dijous, 8 de gener de 2009

300

Os dejo la crítica que Carlos Boyero publicó de 300. Recomendable tanto la película como el comic, una gran edición, como han cambiado los TBOs desde nuestra infancia. La gente políticamente correcta no disfrutará de esta recreación de la batalla de las Termópilas, donde los buenos son los violentos y militarizados espartanos, ante los ejércitos Persas, tan orientales y tan buena gente, que llegaron a Atenas y prendieron fuego a todos los libros que encontraron. Un puñado de espartanos consiguieron que la cultura occidental no pereciera antes de nacer, eran duros y violentos, pero hace unos miles de años era la única manera de subsistir.


Frank Miller, autor de la poderosa, violenta y sombría estética del cómic Sin City, se apasionó por la historia del rey Leónidas y sus 300 mitológicos guerreros cuando vio de crío la película El león de Esparta. Consecuentemente ha rendido homenaje en su obra a su leyenda favorita, reviviendo en el cómic 300 la hazaña de esos héroes espartanos que sabiendo que la victoria era imposible debido a la brutal diferencia numérica con sus enemigos persas consiguieron diezmar al todopoderoso ejército del emperador Jerjes.


El director Zack Snyder, cuya película de terror Amanecer de los muertos, que yo no he visto, se ha convertido en un título de culto para los especialistas del género, frikies, modernos y otras tribus de la cinefilia, acaba de adaptar el venerado tebeo de Frank Miller en la vistosa y muy entretenida 300. Al final de la proyección se han mezclado algunos tibios aplausos con una mayoría de convencidos abucheos. Tengo dudas de si los segundos obedecen a algo al parecer tan intolerable como que en un festival con vocación de trascendencia aparezca una película que pretende ser espectacular, dinámica y épica, o bien a que la muy sentida apología que hace del honor, la guerra y la necesidad de morir defendiendo a la patria contra la tiranía supone un mensaje políticamente incorrecto para los bienintencionados profesionales de la ortodoxia.


En cualquier caso, yo me lo he pasado razonablemente bien con esta estética oda a los concienciados kamikazes, con esas impresionantes secuencias de batallas en las que el trabajo de ordenador creando escenarios que son virtuales pero que además de parecerte reales están perfectamente integrados en la acción, con el cuidado diseño de los monstruos, con ese afectado emperador Jerjes que parece un travesti gigantesco, con el ingenio y la temeridad de esos arrogantes soldados espartanos que se enfrentan al ogro inflexiblemente convencidos de su obligación de morir matando. No doy cabezadas en la butaca, sigo con interés lo que me están narrando en la pantalla, no me conmuevo especialmente con el sacrificio de este aguerrido ejército, pero tampoco me aburro. Todas estas cositas, aunque no alimenten al espíritu ni supongan el colmo de la fascinación, se agradecen profundamente en medio del atracón de cine vocacionalmente espeso y con permanentes afanes intelectuales.
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