dimecres, 30 de novembre de 2011

Llevaron la bomba atómica y terminaron devorados por tiburones.

Descubrí esta historia en Jot Down, una odisea increible.
Posted by Luis A. Espuny
Era como aquellos viejos cuadros de batalla que alguna vez había visto en pinturas sobre Waterloo. La idea era que cuando el tiburón se acercara los hombres empezasen a chillar y chapotear con todas sus fuerzas y a veces el tiburón se iba… pero otras veces no. Se quedaba mirándote fijamente, justo a los ojos. Con esos ojos negros, sin vida, como si fueran los de una muñeca. Se lanza a por ti y ni siquiera parece estar vivo hasta que te muerde y esos ojos negros giran hasta ponerse blancos y entonces… ah, entonces ya sólo escuchas un grito espantoso, el agua se vuelve de color rojo y a pesar del pataleo y el griterío esas bestias vuelven y te van despedazando. Luego me enteré de que esa primera noche perdimos cien hombres’

Roy Scheider y Richard Dreyfuss escuchan inquietos el recuerdo que atormenta a Quint mientras van en busca del gran tiburón blanco, y todos los espectadores de Tiburón pueden pensar que es una más de las exageraciones de una película de terror. No, lo que está narrando Robert Shaw con su imponente voz de viejo marino no es una fantasía. Es parte de la asombrosa historia de un barco que llevó la muerte soldada a su quilla hasta décadas después de hundirse en el Pacífico: El USS Indianapolis.
The Good Old Days
Los primeros años de servicio fueron buenos tiempos. Botado en 1931, este crucero de la clase Portland sería el elegido por Roosevelt como símbolo de la nueva y pujante América que pretendía impulsar su New Deal. Convertido en Navío de Estado, sus 190 metros de eslora y 10.000 toneladas de la más moderna tecnología naval de la época recibieron en cubierta a líderes y realeza de todo el mundo como invitados de los EEUU. En 1936 vive su momento estelar cuando transporta al presidente a la Conferencia Panamericana de Buenos Aires para un viaje en el que Roosevelt tendría que ‘comparecer’ ante el tribunal del Rey Neptuno, cumpliendo la tradición de todas las marinas del mundo cuando alguien a bordo cruza el Ecuador por primera vez. En Argentina es recibido por cientos de pequeños barcos que hacen sonar su sirena y los marineros se dan codazos discutiendo divertidos sobre quién será el que más chicas enamore. Es una nave afortunada que no conoce otra cosa que fastos y recepciones clamorosas en todos los puertos a los que arriba; al fin y al cabo fue construido en un momento en el que se pensaba que la Gran Guerra fue la última y cuando la política aislacionista americana concebía su músculo militar exclusivamente como un poder intimidatorio en el hemisferio occidental. Enseñar el pabellón es todo lo que se le pide de momento. Todo son risas hasta el 39.
Con Europa en llamas y el Teikoku Rikugun arrasando China, la Navy tiene que ponerse seria y empieza a mover sus piezas. El Indianapolis es destinado al Pacífico, llegando al California Naval Yard con sus buenas 215.000 millas navegadas desde que tocó el mar. Los paseos marítimos se acabaron y los dos años siguientes se emplearán en poner a punto el barco ante lo que se avecina. Un último golpe de suerte les evitará estar presentes el 7 de Diciembre de 1941 en Pearl Harbor, aunque el misterio ya comienza a cernirse sobre el Indianapolis y el día 5 reciben una extraña orden de partir hacia allá sin gran parte de su tripulación, que estaba de permiso. Esa peculiar forma de partir a la carrera dos días antes de tora, tora, tora tal vez nos indique que en Washington sabían algo más de lo que se puede suponer sobre las intenciones niponas, pero esa es otra historia.

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dimarts, 29 de novembre de 2011

Un ladrón que tiene un par





dilluns, 28 de novembre de 2011

Destruye, no protestes





diumenge, 27 de novembre de 2011

Pocoyó español




divendres, 25 de novembre de 2011

El despistado, el periodista y el filósofo








dijous, 24 de novembre de 2011

Nosotro pagamos la fiesta


Del Genial FARO


dimecres, 23 de novembre de 2011

La isla, el amor en Irán y lo mejor de la vida es gratis.






dimarts, 22 de novembre de 2011

Maltrato a los hinchas y periodismo deportivo.

Os dejo un fragmento de la entrevista a Enric González, periodista, que publicó Jot Down Magazine -no me canso de repetir que es la mejor revista cultural que se publica hoy en día-, no tiene desperdicio.  Nos habla del maltrato a los hinchas, del nivel del periodismo deportivo en este país o de la influencia de los que mueven el negocio de la información.

Hablemos de fútbol. Santiago Segurola, en su entrevista para Jot Down Magazine, habla del maltrato al hincha. ¿Compartes su punto de vista?
Completamente. Estoy en una época de desencanto absoluto con el fútbol. Por supuesto que el fútbol es un espectáculo, es un juego que hace gracia a mucha gente, y un espectáculo lo puedes aprovechar económicamente. Se ha convertido en un negocio colosal. Pero el fútbol como pasión y como patria elegida nace en Europa y en Sudamérica como una expresión de la clase obrera recién llegada a las ciudades, completamente marginada. La alienación marxista en su estado más puro. Dado que eran capas populares muy amplias que podían ser nacionalistas pero no se veían representadas por el Estado, acogieron la bandera de un equipo y convitieron los estadios en lugares de culto .Hay algo de nacionalismo, incluso de militarismo… esos fenómenos de finales del siglo XIX y principios del XX. El club y la bandera del club no son nada si no hay gente detrás. Al fútbol le ha pasado un poco como a la política: antes no podía existir un líder si no tenía masas detrás, montaba un mitin e iba mucha gente. Ahora la política es algo que se vive por la tele y por Internet, se “twittea”, etc. El líder y su ideología son algo que queda muy lejos. Pueden prescindir de la gente. Y el fútbol también ha empezado a prescindir de la gente. El que importa es el público, el que paga por ir al estadio. Da igual que no sufra ni padezca, da igual que sean invitados corporativos. ¿Dan dinero? Perfecto. Entre eso y las desigualdades… está claro que se vive un momento de tránsito entre las ligas nacionales y la liga europea. Pero las ligas nacionales todavía son muy buen negocio, mejor todavía que la liga europea, y por tanto ni siquiera los clubes grandes quieren cargárselo. Ahora mismo el fútbol ha perdido el carácter que solía tener, que aún se vive en clubes pequeños.
Como el Espanyol.
Como el Espanyol, sí. Porque no va una clientela de lujo ni turistas a ver el partido. La mitad del campo del Barça son turistas japoneses que están gritando todo el rato y aplaudiendo todo el rato. Y no saben. Me parece bien, pero es otra cosa. Creo que el fútbol se está traicionando a sí mismo. Y la repetición de partidos… en España parece que todo sea un Barça-Madrid indefinido, no se acaba nunca. Termina un partido y ya se está pensando en el otro que es dentro de dos semanas. A mí me fatiga.
Sí. Si hablas con el director de un diario deportivo te dirá —lo dicen todos— que todo el mundo sabe que El Países del PSOE y que ABC es del PP. En un diario deportivo sus lectores saben que es del Madrid o del Barça. Aquí llegamos a unos de los problemas fundamentales de la democracia: la democracia iguala por abajo y casa muy bien con el capitalismo, que también iguala por abajo. ¿Qué vende? El populismo, el excitar las pasiones más bajas de la gente. ¿Qué programas de TV se ven más? Los que azuzan lo peor que hay en nosotros. La gente dice “yo no veo nunca Salsa Rosa”. Joder, pues las audiencias son tremendas. Con la prensa deportiva pasa lo mismo. Que las historias que publican sean ciertas o no da igual, a nadie le importa. Lo que busca el director o el autor del periódico es masturbar a su lector, es un ejercicio masturbatorio. No ofrece información. Hay excepciones: siempre habrá que seguir leyendo a Segurola y a otros. Pero el tono general es de puro forofismo. En cambio creo que hay aficionados al fútbol, bastantes miles, que querrían leer algo parecido a lo que era elMarca hace treinta años: un diario deportivo que podía abrir un día con natación, al día siguiente con salto de pértiga porque había pasado algo extraordinario y al siguiente con algo del Atlético de Madrid… era un diario deportivo bastante bien hecho, y su anuario lo compraba casi todo el mundo porque era un anuario ecuménico. Pro-madridista pero tolerable, y bastante mejor que los otros; eso se ha perdido. Supongo que si han renunciado a eso será porque le sacan rentabilidad al forofismo, pero en Internet están apareciendo proyectos nuevos, medios que tienen su clientela y son un placer. Si el deporte no produce historias, apaga y vámonos. Está lleno de historias que contar, buenas historias, y algunas de ellas muy edificantes. El deporte es formativo. Creo que que funcionaría.
¿Te gustaría participar en un proyecto así?
¿A mí? Sí, ya lo creo. Si un día me dijeran Santi [Segurola] o Ramón Besa “me han hecho director de un deportivo, si quieres hacer algo…” ¡Ya! Pero es muy complicado.
Fútbol italiano: el dinero de los jeques y las superestrellas pasan de largo, los estadios están vacíos, sus equipos pierden atractivo y cuotas de mercado en los mercados emergentes, los ultras tienen en algunos equipos un poder inconcebible en otros países europeos. ¿El fútbol italiano es el último foco de resistencia romántica e identitaria frente al fútbol moderno y globalizado, o un fútbol en crisis?
Una de las características de Italia es que siempre va por delante de los países vecinos, en todo.
Incluyendo el fútbol
Incluyendo el fútbol. Fueron los primeros que empezaron a falsificar balances, a hincharlos haciendo compraventas falsas, lo que ahora en España es el pan de cada día. No, no queda romanticismo en ninguna parte. En el gran fútbol profesional siempre cito como ejemplo el libro de mi amigo Iñigo Gurruchaga, Scunthorpe hasta la muerte; la historia de un tipo español que va a jugar a un equipo de la cuarta división inglesa y cómo ese tipo llega a jugar una final en Wembley. Eso es fantástico, eso es fútbol. Lo otro es un gran negocio, magia, espectáculo, lo que quieras. En cualquier caso, ningún romanticismo, y la crisis tenía que llegar como ha llegado a las deudas públicas europeas y como ha llegado a todas partes.
¿Cómo nace Historias del Calcio?
Muy fácil. Yo llegué a Roma un jueves y dos días después me llama Santi [Segurola] y me dice: “¿Oye, por qué no te haces una columnilla?”. “Aún estoy en el hotel, no conozco nada”. “Ya, pero me gustaría tener algo, ha pasado no sé qué en Nápoles, podrías escribir”. Y vale, escribí una cosilla y la envié. El domingo siguiente me llama Pepe Samano —yo estaba en un autobús yendo a un pub para ver un partido de fútbol— y me dice: “Bueno, ¿y la columna?”. “¿Qué columna?”. “Pues habíamos quedado en que cada domingo ibas a enviar una columna”. “No, yo no he entendido eso”. “Coño, pues ya la tenemos aquí pintada”. Así que, venga, de vuelta con el autobús al hotel y a escribir una columna. Y domingo a domingo hubo que hacer una columnilla que al principio era más corta y luego se fue alargando porque había gente que la leía. La fui utilizando para hablar de fútbol y de muchas otras cosas. Ya que tienes un espacio y te dejan hacer lo que te dé la gana… esa es una de las ventajas de Santi y en general de la sección de deportes de El País. Cómo puedo decir esto sin que me despidan mañana mismo, a ver: El País fue un diario fundado por gente que venía del franquismo y escrito por gente que venía del partido comunista. Entonces, la redacción —hablamos de finales de 70— era muy de izquierdas, muy vinculada al partido comunista; la propiedad y la dirección venían directamente del franquismo. Cebrián era director de informativos de la tele franquista, más claro… Y lo que tienen en común esos dos grupos es una cierta propensión al centralismo, a la disciplina, al autoritarismo y a la homogeneidad ideológica como instrumento de organización laboral.
¿Esta corresponsalía es un exilio forzado?
Bueno, técnicamente no es un exilio porque puedo volver cuando quiera, teóricamente. En la práctica no lo sé. Me dijeron que dejara de escribir la columna y que hiciera una corresponsalía. De ahí puedo deducir cosas, pero es estrictamente eso. “La columna deja de hacerla porque queremos algo más centrado en televisión. Elige una corresponsalía, la que quieras, no hay problema de dinero”. Y estoy encantado, de hecho; escribir la columnilla esa me aburría, así que no me quejo.
Pues todos contentos, entonces.
Sí, es difícil quejarse cuando ves lo que cobra la gente. El trabajo de la gente joven, tan poco estimulante, jornadas larguísimas en las que no están haciendo más que sacar cosas de Internet y meterlas en otro receptáculo de Internet. Sería el colmo que yo me quejara, joder…. soy un tío al que pagan por estar aquí. Mira, la Cúpula de la Roca (la señala). No puedo sentirme ni exiliado, ni represaliado ni nada. Me pagan y tengo un jefe que decide lo que he de hacer. Hubo gente que me llamó o me escribió: “Tenías que haberte ido del periódico”, “Aguantar humillaciones”. Perdona, yo no he visto ninguna humillación. Sólo soy un empleado del periódico. La humillación sería que me dijeran “Ya no puedes hacer nada, te sientas en esta mesa, haces tu jornada laboral pero no puedes escribir, no puedes tocar nada”. Eso sí es intolerable. Pero que me cambien de destino… soy un puto periodista. Ni artista, ni escritor, ni mariconadas. Me dedico a lo que me dedico, y la verdad es que encantado de estar aquí. Obviamente, luego tengo mi opinión personal sobre la dirección y sobre cómo funciona el periódico.
Tengo entendido que tu padre era uno de los grandes del periodismo español. ¿Ha influido en tu manera del ver el oficio y en tu trabajo?
Sí, influyó en el sentido de que yo no quería ser periodista ni de broma. Mi padre era abogado y en el 66, a los cuarenta años, lo dejó —se ganaba muy bien la vida, un abogado de propiedad intelectual— porque quería ser periodista. Así que hizo la carrera en un año y —con tres hijos— empezó de becario en un diario que se llamabaEl Correo Catalán, cobrando creo que cuatrocientas pesetas mensuales, terrible. A él siempre le ha gustado muchísimo el periodismo; yo de pequeño conocí a muchos periodistas y estaba acostumbrado a escuchar en casa cómo funcionaba el negocio… lo conozco. Mi tío abuelo también era periodista, represaliado por el franquismo. Pero nunca he podido tomármelo muy en serio, para mí es un oficio. A mí los teóricos del periodismo me parecen admirables porque nunca he visto nada sobre lo que teorizar. El periodismo es un puto oficio. En cuanto el periodista empieza a mirarse el ombligo y a pensar en su papel en la sociedad… por favor, cuanto menos piense, mejor. Hay esa famosa argumentación sofista de que un barrendero que lee a Kant barre mejor que uno que no lee a Kant: eso es falso. Yo no quiero a un taxista que este leyendo a Schopenhauer, quiero a un taxista que sea un taxista, que no empiece a teorizar sobre la función del taxista en la sociedad contemporánea. Es mucho más fácil que eso. Hay que ser honesto, humilde y hacer lo que puedas, sabiendo que hacerlo bien es imposible. Se trata de evitar hacerlo muy, muy mal, de mentir o de equivocarse estrepitosamente. ¿Cómo vas a contar todo lo que pasa? Cuentas lo que te parece que pasa en pequeñísimos fragmentos de ese mosaico universal que es la realidad. Es un oficio que hay que hacer con la máxima discreción.
Ya sé que te lo han preguntado muchas veces, pero ¿que consejo darías a un periodista que acaba de empezar? Aparte del “mitad monje, mitad gilipollas”.
(risas) Eso no es un consejo, es una realidad impepinable. (piensa) Si ha de ser un solo consejo: que desconfíe de sus jefes, que desconfíe de sus jefes, que desconfíe de sus jefes. Porque siempre ha sido así, pero ahora es extremado. Los jefes no están del lado del lector, están del lado del empresario, del inversor, del accionista, y el periodista tiene que estar del lado del que lee, del lado de la audiencia.
¿Esto es off the record? Es que no queremos que te despidan.
Esto es on, completamente, porque no he dicho nombres. Hay que saber que el jefe es el jefe y puede mandar, pero es un error considerar que tiene razón porque sus razones son distintas a las tuyas. Tú trabajas para otra gente, tienes que conseguir ser lo bastante hábil como para trabajar para los tuyos, para el lector, sin que te despidan. Sin enfrentarte de una manera frontal con lo que es la realidad comercial y empresarial, que es primero la necesidad de sacar dinero —no me parece mal aunque a veces es de mal gusto— y sobre todo la necesidad de contentar a los intereses empresariales. Resulta que el dueño del periódico es a la vez dueño de no sé qué, que las sinergias de no sé cuántos, hay que hablar bien de tal cosa y mal de la otra… la puta verdad es que el jefe es, en minúscula y con todos los matices, el enemigo.
Mario Conde nos habla en un momento dado de la influencia que algunos políticos tienen en los contenidos de los periódicos. ¿A lo largo de tu carrera de periodista has intuido alguna injerencia de este tipo?
La segunda entrevista que hice en mi vida fue a un político catalán ya retirado, se llama Miquel Roca i Junyent, padre de la Constitución. Hablamos del año 77. Cuando llegué a su despacho nos sentamos, me ofreció un café y cuando nos lo sirvieron me dijo: “tome nota”. Y tuve que tomar nota. Los suyos eran los dueños del periódico, y desde luego la influencia ha existido siempre. Es una influencia en los dos sentidos. Como ejemplo: un importante diario español no dio antes que el diario El Mundo noticias sobre la corrupción socialista porque el Presidente del gobierno de la época pidió al director de ese diario que retrasara la publicación; necesitaba tiempo para arreglar algunas cosas. Se retrasó y lo sacó la competencia. Eso existe, y más desde que las empresas periodísticas han apostado por la televisión. La televisión son concesiones, y en una sociedad ideal esas concesiones las daría una comisión técnica atendiendo a razones técnicas. En España no es así, en España las televisiones se atribuyen a dedo. Es evidente que existe esa influencia, ha existido siempre.
¿Y en el mundo de la cultura? Segurola nos dijo que el periodismo cultural está supeditado a la industria cultural.
Tengo una opinión un poco excéntrica sobre eso. Creo que todo el periodismo es cultural, salvo el estrictamente inculto. Lo que llamamos “periodismo cultural” suele ser mera promoción de productos culturales: hay que hablar de lo que están haciendo la industria y las instituciones culturales. La Academia saca un nuevo diccionario de no sé qué, el libro nuevo de no sé quién, el disco de no sé cuántos. Todo eso es industria cultural. Me interesa muy poco. Obviamente, eso está mediatizado por los grupos económicos que controlan el periódico, que suelen ser también los fabricantes de esos productos culturales. En cambio creo que es periodismo cultural las críticas de teatro de Marcos Ordóñez —precisamente porque el teatro, al ser minoritario, ya queda un poco fuera—; no es un negocio y puedes permitirte tener un tipo realmente culto que sabe mucho de teatro, que va a ver dos o tres obras y hace un artículo en el que siempre aprendes algo. Lo otro, o eres un tipo medio suicida, medio loco, como Boyero, con unos gustos muy determinados —es muy amigo mío—, o te acomodas. El “periodismo cultural” no me interesa, generalmente me salto las páginas de cultura.

Si quieres leer la entrevista completa pincha AQUÍ.



dilluns, 21 de novembre de 2011

Más Calvin y Hobbes





diumenge, 20 de novembre de 2011

Ya tengo decidido mi voto




dissabte, 19 de novembre de 2011

Jornada de Reflexión




divendres, 18 de novembre de 2011

Fallin & Flyin por Jeff Bridges, un poquito de country

De la enólica y musical película, "Crazy Heart", una canción que no deja de resonar en mi masa encefálica.


Fallin & Flyin

I was goin’ where I shouldn’t go
seein’ who I shouldn’t see
doin’ what I shouldn’t do
and bein’ who I shouldn’t be

a little voice told me it’s all wrong
another voice told me it’s alright
I used to think that I was strong
but lately I just lost the fight

funny how fallin’ feels like flyin’
for a little while
funny how fallin’ feels like flyin’
for a little while

I got tired of bein’ good
started missing that old feeling free
stop actin’ like I thought I should
and went on back to bein’ me

I never meant to hurt no one
I just had to have my way
if there is such a thing as too much fun
this must be the price you pay

funny how fallin’ feels like flyin’
for a little while
funny how fallin’ feels like flyin’
for a little while

you never see it comin’ till it’s gone
it all happens for a reason
even when it’s wrong
especially when it’s wrong

funny how fallin’ feels like flyin’
for a little while
funny how fallin’ feels like flyin’
for a little while

I was goin’ where I shouldn’t go
seein’ who I shouldn’t see
doin’ what I shouldn’t do
and bein’ who I shouldn’t be




dijous, 17 de novembre de 2011

Envenenamiento de los All Blacks en el Mundial de Sudáfrica

Una de las historias más controvertidas del mundo oval, la intoxicación provocada a los All Blacks antes de la final del Mundial de Sudáfrica ante los anfitriones.  Dos de las mejores plumas ovaladas de este país, Fermín de la Calle y Phil Blakeway nos cuentan esta historia para no dormir.

Fermín de la Calle
Pero el gran reto era conquistar el Mundial del 95 en la inhóspita Sudáfrica, donde tantas veces habían sido repudiados los maoríes. Para más inri, Nueva Zelanda llegaba personificada en la persona de un maorí, el jugador más determinante que ha pisado nunca un campo de rugby: Jonah Tali Lomu. La situación había cambiado tras la aparición de Nelson Mandela, quien encontró en el rugby el vehículo para unificar a un pueblo históricamente segregado. Los kiwis fueron ganando partidos hasta colarse en la semifinal, donde los anfitriones batieron a Francia con una controvertida decisión al anularse un ensayo galo al final del choque. Mientras los springboks daban la sorpresa en un partido jugado bajo un infernal aguacero, los All Blacks se medían a los arrogantes ingleses. Su capitán, uno de los hermanos Underwwod, Tony, preguntado por Lomu en la rueda de prensa previa al choque respondió con su habitual fanfarronería: “¿Jonah qué?”. Horas antes del partido, en la recepción del Johannesburg Holiday Inn, lugar de concentración neozelandesa, se recibió un fax que decía: “Recuerden que el rugby es un deporte de equipo. 14 de ustedes deben asegurarse de pasarle la pelota a Lomu”. La receta fue seguida al pie de la letra y Lomu completó la mejor actuación de su, por entonces, incipiente carrera. Anotó cuatro ensayos, uno es aún la jugada más célebre de la historia de rugby, en la que se deshizo con un hand off de dos defensores antes de percutir contra el inglés Mike Catt, pasándole por encima para posar el ensayo. Underwwod pidió disculpas en la rueda de prensa posterior y Nueva Zelanda se metió en la final. Restaba el partido decisivo ante Sudáfrica, enemigo histórico.

Los días previos fueron complicados en la base de operaciones kiwi. La noche del jueves previa al choque 27 de los 35 miembros de la expedición cenaron en el hotel. Una de las encargadas de la cocina llamada Susie diluyó en el café una sustancia que intoxicó al equipo. Restaban 48 horas para la final y los jugadores sufrían los rigores de una gastroenteritis que les impidió entrenarse con normalidad. Hubo muchas conjeturas al respecto. Pero quizás la versión más concluyente la ofrece en su autobiografía Rory Steyn, el que fuera jefe de seguridad de Nelson Mandela y a quien se asignó el cuidado de los All Blacks. Steyn respalda la teoría del envenenamiento en su libro One Step Behind Mandela. También Steve Boggan, redactor del diario londinense The Independent, encontró indicios de intoxicación. Sudáfrica ganó la final de la que Lomu dijo “nos medimos a un país y a la historia, no a un equipo de rugby”. No fue lo único que tuvieron que aguantar. En el banquete final, durante el tercer tiempo, Louis Luy, presidente de la federación springbok, afirmó durante su discurso: “En 1987 y 1991 no hubo verdaderos campeones del mundo porque Sudáfrica no estaba allí”. Esto provocó la indignación en Nueva Zelanda, que se levantó de la mesa en bloque y se marchó. Era la gota que colmaba el vaso tras sufrir escuchas telefónicas en el hotel y de la detonación programada de las alarmas de los coches que rodeaban el perímetro del Johannesburg Holiday Inn sistemáticamente cada amanecer para perturbar el sueño de los jugadores.
El artículo completo de Fermín está AQUÍ.

Phil Blakeway
Lo del 95, Fermín, fue vergonzoso, sin desmerecer lo de Mandela y el esfuerzo y dedicación de los Springboks de Pienaar (naturalmente el libro de Carlin es mucho mejor que la película de Eastwood, que el trato a Chester Williams no fue tan idílico sobre todo por parte de Swart y el gigante Kobus Wiese), y detrás de la intoxicación estaba la mano del ministro de deportes y del futuro sucesor de Mandela, Tabo Mbeki. Que a veces un juego deba plegarse a mejores intereses, seguro. Que para Sudáfrica la victoria fue una catarsis, también. Pero no creo que con los AB al 100% hubieran ganado ese partido, por más que el planteamiento defensivo fue perfecto.

Y más aún, he visto mil veces la jugada del no ensayo de Francia en la semifinal y creo que Benazzi posó. Él mismo lo afirmo hace tiempo en una entrevista, pero como es un tipo fenomenal (le conocí en el campo de Orcasitas en 1991) le quitó importancia al asunto, no ya por nuestro respeto inapelable a la decisión del ref, sino porque, decía, “los Springboks debían estar en la final”. Por cuestiones extradeportivas, justo antes del salto al profesionalismo, una gran generación de AB, la que se forjó inspirada por el colosal Shelford (http://tornarugby.blogspot.com/2010/08/wayne-shelford.html) no se llevó el merecido premio. Y es que además esos AB jugaban un rugby fabuloso.

Una última precisión para hacerle justicia a la NZRFU: en el mundial 87 si estuvieron casi todos los AB de la gira por Francia del 86. Los únicos que no fueron titulares en ningún partido y sí en la gira fueron el croata-maorí Botica (por intoxicación de Grant Fox), y Hobs que se retiró. Arthur Stone y Warwick Taylor se alternaban en la titularidad y Mike Brewer fue titular en algún partido que no jugó el genial Michael Jones, igual que Crowley lo fue cuando se dio descanso a Gallagher.

Me alegro infinito que haya rugby periódicamente por aquí, aunque sólo sea, como dice un amigo cercano a este invento, por el halo de excentricidad de lo nuestro.




dimarts, 15 de novembre de 2011

El mejor equipo de la historia, Brasil 82

Sólo recuerdo haber llorado una vez después de un partido de fútbol, tenía once años, mi hermano mediano había sido operado del corazón con ocho años, tenía a los papas en Barcelona, en la Clínica Sant Jordi, al lado de Sarrià, y yo en Cornudella, ante un televisor en blanco y negro, solo, viendo un partido de los brasileños, un equipo plagado de nombres míticos, Zico, Sócrates, Eder -mi jugador favorito-, y perdieron ante unos italianos bravos y con un Paolo Rossi increíble.
Os dejo un artículo de este equipo irrepetible, que jamás volveremos a ver, ahora todo es resultado, resultado y resultado y el buen fútbol de ahora -según dicen los expertos-, es el horizontal, de pases y posesión. Se ha olvidado la magia.

Os dejo este artículo de la IMPRESCINDIBLE revista Jot Down.


Brasil 82: el fútbol que cayó del cielo
E.J. Rodríguez

¿Asustaban al rival con su sola mención ya antes de salir y pisar el campo? Sí. ¿Fue uno de los mejores equipos de todos los tiempos? Sí. ¿Era quizá la más formidable maquinaria ofensiva que ha visto el fútbol? Sí. ¿Podían llegar a jugar como se había visto pocas veces y como probablemente nunca más se ha vuelto a ver? Sí. ¿Era una constelación irrepetible de genios del balón, algo tan excepcional que ni su propio país ha podido replicar? Sí. ¿Eran los favoritos para ganar el Campeonato Mundial de 1982? Sí. Pero ¿fueron campeones? No. Los caprichos del destino impidieron que la última generacion de dioses brasileños del fútbol se coronase como parecía escrito en la profecía.

Tomemos por ejemplo el Barcelona de Guardiola: es como una orquesta perfectamente entonada tras años y años de academia, en la que hay algún que otro virtuoso improvisador capaz de salirse ocasionalmente del guión, pero que básicamente interpreta una ordenada sonata que sigue al pie de la letra lo que dicta la partitura. Pero imaginemos ahora un equipo que era como uno de aquellos grupos de jazz en los que no había partitura —o a la partitura no se le hacía caso— y en donde cada instrumentista era un virtuoso con tendencia a inventar sus propias melodías, hasta el punto de que ni ellos mismos sabían qué música iban a estar tocando unos pocos compases después. Un equipo que era como el “be-bop” del fútbol, al que resultaba casi imposible frenar porque resultaba casi imposible prever. Un equipo al que ya se le había otorgado la copa de campeón antes de iniciarse el Mundial porque nadie podía imaginar que semejante conjunción de talentos fuese a encontrar un rival cuya defensa no fuesen capaces de doblegar. Un equipo que durante el Mundial marcó quince goles en ocho partidos, más de los que los campeones marcaron en todos sus once encuentros. Una escuadra de maravilla, los X-Men del balompié.

Pero los hados del fútbol no siempre son justos, o consideran que la justicia nada tiene que ver con el arte.

El equipo que tenía que ganar
Brasil tenía una deuda pendiente con la Historia. Ya habían ganado tres títulos mundiales en cuatro ediciones, gracias a un par de generaciones de futbolistas extraordinarios (la del 58 y la del 70) que habían reunido más técnica e inventiva individual que ninguna otra escuadra hasta entonces. Dos oleadas de jogo bonito representadas —que no resumidas— por el legendario Edson Arantes do Nascimento.

Pero los años setenta habían sido decepcionantes. En 1970 los brasileños habían asombrado al mundo con lo que muchos consideraron entonces el equipo de fútbol más grande de todos los tiempos, llevándose el título casi por aclamación cuando apabullaron a los italianos con un rotundo 4-1 en la final. Pero en el campeonato de 1974, huérfana de Pelé, la “canarinha” intentaba en vano apurar los últimos posos de aquella generación de fábula y se presentó en el torneo insegura y titubeante: en la segunda fase de grupos fue enviada a casa por la Holanda de Rinus Michels, que estaba inventando el fútbol moderno (el “fútbol total”) y que hizo que el “fútbol samba” de los brasileños pareciese repentinamente anárquico y obsoleto. También en el siguiente Mundial, en 1978, tuvo Brasil un comienzo algo dubitativo, pero en la segunda fase el equipo se puso las pilas: los nuevos valores brasileños empezaron a carburar. Sin embargo, tras un tenso empate a cero con Argentina, los brasileños quedaban fuera del torneo a causa del “goal average”, ya que los argentinos le hicieron seis tantos a Perú en la última ronda (goleada que despertó todo tipo de sospechas y habladurías). En todo caso, ni en el 74 ni el 78 acudió Brasil al campeonato con un plantel que hiciese olvidar a sus ilustres predecesores del 58, 62 y 70. El fútbol de carnaval había dado el relevo al más ordenado y sistemático fútbol europeo y Brasil ya no dominaba el cotarro. Incluso en su propio continente parecía haber sido superado por el fútbol argentino, que estaba más cerca de los planteamientos europeos que de la pura improvisación brasileira, y que se había llevado un título mundial. Título polémico, pero título al fin y al cabo.

Todo este aparente declive cambió en las fases previas del Mundial de España. La efervescente cantera brasileña había producido otra cosecha de Gran Reserva, una absurdamente brillante colección de talentos que durante la fase de clasificación y los amistosos previos había demostrado con claridad una verdad temible: no había ningún tipo de jugada ofensiva que aquellos tipos no fuesen capaces de elaborar. Literalmente. Sus momentos de inspiración, aquellos clímax futbolísticos en que los brasileños empezaban a improvisar como si estuviesen siendo iluminados por fuerzas celestiales, dejaban boquiabiertos a los espectadores y sembraban pánico entre los rivales. Cualquier combinación de pases y cualquier carambola ofensiva, por extraña o improbable que pudiera parecer, podía ser ejecutada por las botas encantadas de aquellos magos del balón. Se los comparaba sin complejos con los fabulosos equipos que le habían dado tres títulos mundiales a Pelé.

Para terminar de leer el artículo pinchar AQUÍ.





dilluns, 14 de novembre de 2011

La fiesta ha terminado.


Y eso ha sido todo amigos, la fiesta ha terminado, manden la factura a la señora Merkel y nos vemos en otra ocasión, y sin rencores, que la vida es así, que su tú estuvieras en mi lugar hubieras hecho lo mismo, no seas hipócrita, que todos somos iguales, y si podemos nos aprovechamos de los demás, sobretodo de los vecinos.



diumenge, 13 de novembre de 2011

¡Esto es amor! quien lo probó lo sabe.

Desmayarse de Lope de Vega


Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso:

  no hallar fuera del bien centro y reposo,        
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso:

  huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,                      
olvidar el provecho, amar el daño:

  creer que el cielo en un infierno cabe;
dar la vida y el alma a un desengaño,
¡esto es amor! quien lo probó lo sabe.


dijous, 10 de novembre de 2011

Carta de un trabajador de Wall Street a los Indignados

Cada historia tiene dos versiones y cien canciones. Proverbio irlandés.
Esta es una carta escrita por un trabajador de Wall Street, os dejo la original en este enlace de "The Financial Times".

Somos Wall Street. Nuestro trabajo es hacer dinero. Si se trata de una mercancía, acción, bono o hipotético trozo falso de papel no importa. Comerciaríamos con cromos de baseball si fuera rentable. No he oído que América se quejara cuando el mercado estaba rugiendo a 14.000 y los planes de pensiones (401k) de todo el mundo se duplicaban cada tres años. Al igual que el juego, no es un problema hasta que pierdes. Nunca he oído de nadie ir a ludópatas anónimos porque ganaron mucho en Las Vegas.
Bien ahora que el mercado ha caído e incluso aunque ha vuelto de algún modo el gobierno y el Joe medio están buscando todavía un chivo expiatorio. Dios sabe que hay uno para todo. Bueno, aquí estamos.
Seguid adelante y continuad llevándonos hacia abajo, pero lo único es que os vais a hacer daño. ¿Qué va pasar cuando no podamos encontrar trabajos en Wall Street otra vez? Adivínalo: vamos a tomar los vuestros. Nos levantamos a las 5am y trabajamos hasta las 10pm o más tarde. Estamos acostumbrados a no ir al baño cuando tenemos una posición. No nos tomamos una hora o más para comer. No pedimos un sindicato. No nos jubilamos a los 50 con una pensión. Comemos lo que matamos, y cuando lo único que quede en para comer esté en vuestros platos, lo comeremos.
Durante años profesores y otros trabajadores sindicalizados nos han engañado. Estábamos demasiado ocupados para darnos cuenta. ¿De verdad crees que somos incapaces de enseñar a niños de tercero y hacer jardinería? Vamos a tomar vuestros cómodos trabajos de funcionarios y cuatro meses de vacaciones al año y quejarnos justo como vosotros de que estás taaaaaan mal pagados por construir la juventud de América. Decid adiós a vuestras horas extra y trabajad dos veces y media más. Haré de recogepelotas para el equipo de baseball del instituto por 5.000$ extra cada verano, muchas gracias. Así que ahora que voy a ganar 85.000$ al año sin incrementos, Joe Medio va tener su venganza ¿verdad? ¡Error! Adivina: vamos a dejar de comprar el nuevo coche de 80.000$, vamos a dejar de dar propinas del 35% en nuestras cenas de negocios. No más recorridos gratis a sobre nuestras espaldas. Vamos a hacer nuestra jardinería lavar nuestros coches con una manguera en la entrada de nuestros garajes. Nuestro dinero era vuestro dinero. Lo gastásteis. Cuando nuestro dinero se acaba, el vuestro también.
La diferencia es, vosotros vivías de él, nosotros lo disfrutábamos. La Administración Obama y el Comité Demócrata Nacional pueden conseguir su camino y quitarnos de lo alto de la pirámide, pero les va a doler como el infierno cuando nuestros gordos c***s aterricen directamente en la clase media americana y los golpeemos al fondo.
No somos dinosaurios. Somos más listos y crueles que eso, y vamos a sobrevivir. La pregunta es, ahora que Obama y su administración están haciendo a Joe Medio nuestro suministro de alimento, ¿lo hará él? ¿Y lo harán ellos?



Leer Ulises de James Joyce

Os dejo este brillante artículo de E.J Rodríguez, que publicó en Jot Down, revista imprescindible.  Yo lo empecé cuando vivía en Irlanda, pero no pude con él, no me veía con corazón, pero volveré, volveré a intentarlo.
Uno no debe largarse de esta vida sin haber intentado leer "Ulises".


Como enfrentarse a Ulises de E.J. Rodríguez


Fue mi padre quien me aconsejó una y otra vez, enfáticamente, la lectura del Ulises. Sus recomendaciones siempre eran certeras y su pasión por este libro más que evidente —él se lo había leído casi de tirón la primera vez y creyó, equivocadamente, que a mí me iba a suceder lo mismo— así que intenté sumergirme en su lectura dos o tres veces. Y dos o tres veces abandoné la novela tras un par de capítulos, pensando que mejor dedicaba mis esfuerzos a libros menos inhóspitos. Hay algo en el inicio del Ulises que puede desinflar el ánimo incluso de lectores bien entrenados y dispuestos. De hecho, es el único libro que he tenido que abandonar no porque fuese un mal libro, sino porque me sentía sobrepasado. Esta es una sensación que muchos lectores experimentan con esta novela, aunque hay una minoría privilegiada, o afortunada, o quizá sencillamente más evolucionada que consigue sumergirse en la obra ya con el primer contacto. Si escribo estas líneas es precisamente porque no pertenezco a esa selecta minoría, pero conseguí terminar amando el Ulises y me gustaría animar a otros a que lo consigan también. La curiosidad por descubrir los ignotos alicientes del libro —y, por qué no decirlo, el orgullo de “voy a ser capaz de leer esto y no sólo de pasear los ojos por los renglones”— me impulsó finalmente a no dejarme vencer, a buscar los ratos indicados en que poder prestarle la debida atención y a hacer el esfuerzo de superar esos primeros capítulos. El esfuerzo fue recompensado. Aun así, hay que admitir que no se trata de un libro para todos los públicos y que su lectura es francamente difícil, pero no es un callejón sin salida.

Qué es este libro y para qué sirve

Ulises es, ante todo, un experimento. Aunque en realidad prefiero considerarlo un juguete literario. Es el juguete de James Joyce: el escritor irlandés quiso crear una obra repleta de paralelismos encubiertos y significados ocultos cuyo descubrimiento tuviese ocupados a los críticos durante generaciones. No cabe duda de que consiguió su objetivo: aún hoy, las innumerables referencias camufladas en el texto son objeto de estudio. No nos detendremos aquí en hacer un sesudo análisis de los significados del libro, pero resulta inevitable hacer algún comentario al respecto. Ulises narra una jornada  en la vida de varios individuos cualesquiera en el Dublín de los años veinte. Lo hace a través de dieciocho capítulos muy diferentes entre sí, tanto en tono como en estilo. Según el propio Joyce indicó a algunos amigos, cada capítulo de Ulises hace referencia a un personaje o episodio de la Odisea de Homero. El título de la novela ya da una pista de ello: el Ulises de la Odisea era el personaje literario favorito de Joyce y le convirtió en título y centro de su juguete literario, pero en el libro no hay ningún personaje con ese nombre. El equivalente de Ulises en la novela es uno de los protagonistas, llamado Leopold Bloom, y su particular odisea no transcurre a través del océano sino por las calles de una pintoresca Dublin. Molly Bloom, su esposa, es una moderna encarnación de Penélope, la esposa de Ulises. Y Stephen Dedalus no sólo refiere a Telémaco —el hijo de Ulises y Penélope— sino que es una especie de alter ego del propio James Joyce. Además, ciertos capítulos constituyen alusiones veladas a los cíclopes, las sirenas, Calipso, Proteo y demás mitología homérica. No vamos a adentrarnos más en todos estos paralelismos y en otros secretos del texto. En todo caso cualquier lector puede recurrir a los esquemas que el propio James Joyce envió a sus amigos Carlo Linati y Stuart Gilbert. Ambos esquemas difieren un tanto entre sí pero dan una muy buena idea de cuáles son todos los motivos ocultos en el libro.


dimecres, 9 de novembre de 2011

La red capitalista que domina el mundo

Un interesante artículo publicado en el Blog Salmón.  Nada nuevo bajo el sol, unos cuantos tienen la pasta y el poder, el resto "obedecemos", de forma consciente o inconsciente, pero seguimos las corrientes positivas o negativas que nos indican, la vivienda siempre subirá, el mundo se hunde...

Estudio empírico revela la red capitalista que domina al mundo





Un estudio realizado por tres científicos de la Universidad de Zurich y difundido por NewScientist, ha demostrado en forma empírica que un pequeño grupo de empresas, encabezados por los grandes bancos, ejercen un poder desmedido y hegemónico sobre la economía global. Esto confirma los temores del mercado ante un eventual colapso masivo del sistema financiero frente a la abierta volatilidad que estamos viviendo actualmente.
El estudio es el primero en observar a las 43.000 empresas transnacionales, y los tres científicos del Instituto Federal Suizo de Tecnología de Zurich, crearon una red de 1.318 empresas en el corazón de la economía global, encontrando que 147 empresas (menos del 1%) forman una macroentidad que controla el 40 por ciento de la riqueza mundial. En la punta de esta pirámide se encuentran los principales bancos: Barclays, JP Morgan, Bank of America, UBS, AXA, Goldman Sachs y Deutsche Bank, entre otros. La estrecha relación que hay entre ellos los hace plenamente vulnerables ante un colapso.
La idea de que unos pocos banqueros controlan gran parte de la economía mundial siempre ha sido objeto de críticas por considerarla una idea “conspiranoica”. Sin embargo, este estudio realizado por los científicos Stefania Vitali, James B. Glattfelder y Stefano Battistones, teóricos de sistemas complejos, es el primero en ir más allá de la ideología para identificar detalladamente la relación de poder.
Los investigadores trabajaron con una base de datos de 37 millones de empresas de todo el mundo y buscaron las interconexiones entre ellas obteniendo las 43.000 transnacionales que las unían. Luego desarrollaron un modelo para estudiar la participación de las redes de accionistas que unían a estas transnacionales y llegaron a determinar un núcleo con 1.318 empresas (ver imagen), que representan el 60% de los ingresos mundiales.
En su proceso de desenredar aún más la telaraña de esta red, encontraron un “súper núcleo” de 147 empresas estrechamente unidos que son los que controlan el 40% de la economía mundial. La gran mayoría de estas empresas son entidades financieras de Estados Unidos y el Reino Unido. ¿Comprende ahora el nerviosismo de los mercados y de las agencias de calificación ante las actuales turbulencias financieras?
El trío de científicos destaca que en su análisis no hay un juicio acerca de si la concentración del poder económico es buena o mala. Sin embargo en un entorno de fuerte inestabilidad, la concentración a estos niveles hace que el pánico se propague con mayor intensidad, y que se amplifiquen los efectos de una economía enferma.




dimarts, 8 de novembre de 2011

Todo París

Pinchad sobre la imagen y podréis ir a cualquier lugar de París, una representación de 26 Gigapixels, todos los rincones de esta maravillosa ciudad.





dilluns, 7 de novembre de 2011

El primer Streaker

Os dejo este gran artículo de Fermín de la Calle, publicada en una revista imprescindible, Jot Down.


Londres, la capital del despelote.

La foto compone bien. ¡Qué demonios! Quizá por el barbado mesianismo del protagonista, por ese trotar cochinero del agente que acude a cubrirle con una gabardina, por la impecable facha de los bobbys… Un instante sublime, al menos para Time, que la eligió imagen del año. People meó más largo, elevándola a los altares como imagen de la década.

El fotograma gravita en torno a tres sujetos. Activo, pasivo y elíptico. El sujeto pasivo, paradójicamente, es el despelotado: Michael O’Brien, sumiso y presto a entregarse. El sujeto activo, contrariamente a lo que se pueda pensar, es el diligente policía, como no podía ser de otra forma: Bruce Perry. Y el protagonista elíptico es el cofundador del movimiento streaker, sin comerlo ni beberlo: el fotógrafo Ian Bradshaw. “No habría pasado nada si Ian no hubiera estado allí. Por entonces la televisión no cubría los partidos de rugby. Pero con su fotografía todo se nos fue de las manos”, afirma resignado O’Brien. Las 10 libras que ganó este australiano desnudándose con impúdica tenacidad, 10 libras en 1974 eran 10 libras, fueron las mismas que pagó en la comisaría para saldar tamaño escándalo en el descanso del Inglaterra-Francia de rugby una fría mañana de febrero en Twickenham. Su gesto inauguró tendencia y tras O’Brien brotaron la voluptuosa Erica Rowe, el cocinero de fragata Michael Angelow, el inabordable Mark Roberts… Pero no crean que esto es nuevo, hace siglos que la gente corre en bolas por ahí. Concretamente desde la noche del 5 de julio de 1799, cuando la policía londinense, siempre Londres, detuvo frente a la Mansion House a un desvergonzado que recorría como vino al mundo el trayecto entre Cornhill a Cheapside. En juego, 10 guineas. Hasta servidor lo habría hecho por ese dinero. Por no hablar de los acalorados paseos a caballo de Lady Godiva por Coventry allá por el año 1050.

Sin embargo, la foto de Bradshaw, como todas, tiene su intrahistoria. Lo que se intuye, pero no se escucha. Bruce Perry, tipo afable y bonachón, salió al corte “avergonzado por el espectáculo, teniendo en cuenta que estaba la princesa Alexandra en el palco”. Y ante la premura abochornante echó mano de lo primero que tenía para tapar las vergüenzas del espontáneo. “Coloqué el casco y el resto lo hizo Bradshaw con su cámara”. El fotógrafo no lo tuvo fácil: “En un segundo se arremolinaron a su alrededor. Me preocupaba encontrar un buen encuadre y recé para que el casco no saliera movido”. La Omertà de la foto esconde grandes misterios que han sobrevivido al paso de los años: ¿de qué hablan Perry y O’Brien? ¿Dónde señala el dedo del exhicibionista? ¿Cómo acabó el asunto?

Una escultura de Walter Keethner conmemora en el Rugby Club de Londres aquel instante condenando a la posteridad a O’Brien, actualmente discreto hombre de negocios en Melbourne. Más allá de las 10 libras de multa, el espontáneo ha purgado su fanfarronada siendo protagonista de numerosas campañas. Una marca de ropa interior empapeló Reino Unido y Australia con la imagen en 1991 y cuatro años más tarde un holding británico de telecomunicaciones utilizó la foto para anunciar que los números de teléfono incorporaban un dígito adicional. El dígito que escondía el casco del agente 426-T, verdadero protagonista de este momento glorioso. El lienzo descansa en la memoria colectiva bajo el nombre ‘The Twickenham streaker”. Pero fue Perry, tan británicamente pudoroso, quien pasó a la historia como el héroe anónimo de tan embarazoso episodio. Y ¡qué demonios!, la foto compone de pelotas.