco tenía nada que decir. Otra resaca carente de sentido y su lengua buscando una gota de saliva no le hubieran permitido pronunciar ni un vocablo.


¿Dónde andas maldito tazón? Los cuerpos muertos no se desplazan solos, miento, cada día veo miles de cadáveres andantes, moviendo sus piernas, corriendo, hablando, todo por nada, seguir estando en un lugar por el mero hecho de continuar. Alguien se ha llevado el maldito vaso gigante o no recuerdo donde lo dejé, ni la memoria me da una pista de la primera vez que lo vi. Nunca he traído esa taza de Disneylandia a este despacho. Mejor me sirvo el café en un vaso pero la cafetera dejó de funcionar una mañana. Calentaré el agua y añadiré un sobre de polvos marrones insípidos. Joder, jamás tengo lo que busco cuando lo necesito.


Pol Baker se sienta ante la enorme pantalla plana clavada a la pared de su habitación. Amolda sus posaderas en el sofá de día y cama de noche, mientras pulsa el botón rojo del enorme mando a distancia. La gran pantalla se ilumina, en el ángulo superior izquierdo aparece la hora y la fecha, en el superior derecho la eterna publicidad subliminal de HAL, la empresa que proporciona toda la tecnología al planeta. Treinta opciones diferentes remarcadas de blanco bajo un fondo rojo, en el uno “televisión”, en el dos “internet”, en el tres “mercados bursátiles”, en el cuatro “el tiempo”, cinco té la inco, seis te huelen los pies y así hasta el treinta. De la maquina rellena de chips y circuitos emerge algo parecido a una voz humana.


-Buenos días Pol –la voz metálica y fría de mujer fatal brota desde el cacharro-. Son las once del mediodía, el día es soleado en Tarrako, la temperatura es de veintisiete grados y la humedad del ochenta por ciento. ¿Qué desea señor?
-Noticias –un bostezo.
-El alcalde de la ciudad ha dado el visto bueno a la ampliación del ayuntamiento, expropiando así cinco edificios colindantes, que serán utilizados para el bien común. La ola de calor de esta primavera tiene visos de alargarse hasta el próximo invierno, aunque debemos estar alerta, ya que las tormentas tropicales pueden aparecer en el momento menos esperado. El jugador del Nastik Tarrako, Josué Pescador, ha sido declarado inocente de la acusación de violación que pendía sobre él, la acusadora en el último momento retiró los cargos y abandonó el juzgado en su nuevo automóvil, rumbo a la villa “Petit Amour” situada en Cavalaire, un hermoso pueblo de la Costa Azul francesa.
-Internet –otro bostezo.
-El buscador está listo para cualquier consulta -la misma voz metálica variando las palabras pero no la entonación.
-Correo electrónico.
-Tiene ocho mensajes nuevos y mil ochocientos guardados.
-¿Hay alguno de Muriel?
-Negativo señor.
-Mierda, vaya racha de los cojones.
Pol se levanta, acerca sus dedos al detector de humo y lo desactiva.

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