dimarts, 28 de juliol de 2009

Gripe A, la opinión de un médico

Cuando se habla de economía prefiero las opiniones de un economista, como cuando leo historia prefiero los artículos escritos por historiadores, o filosofía narrada por filósofos, así que para hablar de la gripe A, que mejor que un médico. Esta entrevista la han publicado hoy en El Periódico de Catalunya, el entrevistado es Albert Salazar del Hospital de Bellvitge.

–¿Teme a la gripe A?
–No. No le tengo miedo. Mi experiencia me dice que cuando te alarmas anticipadamente por algo, después la realidad pone las cosas en su sitio y apenas quedan en nada. Yo creo que la gripe de este invierno será como todas. Cada año tenemos epidemias de gripe impresionantes.

–¿No le plantea incógnitas?
–Hay incógnitas, pero lo que estamos viendo es que los enfermos graves por esta gripe tenían otras patologías importantes, y que el índice de letalidad del nuevo virus es inferior al de los anteriores. La gripe estacional causa una mortalidad espectacular, pero no nos acordamos.

–¿Prepara de alguna forma al hospital ante la nueva gripe?
–Cada año lo preparamos. Todo está previsto. Como siempre, la epidemia de gripe invernal saturará al hospital, los servicios de urgencias trabajarán en condiciones extremas..., pero eso nos ha pasado todos los inviernos, y algunos –1999 y el 2001– de forma gravísima. Si hay sorpresas, las afrontaremos.

–¿Cómo?
–Tenemos suficientes camas para enfermos en situación crítica. Podemos afrontar una epidemia grave. Si ocurre, claro está, dejaremos de hacer intervenciones quirúrgicas programadas, y aumentarán las listas de espera de cirugía. Esto es así.

–Cambiarán a unos por otros.
–Eso es. La previsión consiste en poder activar cambios rápidamente. En saber cómo actuar en función de lo que vaya ocurriendo. El hospital tiene las camas que tiene, y siempre está ocupado en un 95% de su disponibilidad. A veces, en el 100%. Lo que no puedo hacer ahora es tener salas vacías a la espera de la gripe.

–¿Piensa que se está exagerando?
–No. Entiendo que un virus nuevo es una noticia. Lo que ocurre es que esto para mí es algo normal, cotidiano. Cuando vives un fenómeno de cerca siempre te parece que quien lo explica le da demasiada importancia.

–Demasiada importancia.
–Mi vecino es abogado y cada vez que lee esto de la gripe A me pregunta. Yo le digo que no pasa nada. Es más, creo que están pasando cosas mucho más graves: ¿cuántos casos de tuberculosis hay en Barcelona? ¿Cuantas infecciones de sida, gravísimas, están ocurriendo hoy mismo en esta ciudad? Es lógico que la Administración se ocupe de la gripe, porque si no sería una inconsciencia, pero todo en su justo término.

–¿Qué es más grave en su hospital?
–La situación de las listas de espera, en especial las de los enfermos de cáncer. Y ver cómo invierto los pocos dineros que tengo este año. La gripe A no me puede hacer perder el norte de mi obligación diaria. Si en diciembre hay una epidemia importante por este u otro virus, la afrontaremos. Hemos pasado muchas.

–¿Es muy complicado dirigir médicamente un hospital?
–Como cualquier organización de personas. Aquí trabajamos 800 médicos, 2.000 enfermeras y un millar de camilleros y administrativos. Es la mayor empresa de L’Hospitalet de Llobregat. Hoy, como todos los días, operaremos a 100 personas, y atenderán a otras 350 en urgencias.

–¿Cómo sabe la cifra de urgencias?
–La demanda urgente es previsible, mucho más de lo que se podría pensar. Yo fui coordinador de urgencias durante cinco años en este hospital, y sé cuántos enfermos vendrán el lunes, a cuántos deberemos ingresar el martes... El peor día es el lunes.

–¿Usted conoce todo lo que está ocurriendo en el hospital?
–Sé bastante. Mi actividad diaria consiste en dar respuesta a lo que el hospital necesitará en las 24 horas inmediatas: cuántas camas para enfermos críticos, cuántas para urgencias... He de asegurarme de que esos 100 enfermos programados para operarse tendrán cirujano, quirófano y cama. Y he de procurar que por la tarde queden camas libres para nuevos enfermos urgentes graves.

–¿También sabe cuántos serán?
–Unos 30. Si a las tres de la tarde no tengo esas 30 camas libres, sé que cuando mañana llegue al hospital habrá enfermos en camillas, en urgencias, pendientes de ingresar. Mi trabajo consiste en evitar eso.

–Usted monta cada día un puzle que horas después se desmonta.
–Algo así. Pero si tienes un modelo y todo está planificado, los imprevistos son mínimos. Yo no puedo prever un accidente, pero no dejaré a la improvisación algo que sé que ocurrirá: yo sé que hoy vendrán entre 340 y 360 personas a urgencias.

–¿Trabaja bajo mucha presión?
–Debería decir que sí, pero la verdad es que no tengo esa sensación. Estoy entrenado para actuar bajo presión. El trabajo más fuerte que he hecho en mi vida fueron los cinco años que dirigí el área de urgencias. Si has pasado por un destino que es lo peor del hospital, estás preparado para afrontar cualquier conflicto. Aunque recibo el peso de todo el hospital, no me siento presionado.
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