dilluns, 9 de juny de 2008

Persiguiendo un sueño

Persiguiendo un sueño fue el título que le dio la escritora Luisa González -escritora tarraconense, su último libro publicado por la editorial Edhasa es "El buscador de Guacas", con reseñas en el diario ABC o en el País- a la presentación que realizó de mi libro, "Fresas y Melocotones", publicado por la Editorial Nostrum. Este es el texto íntegro de la presentación.


Persiguiendo un sueño, Pau, el protagonista de “Fresas y melocotones” empieza una nueva vida. Decide dejarlo todo y partir en busca de una chica pelirroja con la que ha soñado desde su infancia y a la que no ha visto jamás. Acaba de verla en una fotografía, tomaba un avión para Irlanda.

Con una narrativa brillante y arrolladora, Àngel Lluís Carrillo te invita a un viaje veloz por los lugares comunes de la vida: la amistad y el amor, entre otros que nos pueden ser más o menos afines, pero que no nos dejan indiferentes.

Los binomios sexo-amor, música-alcohol transitan por las páginas de esta novela salpicada de pensamientos poéticos y filosóficos, versos y letras de canciones maravillosas que marcaron una época y que, difícilmente, caerán en el olvido.

“Fresas y melocotones” es la primera novela de Àngel Lluís, y muy lejos de ser una novela primeriza, es una novela madura, donde el autor nos muestra el conocimiento del oficio de narrar. Pau, su personaje principal, es un joven que vive lejos de convencionalismos y nos lo muestra con sus pensamientos.

“La televisión, ese ente público o privado, enemigo de la razón, amigo del patrimonio ajeno, fuente de fama infundada. Martirizador de los libros bien o mal escritos, de los bares siempre de diversión, de los restaurantes de sobremesa, de los amantes amándose hoy y no mañana, de los músicos sin disco, de los poetas sin musa, de los pintores ante el lienzo blanco, de los sacerdotes sin penitentes, de la lluvia sobre el mar y de muchos más que no atrapa mi memoria”

Àngel Lluís hace un retrato psicológico perfecto del protagonista de su obra y nos lo muestra en una autodescripción.

“Todo es ocurrente, aceptaría cualquier empresa que me propusieran, la idea más descabellada intuyo que es realizable, podría volar en el océano y nadar en el espacio, encontrar la ciudad Borgiana de los Inmortales, tornarme un mosquito y beber sangre azul, brincar de la luna al sol, noquear a Goliat, traicionar a Judas, congelar el Sahara, pescar en el Mar Muerto, encontrar el ombligo de Adán y Eva, crear el vacío, absolver a Sócrates, danzar a la luz de la bomba atómica o cerrar la caja abierta de Pandora.”

Pau se revela también contra acontecimientos cotidianos:

“Me arrastro hasta el sofá, me pesan las reflexiones. Golpeo el mando a distancia, un tipejo pide clemencia a su compañera, después de haberle propinado una sañuda somanta, ella lo repudia, él apalabra represalia, bienvenido al mundo real, donde los poetas, escritores, filósofos, músicos y pintores han sido aplastados por el caballo de Atila, la ignorancia cultivada desde el poder.”

“Leer proporciona ideas, las ideas cambian el mundo”.

Àngel Lluís tiene la capacidad de dibujar a su personaje dibujándose a su vez a sí mismo.

“Los que partimos sin fe luchamos en inferioridad, ésa es otra injusticia. La razón no puede derrotar a la fe, pero la fe derrota día tras día a la razón. No encuentro a Dios, no me preocupa, si existe me encontrará a mí. Nos vemos pronto, colega, si estás ahí.”

“Sigo las señales que me aparecen, entre éstas probablemente no advierto muchas otras que también están allí. No sé quién me las manda ni por qué, si realmente las envían o las creo yo. Miro la representación petrificada de un santo, su dedo señala hacia la puerta. ¿Me está diciendo a mí que debo salir por esa puerta? ¿Le está diciendo a cualquier otro que debe salir ahora de la Catedral? Signos universales o indicaciones individuales. ¿Son realmente señales? ¿Soy realmente un individuo? O únicamente el sueño de unos Dioses caprichosos”.

“Vaya puta manía que tengo de escribir poemas cuando debo despedirme”. Reconoce Pau. Y es que cada camino que acaba para Pau tiene sus propios versos.

Lo admirable de Àngel Lluís es que no deja de asombrarte a cada página, es capaz de mantener la tensión en todo momento. No en vano sabe guardarse el as en la manga y sacarlo cuando toca. No es mi intención desvelar las incógnitas de “Fresas y melocotones”, pero no puedo reprimir leer uno de los muchos párrafos sugerentes de la historia.

“Tres días después aparece en escena un tal Mohamed Atta, considerado el mando de los asesinos de Nueva York. Miro su cara, me es familiar. A las cuatro de la mañana me despierto recordando mi encuentro en Salou, es el tipo al que saqué de los raíles del tren. En mi mano había estado cambiar la historia de este planeta, si no lo hubiera encontrado no habría cometido esta masacre, el mundo continuaría existiendo, pero no como ahora. De la historia conocemos a los protagonistas, las estrellas, los recordados, sin darnos cuenta que nosotros mismos somos historia. Tú y yo somos la historia, hoy presente y mañana pasado”.

A veces, Pau, este personaje quijotesco, magnánimo, se detiene, duda y se pregunta:

“¿Y si todo no significa nada? Las señales que moldean nuestra vida pueden no tener ningún sentido, podemos ser nosotros que buscando una razón de ser a todo esto, las creamos para no desesperar y ver que realmente todo esto no es nada, el vacío. No somos ni estamos”.


Espero que con estas pinceladas de la prosa portentosa de Àngel Lluís Carrillo os podáis hacer una idea de lo magistral de su primera novela.


Si queréis leer el primer capítulo de la novela, encontraréis el link arriba a la derecha.
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