dimecres, 18 de novembre de 2009

Medicina preventiva, ¿razones para durar?

Os dejo el enlace a un artículo muy interesante del Centro Navarro de Salud –Osasunbidea-. Nos habla de la medicina preventiva que estamos usando hoy en día para prevenir enfermedades cardiovasculares y tratar la osteoporosis, critica la sobremedicación de los pacientes. ¿Estamos medicando demasiado a la población?

Demasiados intereses comerciales, mercantiles, políticos, humanos,... Todo converge en la salud de la población. Estos días lo estamos viendo con la Gripe A, creando una situación de pánico por una enfermedad LEVE en términos médicos, ya que la mortalidad es bajísima, es mucho más alta la de la gripe estacional –6000 personas al año, dos meses de epidemia, unos 100 muertos diarios, la gripe A no llega a las tres cifras-. Una revisión crítica sobre "verdades" que se creían inmutables y ahora no se ven tan ciertas.

Os dejo pegadas las conclusiones de este artículo del Centro Navarro de Salud.


Gran parte de la actividad clínica en la atención primaria de los últimos años tiene pretensión preventiva, en muchas ocasiones a través de la utilización de fármacos y tecnologías. A diferencia de las actividades curativas, las preventivas ofrecen poca posibilidad de feedback clínico y su eficacia ha de fiarse a los estudios bien realizados e interpretados. El clínico se ve inmerso en un mar de confusión cuando percibe que las recomendaciones que cree consistentes muestran su cara más vulnerable en cuanto se le presentan las evidencias desnudas.

La revisión realizada permite comprobar que una buena parte de las intervenciones farmacológicas preventivas recomendadas en la práctica clínica habitual carece de una justificación sólida desde el punto de vista de las evidencias. Esta circunstancia cobra mayor importancia cuando es sabido que cualquier intervención preventiva en personas sanas ha de cumplir tres condiciones básicas: que haya demostrado claramente su eficacia, que el tamaño del efecto la haga rentable clínica y socialmente, y haber mostrado un claro balance beneficio/riesgo.

Los últimos años han visto florecer un amplio debate, que ha alcanzado al público general, acerca
de la medicalización en las sociedades occidentales94,5. Se entiende por tal, tanto la utilización innecesaria, por ineficaz o perjudicial, de fármacos, como la ampliación del campo de la actuación
médica hacia terrenos que exceden a su competencia. Desde este punto de vista conviene señalar
que, aparte de lo que se viene conociendo como ‘enfermedades inventadas’, concepto que a veces
se solapa con la patologización de procesos vitales normales, existe un gran territorio susceptible a la medicalización en el corazón de la actividad clínica cotidiana y es precisamente el de la medicalización de las intervenciones farmacológicas preventivas cardiovasculares y antifractura.
La medicalización potencial de estas intervenciones, que afectan a grupos poblacionales amplios,
se ha sofisticado en los últimos años. Al clásico “criterios de intervención farmacológica” como
puerta de entrada de una potencial medicalización, se han añadido otros dos ámbitos, más sutiles
pero no menos eficaces: los “objetivos terapéuticos”, que obligan en muchas ocasiones a la
utilización de dosis altas y a la asociación de fármacos, y la “definición operativa” de lo que es enfermedad o factor de riesgo, que cobra especial relevancia en los instrumentos utilizados para definir o clasificar el “alto riesgo” .

El gran problema de fondo con el que se enfrenta el clínico actual a la hora de formar su juicio clínico es que le resulta difícil separar, en las evidencias y recomendaciones, lo que pertenece al necesario debate científico, de la madeja de intereses que rodean la medicina contemporánea,
inmersa en un contexto de mercado. Es por ello que, en este contexto, el clínico ha de desarrollar
una habilidad nueva, y es descontar el sesgo de mercado en las recomendaciones que se refieren
a los tres ámbitos más susceptibles para la introducción de prácticas de medicalización no justificadas: los objetivos terapéuticos, los criterios de intervención y la propia definición de enfermedad o factor de riesgo, utilizando una guía fundamental:la prudencia clínica.
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