dilluns, 31 d’octubre de 2011

Rugby vs Fútbol

El dinero corrompe a las personas, las empresas, los gobiernos..., y evidentemente el mundo del deporte, y para que eso no ocurra deberían colocar el deporte sobre el negocio, de momento el rugby lo está consiguiendo -sólo de momento, cada vez es más profesional y se aleja más de los orígenes-, pero el fútbol ya ha caído en el mundo del dinero.  Todo se justifica diciendo que es por sextercios, que si jugar a las 12, que si jugar mil partidos, que poner nombres de empresas a los estadios....

¿Rugby o Fúbol? Una cuestión de valores.
De Balón Oval

Ya de entrada les aviso, que voy con ganas de polemizar. Gracias a dios nunca he sabido lo que es darle una patada a un balón de “furbo”. Empecé a jugar al rugby allá por el año 1992 cuando en La Laguna había un entretenido seis facultades que bajo las grises tardes se disputaba.

Que el fútbol era un deporte de caballeros practicado por rufianes y, el rugby era un juego de villanos ejecutado por señores es una verdad como un templo. Vergüenza de la prensa española que ni caso le hace a un evento que es mundial.

En plena Copa del Mundo de Rugby que en Nueva Zelanda se disputa acudimos a un espectáculo impresionante. Selecciones que se enfrentan en un juego duro y físico; pero a la vez lleno de nobleza y tradición. Veo gradas repletas de señorío; donde las aficiones están mezcladas y las pintas de cerveza corren a raudales.

Igualito que el fútbol y sus alambradas.

Veo hombres como castillos que se levantan y no fingen más allá de una lesión seria; recordando a esas bailarinas del balón esférico y su vergonzoso teatro al menor de los roces. ¿Recuerdan a Ballesteros; aquel duro central del Tenerife ahora en el Levante? En cualquier equipo de rugby amateur sería un flojo.

Decía algún monje irlandés, que los niños debían de jugar al rugby para conocer el esfuerzo y el sufrimiento del trabajo en equipo; respetar la autoridad; crecer bajo la aceptación; valorar el silencio; y sobre todo, lo que cuesta ganar un metro en la vida y lo fácil que es perderlo por no saber callar.

En contraposición está ese deporte de divos engominados que es el fútbol; desgraciadamente plagado de muchos malcriados; donde el árbitro es un pelele insultado y zarandeado. Razón por la que les invito a ver la educación exquisita con la que un delantero de un equipo de rugby [que no pesa menos de cien kilos] se dirige al señor colegiado; siempre de usted; y con un respeto sepulcral por la autoridad.

En el rugby a veces se lía una buena; pero al menos no se finge. En el rugby no se busca engañar al árbitro; en el rugby el ganador hace un pasillo y agradece el esfuerzo del perdedor; en el rugby, el local está obligado a invitar a comer y beber al visitante; en el rugby no hay gritos al árbitro; en resumidas cuentas, un ejercicio centenario donde se ensalzan esos vocablos que hoy en día en desuso han caído: educación, esfuerzo, respeto, silencio, trabajo, dedicación, y sobre todo, mucha humildad.

Humildad con hache mayúscula, como los postes del rugby.

Rafa M. Abad

CR Universidad de la Laguna






Leer los comentarios del blog, muy interesantes.


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