dimecres, 25 de juny de 2008

Ya no cierro los bares ni hago tantos excesos, cada vez son más tristes las canciones de amor.

Puede ser que esté creciendo, puede ser que sea responsable, puede ser que los bares cierren demasiado tarde, puede ser que mis amigos ya no pasan las noches en los antros oscuros de barras repletas de vasos con hielo, puede ser que la diversión haya cambiado de estación, puede ser que mis dos niñas me tiren más que todas las mujeres del mundo, puede ser que prefiera las copas nocturnas en la terraza de mi casa, puede ser que este madurando o puede ser que las resacas sean demasiado duras.


Ni yo bordo pañuelos,
ni tú rompes contratos,
ni yo mato por celos,
ni tú mueres por mí
y antes de que me quieras
como se quiere a un gato,
me largo con cualquiera
que se parezca a ti.

De par en par te abro
las puertas que me cierras,
me cuentan que el olvido
no te sienta tan mal,
la paz que has elegido
es peor que mi guerra,
lo que pudo haber sido
lo que nunca será...

Yo en cambio nunca supe
ir a favor del viento
que muerde las esquinas
de esta ciudad impía,
pobre aprendiz de brujo
que escupe al firmamento,
desde un hotel de lujo
con dos... con dos camas vacías.

Quién hará tu trabajo
debajo de mi falda,
la boca que era mía
de que boca será,
el roto de tu ombligo
ya no me da la espalda
cuando pierdo contigo
las ganas de ganar.

Como pago al contado
nunca me falta un beso,
siempre que me confieso
me doy la absolución,
ya no cierro los bares
ni hago tantos excesos,
cada vez son más tristes
las canciones de amor.

Yo en cambio nunca supe
ir a favor del viento
que muerde las esquinas
de esta ciudad impía,
pobre aprendiz de brujo
que escupe al firmamento
desde un hotel de lujo
con dos camas vacías.

[J. Sabina]
Aunque nunca me callo
guardo un par de secretos,
lo digo de hombre a hombre,
de mujer a mujer,
ni me caso con nadie
ni me pongo amuletos,
por no tener no tengo
ni edad de merecer.

[M. Jiménez]
Quién hará tu trabajo
debajo de mi falda,
la boca que era mía
de que boca será,
el roto de tu ombligo
ya no me da la espalda
cuando pierdo contigo
las ganas de ganar.

Maldita sea la tinta
que empapa mis papeles,
maldita la tercera
persona del plural,
las uñas que se clavan
ahí, donde más duele,
si se me corre el rimel
cuando me haces llorar.

Y como pago al contado
nunca me falta un beso,
siempre que me confieso
me doy la absolución,
ya no cierro los bares
ni hago tantos excesos
cada vez son más tristes
las canciones... las canciones de amor.


“Camas vacías” de Joaquín Sabina, en la versión de María Jiménez, que aparece en el disco: “Entre todas las mujeres. Tributo a Joaquín Sabina”.
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