dissabte, 27 de febrer de 2010

Los escritores que huyen de la fama

Os dejo un par de artículos que he econtrado en el blog de Grand Guignol, de mi primer "mentor" literario, Juan Ignacio Alonso. Nos habla de un par de personajes, Salinger y Traven, dos escritores que sólo querían escribir, no querían saber nada de la fama o popularidad del papel couché o de nuestra querida televisión. Traven era tan discreto que nadie conoce su verdadero nombre, Salinger se encerro en sus montañas para vivir su vida. Pueden parecer excéntricos, pero yo los encuentro auténticos. Escribian, la gente lee sus libros, ¿qué importa su vida personal? Un escritor no debe aparecer en todos los lugares públicos a contar sus ideas, sus pareceres o sus paranoias, por eso tiene sus libros.
Yo no soy un genio como ellos, por eso tengo este blog para colgar lo que quiero y para sortar peroratas de un sábado por la mañana de guardia.
Hablando de trabajo, un concepto, más médicos no es mejor salud.


Un mal día para el pez plátano

Evidentemente, estamos hablando de Seymour Glass, el personaje recurrente de Jerome David Salinger, y de uno de los cuentos más impactantes que hemos leído en nuestra vida. Fue el primero que publicó, en el New Yorker, su revista, y el principio de una trayectoria literaria a cuya fascinación nadie es capaz de sustraerse. Al parecer, todo el mundo ha leído El guardián entre el centeno, y todo el mundo está de acuerdo en que se trata de una novela genial. Comparto el sentir popular, pero no puedo resistir la tentación de afirmar algo que muchos considerarán una simple “boutade”: El guardián entre el centeno es el peor escrito salido de la pluma de Salinger. Es genial, es maravilloso, pero el resto es aún mejor. Amigos, dejad de leer mis trivialidades y salid corriendo a comprar el resto de sus libros. Si aún no los habéis leído, creedme, os envidio, porque tenéis la posibilidad de descubrir y paladear de nuevas una obra de valor inconmensurable. Nueve cuentos, Levantad carpinteros la viga maestra, Seymour, una introducción… son fantásticos. Pero mi debilidad es Franny y Zooey. Es la única obra cuya lectura recomiendo sin dudas ni vacilaciones. Yo, como casi todos, tan solo soy moderadamente pedante, pero con Franny y Zooey no puedo evitar incurrir de lleno en la más extrema pedantería. Si usted no es capaz de disfrutar de esta novela (o doble cuento largo, o lo que sea), resígnese y entréguese sin complejos a la lectura de Dan Brown y otros ilustres maestros de la literatura de entretenimiento.

Lamentablemente, al repasar hoy las numerosas notas necrológicas publicadas en los periódicos y las opiniones de notables novelistas y críticos, en lo que se ha hecho hincapié en el momento de la muerte de Salinger es a su condición de escritor “extravagante”, sostenida por su animadversión a la luz pública, por su reclusión en una villa aislada de New Hampshire, por la foto -nuevamente reproducida- en la que el autor levanta un brazo amenazador con gesto airado hacia el reportero gráfico que estaba “robando” su imagen. Lo que Salinger pretendía era algo tan simple y razonable como que sus escritos eran públicos, pero su persona no. Que le dejaran en paz, lisa y llanamente. Su postura nos parece casi incomprensible en un ámbito en el que los autores desbordan de vanidad y de anhelo de reconocimiento público. Para el común de los escritores más importancia que su propia obra tienen los baños de multitud, ser tratados como estrellas del pop o futbolistas galácticos. Pues bien, hay algunos que no, como Pynchon, como Traven… como Salinger. Y para colmo, el pobre tuvo que soportar que David Chapman, el perturbado que asesinó a John Lennon frente al edificio Dakota de Nueva York, declarara que había cometido su crimen bajo el influjo de la lectura de El guardián entre el centeno, y que la prensa aireara a voz en grito ese detalle absurdo y sin sentido.

Viene a cuento la estéril polémica desatada hace muchas décadas en el mundo académico anglosajón sobre la verdadera autoría de las obras de Shakespeare. Conspicuos estudiosos trataron de demostrar que fueron escritas por Christopher Marlowe o por Francis Bacon. ¿Qué importancia tiene? Lo único importante es la obra excelsa de un escritor que ha pasado a la posteridad con el nombre de Shakespeare, fuera quien fuese. Lo importante de Salinger es la obra que escribió, no su persona; se pasó toda la vida repitiéndolo inútilmente. Y lo único que consiguió es que su imagen más difundida sea la de un anciano irascible que levanta el puño ante la presencia amenazadora de un objetivo fotográfico.

Quiero rendir un humilde homenaje póstumo a Jerome David Salinger, y lo haré de la mejor manera posible, releyendo una vez más su maravillosa Franny y Zooey, aun a sabiendas que al volver su última página me embargarán de nuevo dos sentimientos contradictorios, el placer de una lectura incomparable, y una envidia indisimulada ante ese inmenso talento.


El “misterio” Traven

Citábamos en nuestro anterior post a B. Traven, junto a Salinger y Pynchon, como modelo de escritor de éxito que huye de los focos públicos. El caso de Traven es, tal vez, el más extremado, ya que fue un maestro en el arte de la ocultación, hasta el punto que las pocas cosas que se conocen de su personalidad y de su biografía podrían perfectamente ser meras especulaciones. Ni siquiera se sabe con certeza el nombre que se abrevia con esa B., aunque se cree que es Bruno.

Veamos las conjeturas respecto a su vida. Es posible que se tratase de un escritor alemán anarquista y antibelicista llamado Ret Marut, que hubo de abandonar su país de origen y se radicó en México en 1923, donde vivió hasta su muerte en 1969. Lo cierto es que el estilo y la temática de la primera novela que publicó concuerdan con esta idea. La nave de los muertos, recientemente reeditada por Acantilado, con traducción de Roberto Bravo de la Varga, es un tremendo alegato contra los burócratas, los políticos, los nacionalistas, los militares, etc., envuelta en una soberbia y emocionante aventura épica protagonizada por Gerard Gales, paradigma de los fracasados, que afronta su tremenda peripecia vital con admirable y libérrima gallardía. Se trata de un marinero que pierde su barco en Amberes por culpa de una borrachera, y queda abandonado, solo, sin dinero ni documentos. Sin sus papeles se convierte de repente en un “no existente” para las instancias oficiales, condenado a vagar por diversos países, acosado, encarcelado y al final expulsado de todas partes. Hasta que consigue embarcar en el Yorikke, la nave los muertos, un desvencijado vapor mercante cuya tripulación se compone precisamente de “sin papeles”, “no existentes”, muertos en vida condenados navegar de puerto en puerto sin posibilidad de desembarcar. La nave de los muertos es un relato que deberían leer obligatoriamente muchos de nuestros políticos actuales.

Pero la novela más conocida de Traven no es otra que El tesoro de Sierra Madre (también reeditada por Acantilado), pues en ella se basó la película del mismo título dirigida por John Huston en 1947, protagonizada por Humphrey Bogart. Cuando Huston comenzó los preparativos del rodaje, la productora Warner Brothers, escribió a Traven invitándole a trasladarse a Hollywood para participar en el guión. Declinó la invitación sugiriendo que Huston y él se encontraran en México, donde podrían aprovechar para localizar escenarios (fue una de las primeras películas americanas que se rodó íntegramente en exteriores en un país extranjero). Pero en vez de Traven compareció un tal Hal Croves, con una carta del novelista que garantizaba que podría perfectamente sustituirle, pues lo conocía todo de su obra. Efectivamente, Croves desempeñó un papel fundamental en la película, no solo en la redacción del guión, sino en su rodaje. En todo ese tiempo John Huston no fue capaz de confimar su sólida sospecha de que Croves era el propio Traven. El éxito de El tesoro de Sierra Madre fue grandísimo y catapultó la figura del novelista, que pese a ello logró preservar su anonimato hasta el final de sus días.
El “misterio” Traven (como el de Salinger) tiene una sencilla explicación. La dió él mismo en una de sus cartas conservadas: “Todo mi misterio consiste en que odio a los columnistas, reporteros y críticos que no saben nada respecto a los libros sobre los que escriben. No hay mayor alegría ni satisfacción para mí que el hecho de que nadie sepa que soy escritor cuando me presentan a la gente o voy a los sitios… Solo así puedo decir lo que me plazca sin que algún pedante o intelectual me recuerde que un escritor de tanta reputación no debería decir tonterías”.

Finalmente, debo referirme a nuevamente a la película. El tesoro de Sierra Madre es una obra maestra, una de las muchas de John Huston (que sin embargo también rodó filmes mediocres que empañan su grandeza). De sus tres protagonistas, Humphrey Bogart, Tim Holt y Walter Huston (padre del director), destaca especialmente este último, que recibió por su magistral papel un Oscar al mejor actor de reparto, y que la revista Theatre Arts, en aquel tiempo la “biblia” del arte dramático, calificó como “la interpretación más perfecta que se ha hecho en la pantalla americana”.

dimarts, 23 de febrer de 2010

"La Posada de las Almas" de Luisa González

La escritora Luisa González escribió la presentación de mi novela, "Fresas y Melocotones", ahora publica su segundo libro, "La Posada de las Almas" -conocido bar de Salamanca, por cierto, donde tomé unas copas de más y pocas de menos. La presentación es este jueves, a las ocho de la noche, en la librería La Capona de Tarragona. Yo estaré, estáis todos invitados.

dilluns, 15 de febrer de 2010

Invictus, el poema.

Escuché este poema en la película "Invictus" de Clint Eastwood. Mandela cuenta que es el poema que le leía en al cárcel cuando desfallecía, tras esas palabras volvía al combate, no sé si la historia sera cierta, pero el poema es precioso.



INVICTUS
Out of the night that covers me,
Black as the Pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.
In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.
Beyond this place of wrath and tears
Looms but the horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds, and shall find me, unafraid.
It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate;
I am the captain of my soul.


Desde la noche que sobre mi se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses si existen
por mi alma invicta.
Caído en las garras de la circunstancia
nadie me vio llorar ni pestañear.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada sigue erguida.
Más allá de este lugar de lágrimas e ira
yacen los horrores de la sombra,
pero la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargada de castigo la sentencia.
Soy el dueño de mi destino;
soy el capitán de mi alma.

William Ernest Henley

El equipo francés de rugby

Un brillante escrito de Phil Blackeway, donde nos muestra la diversidad de un país como Francia o cualquier otro europeo, observando la procedencia de los integrantes de su equipo de rugby. Disfrutadlo.

Integración

Clement Poitrenaud, Vincent Clerc, Mathieu Bastareaud, Yannick Jauzion, Alexis Palisson, François Trinh-Duc; Morgan Parra, Imanol Harinordoquy, Fulgence Ouedraogo, Thierry Dusautoir, Pascal Pape, Lionel Nallet, Nicolas Mas, William Servat, Thomas Domingo; Dimitri Szarzewski, Sylvain Marconnet, Julien Pierre, Julien Bonnaire, Frederic Michalak, David Marty, Julien Malzieu.

Son los veintidós jugadores de Francia. Hoy han jugado y ganado, en París, a Irlanda, que ya no puede revalidar su triunfo del año 2009. Una lástima, pero algo lógico: es el relevo de una generación que lo ha dado todo, por otra que llega. Y los franceses han sido hoy mucho mejores.
Pero no voy a hablar de rugby. No, lo haré de los franceses. De su apellidos y de su origen. Sobre ello se ha reflexionado mucho; se destacó con motivo de la Copa del Mundo de 1998 de ese circo que se juega con un balón esférico, aunque con otros matices, porque después acontecieron sucesos contrarios al idílico panorama que se dibujó, ya saben, aquellos de les banlieues. Sin embargo, y sin perjuicio de los errores de los años ochenta y los temores socialistas a la verdadera integración que se escondían tras la trampa de la multiculturalidad, la terca realidad se impone a los experimentos sociales y allí donde hay un entorno de posibilidades se produce naturalmente la cohesión y el trabajo común en pro de un objetivo compartido, llámese bienestar, riqueza o ganar un partido.

A lo mío ahora. Parra y Domingo son apellidos españoles, y en la selección francesa ha habido muchos y muy destacados (los Raphaël Ibáñez, Jean-Michel González, Laurent Rodríguez, Laurent Pardo, Pierre Albaladejo y sólo por destacar a los de aquende los Pirineos); Bastareaud, Dusautoir y Ouedraogo son negros (por favor no me pidan que emplee metáforas ridículas de esas que imponen los secuaces del orwelliano O'Brien) y de origen africano, y éste el capitán del equipo; de Marruecos era Abdel Benazzi, que también fue capitán de Francia y uno de sus mejores jugadores de los 90, o Serge Betsen, tercera línea retirado hace un par de años, y Émile N'Tamack, coetáneo del magrebí y hoy entrenador ayudante de Marc Lièvremont en el XV del Gallo. Más todavía, porque Thrin-Duc es de origen vietmanita, como me confirman dos compañeros de batalla de nacionalidad francesa con los que comparto hoy la retransmisión del partido (y que disfrutamos sobremanera gracias a la algarabía orquestada por los cerca de cuarenta veteranos que nos hemos reunido y que afortunadamente nos impide escuchar los comentarios de Vispe y Moriche, que no mejoran nada). Harinordoquy y Mas son apellidos vasco y catalán respectivamente, y como compartimos con la república del norte a las gentes de ambos extremos de la frontera no diré que son de aquí o allí sino parte del melting-pot francés. Szarzewski y Michalak son apellidos eslavos, así que nos quedan solamente doce (sobre veintidós jugadores) estrictamente franceses, permítanme la licencia. Sin embargo en la empresa común que tienen encomendada, ganar para su país, no hay diferencias, no hay distinciones más allá de esfuerzo compartido unidos por unas pautas sencillas: respeto, camaradería, amistad, sudor, resistencia, empeño e inteligencia. Por eso ganan y por eso serán capaces de rehacerse y conquistar su futuro, y no hablo ya de rugby. A pesar de sus políticos y de los intentos de fragmentación multicultural.

Aquí la feudalización llegó hace tiempo y por otras vías, así que somos diecisiete enfrentados a problemas que otros conocen ya, pero sin ánimo ni objetivos comunes. Las perspectivas no son alentadoras.

Grandes finales de partidos de rugby

Tras el increible final del partido entre Gales y Escocia de este fin de semana, os dejo este artículo de Scrum, donde dan una pincelada a algunos de los finales más dramáticos de la historia de este imprescindible y gran deporte. En la retransmisión en inglés del partido entre Italia e Inglaterra, un jugador inglés pidió al árbitro una tarjeta amarilla para un italiano, el comentarista inglés sólo comentó: "guarda las manos para el balón, esto es rugby, no fútbol." Por detalles como este me gusta cada día más el oval.

Algunos de los partidos los podéis encontrar en la gran página de KSAWA.

Incredible sporting drama

South Africa 28-25 British & Irish Lions,Loftus Versfeld, Pretoria, South Africa, June 28, 2009
South Africa sealed the series against the British & Irish Lions with a 28-25 win in a classic Test match at Loftus Versfeld in Pretoria. Bulls fly-half Morne Steyn landed a penalty as the clock ticked over the 80 minute mark to crush the hopes of the tourists and their army of travelling fans.
Steyn's kick followed a game of fantastic drama and fierce combat, in which the Lions had seized a 16-8 half-time lead thanks to a try from the immaculate Rob Kearney. The Springboks scored tries of their own through JP Pietersen, Bryan Habana and Jaque Fourie, but were kept honest by a majestic performance with the boot from Welsh fly-half Stephen Jones.
Time, as was shown last weekend, is not a luxury afforded at Test match level. The Springboks looked to have conceded the draw after Steyn saw a drop goal roll harmlessly in to the arms of Kearney, only for one last blow of the referee's whistle to hand the Bulls man his shot at a place in history. Ronan O'Gara, chasing his own kick, knocked du Preez out of the air and conceded a penalty 50 metres out. Steyn, with a swagger belying his inexperience, sent the kick straight and true to break the hearts of the Lions.

Harlequins 19-17 Stade Francais, Heineken Cup, Twickenham Stoop, England, December 13, 2008
Harlequins snatched a dramatic 19-17 victory over Stade Francais with the last kick of the game in their Heineken Cup clash at the Twickenham Stoop. A last-gasp drop goal from fly-half Nick Evans followed a thrilling final passage of play that spanned 29 exhilarating phases. Stade Francais looked on course to exact revenge for their defeat in Paris when Argentina fullback Juan Martin Hernandez slotted a drop-goal with just eight minutes remaining but the home side rallied once more for an epic final onslaught.
Twice Evans was lined up in the pocket for long range drop-goals but with the Stade defence closing in he opted to cut inside on a mazy runs that took his side deep into their rival's 22. In the frantic moments that followed Ugo Monye first went close to scoring a try before a succession of forwards and backs looked for an opening in the visitors' defence. In the end Evans dropped back once more before scuffing his effort over the posts. The referee needed to go to the Television Match Official to confirm the score but Quins needed no such ruling to start their celebrations.

Australia 17-20 England, Rugby World Cup Final, Sydney, Australia, November 22, 2003
England fly-half Jonny Wilkinson kicked England to Rugby World Cup glory with an extra-time drop goal to set the seal on the northern hemisphere's first victory in the sport's global showpiece.
Wilkinson's last-gasp effort was all that separated the sides after 100 minutes of intense rugby and was a fitting finale to a brilliant tournament. Jason Robinson and Lote Tuqiri had traded tries while Elton Flatley and Wilkinson had traded penalties to set up the most dramatic of conclusion.

London Wasps 27-20 Toulouse, Heineken Cup Final, Twickenham, England, May 23, 2004
With time running out, veteran scrum-half Rob Howley conjured an opening with a cunning grubber kick up the left touchline that Toulouse fullback Clement Poitrenaud tried to usher into touch or the in-goal area.
Howley dived for the ball and claimed the try but Irish referee Alain Rolland went to the Television Match Official before awarding the score. The try gave the Premiership side a crucial advantage with just seconds to play and Mark Van Gisbergan added the conversion to seal the win.

Australia 35-39 New Zealand, Tri-Nations, Sydney, Australia, July 15, 2000
One of the sport's greatest games was also blessed with a dramatic finish. An injury-time try from Jonah Lomu earned New Zealand a stunning victory over arch rivals Australia in Sydney in front of a world record crowd of 109,874 at Stadium Australia.
The All Blacks raced into a 21-0 lead early on but were pegged back by John Eales' superb Wallabies side. Stirling Mortlock scored twice, with Chris Latham, Joe Roff and Jeremy Paul also crashing over. It was all in vain, though, as Lomu powered in to add another chapter to his thrilling career.

Leicester Tigers 13-12 Llanelli Scarlets, Heineken Cup semi-final, City Ground, April 28, 2002
Tim Stimpson kicked a last-gasp penalty from five metres inside his own half that hit the post and the cross bar before going over. His 60m effort booked Leicester's place in the 2002 Heineken Cup Final where they would go on to beat Munster.
The Scarlets had scrapped for all they were worth at the home of Nottingham Forest and looked certain to book a place in the final. Stephen Jones had been in fine form with the boot but was undone by the ever-accurate Stimpson.

Bulls 20-19 Sharks, Super 14 Final, ABSA Stadium, Durban, South Africa, May 19, 2007
The Bulls snatched a dramatic victory over South African rivals the Sharks in a pulsating Super 14 Final in Durban. Speedster Bryan Habana cut his way through a tired Sharks defence for an injury-time try that set up the match-winning conversion that was slotted by fly-half Derick Hougaard.
Later in the year South Africa lifted the World Cup, with the foundations being laid by the key players in this final. Springbok skipper John Smit was on the losing side, and is yet to win the southern hemisphere's premier club competition.

Vivan los políticos, nuestros guías, nuestro espíritu.

Raúl, un amigo mío, me ha mandado este artículo de Arturo Pérez Reverte, escribía que su mala leche le recordaba a mi novela “Fresas y Melocotones”, lo subscribo, es cierto, no puedo con ellos, con sus coches, sus trajes caros, su incultura, su ausencia de compromiso con los problemas o con las decisiones. “Estamos en campaña electoral permanente”, gritan los voceros de la nada.Pues eso, que estamos perdidos. Pensar que antes teníamos diputados como el filósofos como Ortega y Gasset o premios Nobel como Cela y ahora debemos escuchar a Leire Pajín. “Pa mear y no echar gota”, como dirían en mi pueblo.

ESA GENTUZA

Paso a menudo por la carrera de San Jerónimo, caminando por la acera opuesta a las Cortes, y a veces coincido con la salida de los diputados del Congreso. Hay coches oficiales con sus conductores y escoltas, periodistas dando los últimos canutazos junto a la verja, y un tropel de individuos de ambos sexos, encorbatados ellos y peripuestas ellas, saliendo del recinto con los aires que pueden ustedes imaginar. No identifico a casi ninguno, y apenas veo los telediarios; pero al pájaro se le conoce por la cagada. Van pavoneándose graves, importantes, seguros de su papel en los destinos de España, camino del coche o del restaurante donde seguirán trazando líneas maestras de la política nacional y periférica. No pocos salen arrogantes y sobrados como estrellas de la tele, con trajes a medida, zapatos caros y maneras afectadas de nuevos ricos. Oportunistas advenedizos que cada mañana se miran al espejo para comprobar que están despiertos y celebrar su buena suerte. Diputados, nada menos. Sin tener, algunos, el bachillerato. Ni haber trabajado en su vida. Desconociendo lo que es madrugar para fichar a las nueve de la mañana, o buscar curro fuera de la protección del partido político al que se afiliaron sabiamente desde jovencitos. Sin miedo a la cola del paro. Sin escrúpulos y sin vergüenza. Y en cada ocasión, cuando me cruzo con ese desfile insultante, con ese espectáculo de prepotencia absurda, experimento un intenso desagrado; un malestar íntimo, hecho de indignación y desprecio. No es un acto reflexivo, como digo. Sólo visceral. Desprovisto de razón. Un estallido de cólera interior. Las ganas de acercarme a cualquiera de ellos y ciscarme en su puta madre.

Sé que esto es excesivo. Que siempre hay justos en Sodoma. Gente honrada. Políticos decentes cuya existencia es necesaria. No digo que no. Pero hablo hoy de sentimientos, no de razones. De impulsos. Yo no elijo cómo me siento. Cómo me salta el automático. Algo debe de ocurrir, sin embargo, cuando a un ciudadano de 57 años y en uso correcto de sus facultades mentales, con la vida resuelta, cultura adecuada, inteligencia media y conocimiento amplio y razonable del mundo, se le sube la pólvora al campanario mientras asiste al desfile de los diputados españoles saliendo de las Cortes. Cuando la náusea y la cólera son tan intensas. Eso me preocupa, por supuesto. Sigo caminando carrera de San Jerónimo abajo, y me pregunto qué está pasando. Hasta qué punto los años, la vida que llevé en otro tiempo, los libros que he leído, el panorama actual, me hacen ver las cosas de modo tan siniestro. Tan agresivo y pesimista. Por qué creo ver sólo gentuza cuando los miro, pese a saber que entre ellos hay gente perfectamente honorable. Por qué, de admirar y respetar a quienes ocuparon esos mismos escaños hace veinte o treinta años, he pasado a despreciar de este modo a sus mediocres reyezuelos sucesores. Por qué unas cuantas docenas de analfabetos irresponsables y pagados de sí mismos, sin distinción de partido ni ideología, pueden amargarme en un instante, de este modo, la tarde, el día, el país y la vida.

Quizá porque los conozco, concluyo. No uno por uno, claro, sino a la tropa. La casta general. Los he visto durante años, aquí y afuera. Estuve en los bosques de cruces de madera, en los callejones sin salida a donde llevan sus irresponsabilidades, sus corruptelas, sus ambiciones. Su incultura atroz y su falta de escrúpulos. Conozco las consecuencias. Y sé cómo lo hacen ahora, adaptándose a su tiempo y su momento. Lo sabe cualquiera que se fije. Que lea y mire. Algún día, si tengo la cabeza lo bastante fría, les detallaré a ustedes cómo se lo montan. Cómo y dónde comen y a costa de quién. Cómo se reparten las dietas, los privilegios y los coches oficiales. Cómo organizan entre ellos, en comisiones y visitas institucionales que a nadie importan una mierda, descarados e inútiles viajes turísticos que pagan los contribuyentes. Cómo se han trajinado –ahí no hay discrepancias ideológicas– el privilegio de cobrar la máxima pensión pública de jubilación tras sólo 7 años en el escaño, frente a los 35 de trabajo honrado que necesita un ciudadano común. Cómo quienes llegan a ministros tendrán, al jubilarse, sólidas pensiones compatibles con cualquier trabajo público o privado, pensiones vitalicias cuando lleguen a la edad de jubilación forzosa, e indemnizaciones mensuales del 100% de su salario al cesar en el cargo, cobradas completas y sin hacer cola en ventanillas, desde el primer día.

De cualquier modo, por hoy es suficiente. Y se acaba la página. Tenía ganas de echar la pota, eso es todo. De desahogarme dándole a la tecla, y es lo que he hecho. Otro día seré más coherente. Más razonable y objetivo. Quizás. Ahora, por lo menos, mientras camino por la carrera de San Jerónimo, algunos sabrán lo que tengo en la cabeza cuando me cruzo con ellos.

Arturo Pérez-Reverte

dimecres, 10 de febrer de 2010

Con un par

Con un par, eso es ser valiente y lo demás son tonterías.
Quien no se la juega no triunfa.
Lo mejor son las zapatillas que se utilizan para sujetar los "ladrones", creo que se llaman así.



dijous, 4 de febrer de 2010

Todos contra el Alcohol



'AQUELLOS LABIOS QUE PRUEBEN EL ALCOHOL, NO PROBARAN LOS NUESTROS' Campaña contra el alcohol de 1919.

Esta es una campaña publicitaria de auténticos cachondos, es la única respuesta que encuentro a tal despropósito, ni que fuera de nuestro "Ministerio de Igualdad" en una de sus campañas en Cunit.

dilluns, 1 de febrer de 2010

La estupidez del deporte

¿Dónde está el fuera de juego? El Mundo Deportivo.

Los comités "ayudan" al Real El Mundo Deportivo.

El Villarato ha supuesto cuatro puntos en el Molinón As.


Dos periódicos y dos puntos de vista, totalmente alejados del centro, en un Universo Oval se tocarían, como están haciendo. Porque los dos equipos representan lo mismo, idénticos valores, armas iguales. En ningún otro país del planeta un equipo recibe pleitesía de dos periódicos, porque eso ya no es informar, eso es decir lo que se quiere oír. ¿A quién le importa la imparcialidad? Supongo que a pocos, cada vez a menos.

Tras leer esto no sé quien tiene razón, ni me importa, sólo se que ambos mienten.